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"Pongo todo para que entrenamiento y nivel no decaigan"

El campeón sudamericano superwélter contó cómo lleva la cuarentena. "Por ahí uno se empieza a sentir incómodo", expresó

Cuando se resolvió el aislamiento social obligatorio por la pandemia del coronavirus Adrián “Junior” Sasso estaba a horas de una pelea muy importante en su carrera. El boxeador riocuartense debía defender por segunda vez el título de campeón sudamericano de los superwélter en Central Argentino ante el bonaerense Juan Pablo Lucero.

El campeón sigue entrenando para no perder su nivel y estar de la mejor manera para cuando esta situación se normalice. “Lo más importante es mantenerse y por eso sigo entrenando fuerte, duro”.

- ¿Cómo estás pasando la cuarentena?

- Por un lado muy bien, por otro no. Al principio lo entendí y seguimos todo al pie de la letra. Después de dos meses se hacía difícil aguantar. Ahora uno se pone impaciente y la cabeza juega en contra. Uno se empieza a sentir incómodo. Pero, como siempre, tratamos de poner buena cara, haciendo las cosas como deben ser para que todo vuelva a la normalidad. El objetivo que todos buscamos en el deporte es competir lo más rápido posible.

- Más allá de la pelea que tenías programada, ¿en qué momento de tu carrera te encuentra? ¿Es un freno o te sirve?

- Primero, un bajón por no poder pelear habiendo estado tan cerca. El jueves se lanzó la cuarentena y para el sábado teníamos programada una gran pelea. Era defender el título sudamericano por segunda vez y, de lograrlo, iba a ser el único riocuartense en la historia que lo consiguió. (Víctor) Robledo lo pudo defender una vez. Era un gran desafío para el equipo. Si bien fue un freno, también le vemos el lado positivo. Las peleas no sólo se ganan en el ring. Con todo mi equipo hicimos un gran trabajo abajo. Con mi doctor deportólogo (Jorge Martini), mi psicólogo (Cristian Olguín), mis preparadores físicos (Franco Díaz y Misael Lichieri) y mi entrenador Marcelo Sasso hicimos un trabajo muy lindo. Fueron nueve o diez semanas de entrenamientos muy ajustados, con altos y bajos. Le sacamos el lado positivo, que fue llegar al cien. Esa también fue una pelea ganada. El equipo quedó muy conforme, muy feliz por los entrenamientos y los resultados conseguidos. Igual fue un freno muy duro no poder combatir.

- ¿Cómo te las arreglás para entrenar?

- Para entrenar es complicado. Pero, gracias a Dios, soy un loco, un enfermo y compro cosas. Tengo mi bolsa colgada, mi soga, mis pesitas, escaleritas, conitos y las cosas que mi viejo me dio del gimnasio. Deportes Río Cuarto, Agustín (Calleri), Martín (Herrera) y mis preparadores físicos me están apoyando en este momento tan duro. Me prestaron barras y discos para seguir trabajando a través de la tecnología. Gracias a Dios, en este momento es cuando más pienso y saco mi profesionalismo de adentro. Le pongo toda la onda aunque esté solo en casa. Intento ponerle el cien para que no decaiga el tema de los entrenamientos y que no caiga mi nivel.

Lo más importante de esto es mantenerse. Esa es la mentalidad que uno debe tener. Seguir entrenando fuerte, duro. Poder mantenerse es lo más duro.

- ¿Qué objetivos tenías para este año?

- Este año tenía una pelea muy importante, que era la defensa. Después habíamos hablado con Mario Arano, que iba a ser una de las mejores del año. No sólo para mí, sino para el mundo del boxeo en Argentina. Era la gran meta para dar el salto. Poder hacer las cosas bien para soñar que puedo estar preparado para ir a los primeros niveles, a las grandes ligas. Buscar el extranjero, lo que todo boxeador sueña. Viajar a Estados Unidos, a Europa y mostrar su potencial. Ese es el sueño de cada boxeador, además de ser campeón del mundo. Teníamos ese objetivo. Superarnos no sólo en el gimnasio, sino arriba del ring para que cuando llegara el momento de partir lo hiciéramos de la mejor forma.

Todo esto hace que se retrase un poco. Soy una persona que sabe esperar, que piensa mucho. Me costó mucho lo que tengo, años. Si hay que esperar para conseguir una cosa más, acá estamos.

- ¿Con los chicos que estabas trabajando siguen en actividad, cómo se manejan?

- Gracias a Dios, puedo trabajar con mi escuela de boxeo, que es algo que me pone muy feliz. Mis alumnos son parte de lo que crecí no sólo como boxeador, sino como persona. Me enseñaron y me enseñan. Gracias a la tecnología nos manejamos con los entrenamientos. Lo intentamos hacer de manera común como lo hacíamos en nuestros horarios y días habituales cada vez que les daba las clases. Eso me pone feliz porque nos vemos todos los días, nos sentimos, que es importante.

Somos un grupo muy unido, que ellos convirtieron así, de grandes compañeros. Yo solamente pongo mi granito de arena para enseñar y el resto lo hacen ellos. Como grupo se ven muy unidos. Nos vemos las caras de lunes a jueves. A la hora de entrenar y moverse es diferente cuando uno te ve del otro lado, te corrige y te dice si hacés mal las cosas. Todo lo hacen ellos poniéndole las pilas, las buenas caras. Algunos no tienen trabajo, otros están cansados por su trabajo, pero llega la hora de entrenar y no lo dudan. Se prenden a la compu o al celular. Me demuestran su cariño y eso me da ganas de enseñarles.

José Luis Debernardi. Redacción Puntal

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