Regionales | Cabrera | General Cabrera | casa

Emilia, la abuela cabrerense que vivió dos pandemias

Ayer, esta vecina cumplió 100 años y recibió los saludos de la comunidad. En una entrevista comparó lo que ocurre con el Covid-19 con la peste bubónica de 1928.

Emilia Araudo de Maffini esperaba el día desde hace meses. El sábado 16 de enero de 2021 iba a cumplir 100 años y la edad con un número de 3 cifras se hizo realidad. La Municipalidad de General Cabrera le regaló un presente acompañado por una carta del intendente Marcos Carasso y la abuela, bajo estrictas medidas de seguridad, se animó a dar una entrevista a la radio de la ciudad, para compartir anécdotas y pasajes de su vida.

Con una lucidez que asombra y la experiencia que sólo la dan los años, recordó los momentos atravesados y dijo no haberse imaginado nunca vivir de esta manera, en modo pandemia. Comparó la actualidad con el año cuando hubo peste bubónica en General Cabrera, en 1928, que se cobró numerosas vidas. "Mi papá puso cal por todos lados y nos dijo que sólo nos manejáramos en la pieza, que no saliéramos a la calle y así hicimos", recordó Emilia.

Ayer, Emilia recibió saludos a la distancia. Ni las autoridades pudieron saludarla ni mucha gente pudo visitarla, por lo que el cumpleaños se mediatizó. Aún así, ella disfrutó de cada momento.

"Nací en 1921 según me dijo mi mamá”, aclara Emilia. Y agrega que era un día domingo a las 8 de la mañana. “Cuando nací pesé casi 4 kilos. En mi familia fuimos 4 hermanos, pero me quedé sola. Uno era Carlos Araudo, casado con una señora Carbone, mi hermana era casada con Ribotta, y el Mingo, que le decían el Fifa, murió hace cuatro años. Estaba casado con Berta. Así que me quedé sola”, cuenta demostrando la memoria prodigiosa que conserva.

“Nací en General Cabrera y me gustaría morirme acá. Mi familia paterna vivía en la calle Córdoba, en la casa que era de los Fiorito, a media cuadra de bulevar Fangio. A nuestro padre le fue mal cuando trabajaba con la máquina de cosechar y tuvo que hipotecar la casa, tuvo que venderla, y como nos íbamos a vivir a otro pueblo porque nos había ido mal, mi abuela nos compró cerca del Club Belgrano, y fuimos a vivir ahí cuando tenía 10 años y viví ahí hasta que me casé”, sigue su relato.

Emilia recuerda que cuando niña salían a la calle en verano y sólo había una luz en la esquina. “Con la sombra de esa luz, nos sacábamos fotos, decíamos nosotros cuando éramos chicos. Marcábamos nuestra sombra en la calle de tierra y luego al otro día íbamos a ver cómo habíamos marcado nuestra sombra en el piso. Cómo habíamos salido en la foto", agrega.

Inmediatamente comienza a mencionar a cada uno de los amigos de la infancia. Y recuerda que dejó la escuela en el tercer grado cuando su mamá la envió a aprender costura de “la modista Guardianelli, que ella era Castagnari”. Continuó: “Después Catalina Grillo me enseñó el corte. Y luego empecé a trabajar para afuera. Hice muchos trajes de novia y muchos trajes de comunión".

"Los vestidos de novia en aquella época eran blancos, pero yo me casé de celeste. Un vestido corto, me acuerdo. Hoy me da gracia, porque tenía novio y todavía jugaba en mi casa, con mi hermana, con las muñecas”.

Desde la ventana

En cuanto a su día a día, la abuela que vive en el sector céntrico de Cabrera contó: “Ahora duermo la siesta, antes cuando era más joven, no. Me levanto todos los días a la 7.30 y todos me dicen por qué tan temprano, y es que por el centro de Cabrera, la gente empieza a pasar. Y como el dormitorio está para el frente de la casa pienso que alguien va a venir y todavía yo durmiendo”, señala Emilia.

Su compañera de hogar es una gata. “Es la Michi y muchos me dicen la señora de la gatita. Es muy linda la Michi, no es porque sea mi gata, pero es como una persona. A la mañana si no me levanto, empieza a saltar arriba de la cama. Y a veces se arrima y duerme en la mía. Y por ahí me muerde, también, pero debe ser con cariño".

“Estoy muy bien. Gracias a Dios hasta ahora no tengo ninguna otra enfermedad o dolor. Yo estoy siempre agachada trabajando con las plantas en mi patio", comenta muy contenta. “No se me complica mucho subir las escaleras, tampoco uso bastón dentro de mi casa. Antes sí lo usaba cuando iba a algún lado, ahora no porque no salgo por el tema de la pandemia”.

Ya finalizando, Emilia se refiere a su edad y sostiene sin titubear: "Yo pienso que no son muchos 100 años. No me siento vieja, por ahí me agarran dolores de garganta y me escucho medio afónica, pero no le doy importancia".

La Municipalidad de la ciudad de General Cabrera le hizo llegar un presente mientras estaba en su entrevista y la Junta Municipal de Historia le regaló un rosario.

"Esta bien porque lo único que me queda es rezar", dijo bromeando la longeva vecina.