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El ídolo "gigante" de Alem

El "Lungo" Abate Daga confesó: "Alem es mi vida. A los 10 años el 'Mila' Gatti me invitó a entrenar y nunca más me fui. Vivía en el club. Me enseñaron mucho Buffarini y Guardatti. El 'Chueco' Alonso me hizo debutar y jugué 20 años"

Héctor Abate Daga mide 1,90 metros y tiene mil historias en Alem, en el que todos lo identifican como el “Lungo”.

Nadie sabe bien quién es la gloria más grande de un club con una historia gigantesca como la del León de Villa Nueva, pero todos identifican a ese tipo noble, leal, con 20 años como futbolista, que entregó todo por la tricolor como el más enorme de sus ídolos.

Al menos, ese “obelisco de Villa Nueva” al que todos respetan y adoran no tiene contra. “La gente de Alem es difícil, como todo club grande, pero jamás escuché que me insultaran o que me cuestionaran por un error. Siempre me amó esa hinchada que es diferente a todas y que tiene un sentimiento único por nuestro club”.

Explicó: “Alem es mi vida. Es mi casa, donde nací futbolísticamente. Si bien jugué en otros clubes torneos provinciales en Colón, San Lorenzo de Las Perdices, Ricardo Gutiérrez, donde me trataron muy bien, mi identificación con Alem es total. Yo hace tiempo que voy sólo como hincha a la cancha, pero esos colores por siempre marcaron mi corazón y la gente me hace saber todos los días que me ama. Hasta los pibes de nuevas generaciones me saludan y me preguntan si yo soy el ‘Lungo’ Abate Daga”.

Insistió en el Día del Aniversario de Villa Nueva: “Llegué a los 3 años y no tengo otro recuerdo que no sea de Villa Nueva. Nací cerca de Mar del Plata, pero casi nadie lo sabe, porque me crié con todas nuestras costumbres e idiosincrasia villanovense. Una generación dorada de Alem me llevó al club a los 10 años, yo formé parte de otra y tuve la suerte de dirigir a otra 10 años después. Alem es un grande”.

Recordó: “Me invitó a jugar el ‘Mila’ Gatti, que vendía helados y me vio en el campito. En inferiores me formé con Pablo Buffarini, ‘Bambino’ Guardatti, don Ventura y tantos dirigentes e ídolos como ‘Chopo’ Morales”.

Su actualidad lo encuentra ayudando a su hijo menor, Rodrigo, en la Cooperativa de Vivienda de Parque Norte. “Trabajo en la terminación de casas. Estoy jubilado, pero es lo que hice toda mi vida”.

Una pasión inigualable

El fútbol marcó cada paso en su vida. No se fue a Belgrano por esas raras circunstancias del fútbol, pero en Alem forjó una historia incomparable que “se inició”.

Indicó: “Mi actual señora, Griselda, es mamá de Rodrigo, que vive conmigo. Mis hijos mayores son Daniel, que ustedes lo conocen porque jugó en Alem y es amado por los hinchas de Colón, y Silvana. Ahora voy a ver a mis nietos a jugar al fútbol. Tengo 5 nietos: Ignacio, Mateo y Delfina, que son hijos de Daniel, y Ramiro y Lucille, hijos de Silvana”.

Destacó: “En 1993 dirigí por última vez a Alem. Se había alejado Marcelo Alamo y me llamaron dos amigos. Yo conocía al plantel y me animé. Fuimos campeones con un muy buen grupo de jugadores que habían jugado conmigo y otros que hicieron historia después, con el paso de los años. Jugaban Christian Romero, Dequino, Cejas, Munch, Medina, Santi, ‘Chopito’ Morales, Fajardo y Ruiz, entre otros. Alem llenó la cancha en las tres finales ante River Plate, al que vencimos por penales”.

Abate Daga aseguró: “La hinchada de Alem es la más seguidora y multitudinaria. Cuando jugaba, contra Alumni no había cancha que no explotara en los clásicos”.

Señaló: “Llevábamos 4 mil personas a las canchas y tengo fotos con varias hileras humanas viendo los partidos. Ustedes se acuerdan, pero los pibes ahora no lo pueden creer. Explotaban nuestras canchas. Hoy va esa cantidad de gente sólo a las finales”.

Resaltó: “Alem tiene algo especial. Me emociona ver el amor de los jugadores y del hincha por el club. Por eso digo que Alem tendría que partir de una base mínima de 2 mil socios, terminar de agregar tribunas en la cancha y lanzarse a otro plano, porque Villa Nueva es toda de Alem, y no le costará jugar a nivel nacional. Esa es nuestra deuda pendiente”.

La vida por el club

El “Lungo” afirmó: “Me puse la camiseta de Colón porque me invitó ‘Gallego’ Martínez y la de San Lorenzo porque me llevó a un Provincial ‘Cacho’ Fiandino y las defendí igual que a la de Alem. En La Palestina jugué con Novaretti y Cativelli y saben que no me guardé nada nunca en una cancha”.

