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Alejandra Canale, la primera mujer jefa de una agencia del INTA en Córdoba

Es agrónoma y conduce el organismo técnico desde 2016, después de haber estado en las oficinas de Laboulaye. Dice que al principio el Instituto le puso resistencias, pero finalmente logró escalar posiciones. Admite de que en el sur provincial la campaña agrícola es compleja.

Comenzó su carrera en Laboulaye, disfruta del asesoramiento a productores y trabaja intensamente en promover la agricultura familiar. Además, deja un análisis del panorama agropecuario actual.

De un colegio de mujeres paso a la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto, se recibió de ingeniera en 2001 pensando que se iba a dedicar al trabajo extensivo, sin embargo encontró un apasionante mundo en el asesoramiento. “Mi familia siempre estuvo relacionada con el campo, mi papá toda la vida vendió implementos agrícolas, tenemos campo, siempre me gusto la actividad”.

Alejandra trabaja desde el tercer año de su carrera. Su primera experiencia importante la vincula con la ciudad de Laboulaye, en empresas donde se dedicó a realizar control de siembra, control de plagas y control de cosechas. “Paralelamente comencé a trabajar en el municipio del Laboulaye con un proceso de huerta, teníamos 80 huertas de familias en situación vulnerable. Ahí me empecé a vincular con el INTA de esa ciudad, también comencé a asesorar en campos de medianos productores. En 2005 concursé dentro de ProHuerta para entrar en el INTA y es desde ese año que estoy en el Instituto”.

¿Cómo fue tu experiencia laboral siendo mujer?

En Córdoba soy la primera mujer jefa de agencia, primero por la de Laboulaye (2008). Hasta ese entonces no existían mujeres en ese cargo, y luego en 2016 me trasladan a Río Cuarto. Actualmente estoy coordinando una plataforma de innovación territorial que involucra a otras cuatro agencias también. Como mujer tuve mucha suerte, creo que es una cuestión de actitud y perseverancia. Cuando cursaba tercer año quedé embarazada, o sea que terminé mi carrera con mi hija de cuatro años recibiendo el título. Después tengo dos hijos más que se criaron arriba de la camioneta y nunca sentí desventaja por ser mujer. Me ha tocado estar en controles de cosechas, donde dormía en una casilla al lado de contratistas y nunca tuve problemas.

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¿Y al ingresar al INTA?

Dentro de INTA sentí que a veces no tenía las mismas oportunidades. Hoy la situación es totalmente diferente, creo que insistiendo, haciendo propuestas y buscando soluciones donde había un problema se fueron abriendo puertas y pude aspirar a cargos que me significaron mucho.

¿Cómo ves la situación del país?

La situación actual creo que a nivel general el sector está atravesando una crisis no solo económica, sino del propio sistema. Los sistemas agropecuarios están en crisis porque los insumos están muy caros y la relación entre costo - beneficio está provocando una crisis muy importante. Esto se suma a otra crisis que es la ambiental, hay una degradación de los recursos productivos muy significativa del suelo, del agua, del aire. Estamos justo en un cambio que yo lo veo positivo, a pesar de esta degradación, porque veo que podemos hacer un verdadero cambio, porque podemos empezar a ver algo que a mí me encanta de la agricultura familiar que es la diversificación productiva. Creo que Argentina va en ese camino, a producir en forma agroecológica, pienso que esa es la línea hacia la que vamos a apuntar de acá a unos años. Es algo que se viene consolidando mucho. Tenemos que amigarnos más con el ambiente. Al mismo tiempo considero que es momento de destacar el trabajo de muchas mujeres que no son visibilizadas y que llevan adelante producciones intensivas o extensivas con mucha polenta, es algo a destacar, otros años no lo podíamos ver.

Una campaña difícil

¿Cómo esta Córdoba en materia agropecuaria?

La provincia está transitando una campaña muy complicada, factores climáticos como sequía, heladas tardías, vientos intensos sumados a escasos manejos del hombre, que han provocado serios problemas de incendios y erosión de suelo, posiciona el comienzo de la campaña 2020/2021 ante un gran desafío para el sector. La falta de precipitaciones es muy importante porque llevamos 100 milímetros menos que al inicio de la campaña 2019/2020. Por otra parte, los cultivos invernales como trigo han resentido su rendimiento, con pérdidas que van desde el 50 al 100% de los lotes, como consecuencia del efecto de sequía sumado a importantes heladas tardías de fines de agosto y septiembre. Y por último, en cuanto a maíces de primera, la siembra se realizó en muy pocos lotes que tenían humedad en los primeros centímetros del perfil, colocando la semilla en profundidad, y en su mayoría lotes que cuentan con aporte de napas. Por lo tanto, los productores han decidido ir a siembras tardías para este cultivo y realizar una mayor superficie con soja. En tanto que los sistemas mixtos o ganaderos han agotado las reservas forrajeras, no hay rebrote de los verdeos de invierno destinado a pastoreo ni tampoco de las pasturas. El sudeste provincial fue beneficiado por algunas precipitaciones que han permitido el desarrollo de siembras agrícolas y un mejor panorama de oferta forrajera.

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