El año 2025 dejó un panorama claramente heterogéneo en materia de precios agropecuarios, aunque con mayoría de luces rojas.
Solo la ganadería bovina logró sostener y mejorar su posición relativa, mientras que granos, lechería y producción porcina enfrentaron combinaciones menos favorables de precios, costos y condiciones de mercado, según detalló en su último informe para el Ieral de la Fundación Mediterránea, el economista Franco Artusso.
Detrás de estos resultados operaron, con distinta intensidad según el producto, un conjunto de variables comunes: el clima —particularmente relevante para los granos—, un escenario internacional que no aportó un sostén generalizado de precios, la evolución del tipo de cambio real y su impacto sobre el poder de compra del dólar en el mercado interno, la dinámica de la demanda doméstica y el marco impositivo, especialmente los derechos de exportación.
“Hacia adelante, la consolidación de reglas de juego más previsibles y la evolución de estas variables macro y sectoriales serán determinantes para definir si las señales observadas en algunos complejos pueden traducirse en una mejora más sostenida y generalizada del desempeño del agro”, explicó el especialista.
Por sectores
En ese marco, la ganadería bovina fue el sector con mejor desempeño en materia de precios durante 2025. Los valores de la hacienda lograron superar la inflación, tanto en animales con destino a faena como en categorías de invernada, y se ubicaron claramente por encima de sus promedios históricos. Este resultado respondió a una combinación de factores: un contexto internacional favorable, una oferta interna relativamente ajustada y un cambio en el clima de expectativas derivado de la reversión de políticas intervencionistas que habían caracterizado a la actividad en décadas previas.
“Hacia adelante, el principal desafío del sector no radica tanto en la evolución inmediata de los precios, sino en la capacidad de transformar este escenario favorable en un proceso sostenido de inversión, recomposición del stock y aumento de la producción”, detalló Artusso.
Para ello, será clave consolidar un marco regulatorio estable, avanzar de manera definitiva en la eliminación de los derechos de exportación, desarrollar instrumentos financieros compatibles con los largos ciclos biológicos de la actividad y profundizar la inserción externa en mercados o nichos de alto valor. “Sin estos elementos, el riesgo es que la mejora de precios observada en 2025 quede limitada a una corrección transitoria y no derive en un cambio estructural en el desempeño de la ganadería”, acotó el economista.
Por su parte, la producción granaria atravesó un 2025 con precios débiles en perspectiva histórica, a pesar de cierta recuperación hacia el cierre del año en el caso de soja y maíz. En promedio anual, los principales granos se ubicaron por debajo de sus referencias de largo plazo tanto en pesos como en dólares constantes, reflejando un contexto internacional poco favorable y una macro local que limitó el poder de compra del dólar en el mercado interno. “En este contexto, las mejoras parciales en el esquema de derechos de exportación no alcanzaron para compensar plenamente la combinación de precios internacionales moderados y tipo de cambio real apreciado”, remarcó Artusso.
Para el economista, hacia adelante, la evolución de la actividad agrícola estará determinada por la interacción de tres factores centrales. En primer lugar, el clima volverá a jugar un rol decisivo en términos de superficies implantadas, cosechadas, rindes medios y calidad de los granos producidos. En segundo lugar, el escenario internacional, que lamentablemente continúa mostrando señales de abundante oferta, lo que reduce la probabilidad de una recuperación significativa de precios externos en el corto plazo. Finalmente, en el plano local, la consolidación de reducciones permanentes en los derechos de exportación —especialmente en soja—, la estabilización del tipo de cambio real y la mayor apertura de la economía (que redunde en bajas de precios de equipos e insumos) aparecen como condiciones necesarias para mejorar la tasa de rentabilidad del productor. “Sin avances claros en estos frentes, incluso campañas productivamente buenas podrían no traducirse en resultados económicos favorables”, señaló el economista del Ieral.
Los tambos
En tanto, la lechería mostró en 2025 una recuperación significativa en términos productivos, con un crecimiento marcado del volumen de leche cruda respecto del año anterior. Sin embargo, esta mejora en la oferta repercutió negativamente en los precios al productor, que cayeron en términos reales y se ubicaron por debajo de sus promedios históricos, afectando la rentabilidad de la actividad.
“Hacia adelante, la sostenibilidad del sector dependerá de la recomposición del precio real al productor y de una relación más equilibrada entre ingresos y costos, particularmente los asociados a la alimentación del rodeo. El cambio hacia una economía con menos regulaciones y menos impuestos constituyen señales positivas para la actividad, pero por sí solas resultan insuficientes si no vienen acompañadas por mejoras en la transmisión de precios a lo largo de la cadena, por un contexto macroeconómico que permita recuperar el poder de compra del ingreso lechero y por esfuerzos colectivos e individuales para seguir creciendo en exportaciones y nuevos mercados”, alertó el economista.
Por último, en el sector porcino, el Ieral publicó la semana pasada un informe que analiza en detalle la situación de las granjas intensivas y que fue publicado en este suplemento. Allí se remarcó que la rentabilidad mostró un primer semestre muy sólido, con márgenes por encima del promedio de la última década, pero se desplomó en la segunda mitad del año, alcanzando mínimos históricos en los últimos meses.´
De allí que Artusso remaque que “de cara a 2026, la evolución del sector estará condicionada principalmente por el comportamiento de la demanda interna y por la relación entre precios del capón y costos de alimentación. A diferencia de otros complejos, la producción porcina presenta una menor exposición directa a los precios internacionales y una mayor sensibilidad al poder adquisitivo del mercado doméstico. En este contexto, sin un mercado interno en franca expansión o sin una cierta moderación en la tasa de expansión de la oferta interna (producción + importaciones), el sector podría continuar enfrentando precios bajos y rentabilidad acotada, aun cuando se mantenga un marco macroeconómico más ordenado y previsible”, advirtió por último el especialista.

