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Lamadrid, el barrio de casas y baldíos que se volvió patria de monoblocks

El presidente del centro vecinal, Carlo Rocco, habló del crecimiento exponencial que experimentó el sector en los últimos años y cómo pasó de ser la vieja “Villa Aurora” para convertirse en un sitio estratégico de la ciudad

Ya no es más el “patio de atrás” del microcentro ni aquel barrio de talleres mecánicos, calles de tierra y yuyales interminables. No. Quiénes hoy ingresen a barrio Lamadrid acaso nunca se enteren que dejaron atrás del “Down Town” villamariense. Porque sus monoblocks y complejos son una continuidad natural de las calles Tucumán y Mendoza, Corrientes y Entre Ríos, San Luis y Santiago del Estero. Sólo en algunos puntos específicos, como la “trastienda” del ex-Pasteur o ciertos tramos de calle Ituzaingó, Gervasio Posadas o Mulinetti, se podrá respirar el aire del barrio ancestral, aquel que medio siglo atrás aún se llamaba Villa Aurora. Pero esos refinamientos melancólico-olfativos quedarán para sus habitantes memoriosos. Aquellos que jugaron al fútbol en la vieja cancha de Alumni y luego se tomaron una Coca en el almacén de la “Lucri”, para los que noviaron bajo la luna de sus veredas desnudas o se perdieron en los pasajes del Hospital Pasteur cuando llovía de noche, como en los canales de una Venecia de autos oxidados flotando como góndolas muertas.

Breve charla con un sociólogo 

“Tengo 55 años y hace 50 que vivo en el barrio -comenta Carlo Rocco, presidente del Centro Vecinal del General Lamadrid desde 2016-. Nací en el Nicolás Avellaneda pero a los 5 años me trajeron acá y nunca más me fui”.

-¿Y cómo era el barrio por aquel entonces?

-En ese tiempo, para nosotros, seguía siendo Villa Aurora. Y así le dijeron durante mucho tiempo. Era porque la dueña de estos terrenos se llamaba Aurora, y estaba casada con el hombre que se los había comprado al mismísimo Pereyra y Domínguez... 

-¿Y cuándo le cambiaron el nombre?

-Fue por esos tiempos y a instancia del presidente del centro vecinal de entonces, un señor De Antón. En el ´69, además, había muchos baldíos. En mi manzana en calle Pasteur, por ejemplo, apenas si había 4 o 5 casas...

-Pero hoy el barrio se ha vuelto una continuidad del centro ¿no?

-Totalmente. En los últimos 15 años ha dejado de ser un barrio de casas y baldíos. Se han hecho un montón de complejos de departamentos y monoblocks. Además, antes eran todas las calles de tierra y ahora están todas pavimentadas con todos los servicios. No te voy a decir que no queden algunos baldíos. De hecho estamos peleando para que en verano se corten los yuyos. Queremos ver con el juez de Faltas que haya un poder de policía para ingresar con la bordeadora. Hay muchos dueños ausentistas que no limpian jamás...

Monobloks se alquilan

-¿Cómo repercutió la construcción de los monoblocks en el barrio?

-Han cambiado un montón la fisonomía y el funcionamiento. Por un lado ya no se ven tantos baldíos; pero las relaciones humanas se han modificado también.

-¿Cómo?

-En los complejos vive mucha gente de afuera, y por eso en el barrio ya no se habla tanto. Muchos no se conocen y falta ese “vis a vis” de otros tiempos. Hoy, cada vez hay menos vecinos en la vereda y las casas están más cerradas. Se ha ido perdiendo incluso la confianza en el otro. Antes la gente se reunía en la calle y en las fiestas ibas a saludar a todos los vecinos de la cuadra. Era el ceremonial, la liturgia. Supongo que eso no escapa a la realidad de otros barrios también....

-¿Tiene que ver con el tema de la seguridad?

-Un poco, pero no de manera definitiva. En el barrio no hay exactamente inseguridad. Ha habido, sí, rachas donde en un mismo mes entran a robar en varias casas, pero después, en mucho tiempo  sin que pase nada. Supongo que esto obedece a los nuevos modos de comunicarse en la ciudad. Como soy sociólogo, me interesa muchísimo estudiar esas nuevas relaciones entre seres humanos.

-Ya que hablamos de lo social, ¿cuáles son los puntos a trabajar en ese aspecto?

-Creo que en el barrio hay, todavía, mucha desigualdad social; gente que pide bolsones de alimentos y no tiene trabajo. También otros que sufren la exclusión. A esa gente hay que ayudarla urgente.

-¿Han implementado algo desde el centro vecinal?

-Quisiéramos tener más tiempo para trabajar como se merece. Pero tratamos de informarnos sobre la realidad de todos los vecinos. En invierno, por ejemplo, conseguimos una garrafa de emergencia por medio del Municipio a una vecina que le robaron. O gestionamos con dinero propio la compra de membrana para un hombre al que se le llovía la pieza. Sabemos que hay gente con carencias de servicios o de cloacas también. Son los menos pero los hay. Sobre todo detrás del ex Hospital y cerca de la ruta. En calle Santiago del Estero o Ituzaingó, hay vecinos que llevan una vida muy precaria... 

-¿Y la realidad de los jóvenes?

-Esa es la faja etárea con la que más queremos trabajar, y la más vulnerable. Necesitamos urgente un plan de actividades culturales y deportivas para ellos. Hemos trabajado mucho en revitalizar el centro vecinal y lo hicimos creando talleres de crochet, folclore, gimnasia y mosaiquismo.  Pero queremos acercar a los jóvenes también. Muchos se juntan en esta plaza de noche y no sabemos en qué andan. De hecho, queremos una mejor iluminación y lo estamos tramitando con Sebastián Panero, del Municipio, que siempre está muy atento a nuestras necesidades. También queremos implementar apoyo escolar para grandes y chicos este año sí o sí, con voluntarios del barrio y de la universidad.

-Ya que lo mencionás, ¿cómo están trabajando con la Municipalidad?

-Tenemos muy buena relación y la queremos mantener, sin por eso perder nuestra independencia. Hay que entender que el centro vecinal no es de ningún partido político puntual ni de ninguna gestión de turno. Es sólo de los vecinos. Partimos de eso. Acá respetamos todas las ideas políticas pero queremos que cada cual tire para el lado del barrio. Lo que es bueno para el panal es bueno para la abeja y lo que es bueno para el barrio es bueno para los vecinos. Hoy, el barrio tiene unos 5 mil habitantes y es uno de los más poblados de la ciudad. Y atender sus necesidades es, en cierto modo, dar respuestas a un buen porcentaje de ciudadanos.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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