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El impacto de las pantallas en niños y adolescentes

El uso excesivo de artefactos electrónicas puede tener importantes efectos negativos sobre la conducta, la salud y el rendimiento escolar de los chicos. Hoy te contamos sobre el impacto que generan las pantallas en niños y adolescentes y que podemos hacer para evitarlo.

Psicopedagoga Paola Ochoa (@psicopedagogia.apz)

Psicopedagoga Celeste Siebert (@ambitosalud)

Las pantallas se han convertido durante este aislamiento en una herramienta muy efectiva para para sostener tareas escolares, vínculo con abuelos, familiares y amigos, o realizar otras actividades, incluso de esparcimiento. Con su uso se flexibilizaron muchos temores y reglas respecto al consumo de medios digitales por parte de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, el extremo tampoco es bueno y su abuso deja huella en ellos. Hoy la preocupación es la exposición prolongada a las pantallas, la cantidad de tiempo en la que los niños y adolescentes pasan frente a los televisores, computadoras, teléfonos inteligentes, tabletas digitales y videojuegos.

Una nueva realidad

Las pantallas no secan lágrimas, no abrazan, no dan de amamantar, no escuchan, no invitan a crear, no leen cuentos, no miran, no sostienen y no cuidan.

Hoy, nos encontramos frente a una conmoción mundial, una realidad que nos golpea a todos y en donde no podemos ser indiferentes. La pandemia mundial nos ha empujado a la fuerza, nos está haciendo vivir un momento histórico, en un mundo globalizado y conectado.

Esta nueva realidad, nos impone reflexionar acerca del desafío que debemos afrontar en medio de esta complejidad como circunstancia emergente, de cara a la construcción de un futuro a través de una pantalla.

Es evidente que el gran impacto de las tecnologías nos viene interpelando desde ya hace un tiempo, incluso desde antes de la pandemia, pero hoy, la circunstancia nos invita nuevamente a repensar una y otra vez qué está pasando con este lugar que ocupan las pantallas dentro de cada uno de nuestros hogares.

Si antes de que esta situación aconteciera (COVID-19), no se imponía un límite respecto al gran consumo de ellas, ¿cómo lo hacemos ahora? ¿Quién no ha presenciado alguna situación que nos pone frente al llanto de un niño/a, en el hogar de algún familiar o amigo? Es ‘común’ ver las estrategias a veces implementadas por los padres, en donde a cambio del silencio y quietud negocian unos largos minutos de videos de internet o juegos cibernéticos. Sin mencionar la naturaleza sedentaria de la mayoría de las actividades electrónicas que puede causar el aumento de peso, desencadenando otros problemas de salud.

El rol de los adultos frente a las pantallas

Muchas veces, en ocasiones, estos mismos papás son quienes manifiestan: “No hay forma de poder hacer que se siente a hacer las tareas”, “No se responsabiliza, tenemos que estar todo el día atrás de él/ella”, “Todo le resulta aburrido”, etc., etc., etc.

De esta manera, difícilmente, como adultos, lograremos encontrar niños y adolescentes que se entusiasmen con las propuestas escolares. El trabajo escolar puede verse afectado cuando el tiempo dedicado al entretenimiento interfiere con la lectura y el estudio.

Cuando sacamos el cuaderno de la mochila, abrimos la cartuchera y leemos lo que les toca realizar, no tienen en ningún lado el famoso “Click” o “Touch” que utilizan para cambiar de juegos o videos cuando se aburren o no les gusta. Y acá entra en jaque el famoso “querer terminar YA” o que, si no les gusta querer cerrar “la pestaña/ventana”, en términos de internet; pero, la realidad es que eso no se puede y ese momento se puede tornar caótico para las familias.

El deseo de muchos niños y adolescentes, hoy, está puesto en las pantallas, en poder ganar batallas online, descubrir impostores en juegos, seguir los pasos correctos para lograr ser aquel influencers tan famoso con tantos atributos, sociabilizar en redes o batir récords matando a diferentes personajes. Las pantallas coartan su imaginación y su capacidad de juego, además de limitar su tiempo libre.

No decimos que eso esté mal, no ponemos en juicio si el juego o el video es bueno o malo, a lo que queremos tratar de llegar, es que el tiempo del niño y adolescente, frente a las pantallas es de por demás excesivo, y el resultado conlleva, a que, en el momento de sentarse a realizar propuestas que nada tienen que ver con lo que el mundo de internet propone, no les gusta, pegan portazos, lloran y hasta a veces patalean. Estas conductas, no son culpa de esos niños o adolescentes, sino de nosotros como adultos, que le estamos fallando día a día, debemos comenzar a responsabilizarnos y ser los adultos que ellos y ellas necesitan.

¡No se asusten! Para esto, no hay recetas, ni protocolos, ni manuales que nos digan qué hacer y cómo hacerlo, pero, debemos estar dispuestos a brindarles aquello que las pantallas no pueden.

La tecnología es un mal sustituto de la interacción personal. En primer lugar, construyamos la subjetividad de ellos, enseñemos a hablar, a jugar con otros, compartir juguetes, a quedarse y aceptar propuestas que nada tienen que ver con pantallas. Mostrémosles que la vida es atractiva fuera de la pantalla.

Brindemos un lugar en donde se pueda hablar, escuchar, leer cuentos, crear, abrazar, imaginar, llorar, sostener y por sobre todas las cosas cuidar. En fin, ofrecer a los niños y adolescentes la posibilidad de que disfruten de esas etapas de forma real y no virtual.