“Desde que el heladero ‘Mila’ Gatti me llamó aquella tarde y me dijo que me esperaba en el club, nunca más me fui de Alem. En los 20 años de fútbol hice tantos amigos y compartí con tantos buenos jugadores que no tengo palabras para agradecerle a ‘Mila’. Yo vivía en la misma cuadra que ‘Pipío’ Martínez, Jorge Gianandrea vivía 4 casas más allá; el ‘Beto’ Schibli, a una cuadra; el ‘Negro’ Kapustensky, a dos cuadras y en el medio había un campito. Allí jugábamos siempre. Éramos vecinos y amigos”, recordó.

A continuación describió: “Me colaba saltando la tapia de la cancha cuando estaba en calle Comercio. A los 10 años empecé a ir por el ‘Mila’ e hice de todo. Alcanzaba pelotas y arranqué las inferiores”.

Señaló: “Me formaron Buffarini, Guardatti, Agustín Esparza padre. Yo vivía en el club y los viejos dirigentes me contaban las historias de los viejos jugadores, mientras jugábamos a la villa”.

Destacó: “Los jugadores vivíamos en los clubes. Recuerdo que en los clásicos nos matábamos con los de Alumni en la cancha, pero a la noche nos encontrábamos con ‘Cabezón’ Roach, José Vilella, ‘Tula’ Bertino, y yo iba con ‘Pipío’ Martínez o ‘Cacho’ Moreno y nos íbamos a comer juntos. Era divino eso”.

Abate Daga contó: “Una vez me invitaron a comer al Club Alumni y les dije que me iban a matar. Al contrario, estaban Daniel Esper, ‘Moro’ Hidalgo y yo me preguntaba si estaba soñando. Eso es lo que te dejaba el fútbol. En la cancha nos matábamos, éramos adversarios, pero no enemigos. Todos dábamos todo por nuestro club”.

Resaltó: “Yo jugué al fútbol hasta los 65 años, cuando me tuve que hacer operar. Me cansé de jugar en la Afuco con los muchachos de otros clubes. Con los de Colón, como Navarro, Giraudo, los Martina, Esquivel, salimos campeones en Carlos Paz y fuimos a Paraguay y Chile. Integré un equipo con 7 jugadores de Alumni. Otros grandes amigos son ‘Tatalo’ Giovanardi, ‘Guly’ Barengo y Daniel Bachanini, de River Plate. Anécdotas sobran en cada asado. Es lo mejor”.

Las estrellas están en la Liga

Luego enumeró grandes jugadores con los que compartió equipo o enfrentó. “Fue una época dorada aquella del 70 cuando empecé a jugar en Primera. Y hasta el 89 los enfrenté a todos. Podrían jugar casi todos hoy, pero también hoy hay jugadores como Claudio ‘Lanita’ Díaz y Ayrton Páez, que podrían jugar. Ese arquero Simón Mellano es muy completo y me gustaban Pablo Piccotti y José Navarro. Pero en nuestra época hubo más cantidad de jugadores de calidad”.

Insistió: “El fútbol cambió porque antes se jugaba en 80 metros y ahora en 40. La presión es cada vez más intensa y hay menos lugar para pensar. Pero no es la velocidad, porque jugadores veloces y pressing hubo siempre”.

Aclaró: “En Alumni cambió el fútbol local Hernán Ríos. Fue un revolucionario que empezó a entrenar todos los días de la semana con varios dobles y hasta triples turnos. Ganaron el tricampeonato en 77, 78 y 79. Alem con Mario Requena modificó su forma de entrenar y terminó ganando los títulos en 1980 y 1981. Era gente adelantada, pero el trabajo físico existió siempre y veloces también hubo siempre”.

Recordó: “En el 78 le ganamos 3-0, pero en la final nos ganaron con un centro de ‘Sapo’ Arce que se metió al ángulo. Jugaba Montoya, Gasparini, Atilio Molina. El Colón campeón del ‘82 es la base del que gana con Ramón Conti el tetracampeonato. Un equipazo”.

Dijo: “El mejor equipo que integré fue el de 1977 en un Regional. No nos ganó Estudiantes, nos eliminó con el árbitro en dos partidos que empatamos. Ellos tenían a Madurga y Romero de Boca, uruguayos, Mansilla, Carranza. Perdieron con Desamparados el pasaje. En Alem jugaban Chiampo o Moreno; Mazzini, yo, Bacalar (ex-Juniors) y Saire; Carlos Vaca, Hugo Vaca y Miguel Ludueña; ‘Vasco’ Arzaud, Walter Ponce (ex-Racing) y ‘Beto’ Schibli. Con ese equipo podríamos jugar la B Nacional”.

“La deuda pendiente de Alem es jugar un torneo superior. En los 80 le erraron cuando trajeron a Rivadero, Bocanelli y cuando se acabó la plata nos fueron a buscar a los de Alem, que no quisimos jugar. Ya me había pasado cuando me fajé con 3 cordobeses que dijeron que Alem era un clubcito. Para jugar en Alem tenés que ser respetuoso, humilde y dejar la vida por el club”, recalcó.

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