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El gran conquistador de Colón

Francisco "Pachi" Martina manifestó que "me vinieron a buscar: San Pablo de Brasil, San Lorenzo, Independiente de Tandil, Estudiantes de Río Cuarto, y me escapé de la concentración de Instituto. Quería jugar en mi pueblo en Colón"

Francisco Martina es “El Pachi” en Arroyo Cabral y en el mundo del fútbol villamariense.

Ese flaco con físico privilegiado, que le permitió convertirse en un ser alado para los hinchas de Colón, que disfrutaron su correr elegante a la velocidad de la luz por las puntas, con depurada técnica y no exento de gol. Hoy sería un extremo que valdría millones.

En su época tampoco se encontraba tan fácilmente, por eso le llovieron ofertas, y siempre las rechazó, porque extrañaba a su pueblo. Allí era y es “El Pachi”.

Si bien se atrevió a lucir para los provinciales las casacas de Alumni, Alem, Argentino y hasta la de Rivadavia, a ese vikingo que eligió dejarse la barba para que los recios defensores de la época lo respetaran (de lo contrario se hubiese parecido a Brad Pitt), le tiró siempre Colón, y no lo cambió ni por el San Pablo de Brasil, ni por San Lorenzo, ni por Estudiantes de Río Cuarto, ni por Instituto, del que se escapó en una concentración previo a un clásico ante la Talleres.

“No me arrepiento, porque fui yo el que nunca quiso irse. Extrañaba mi familia, mi casa, mi pueblo, mi club. Apenas me animé a jugar un poquito en Rivadavia, donde me respetaron mucho y me hicieron sentir bien. Que el club rival me haya elegido como refuerzo para un Provincial o Regional fue un honor. No era fácil”, manifestó.

Explicó que “como refuerzo iba, pero después volvía a mi club de origen. Debuté en primera a los 14 años, y jugué hasta los 43”.

En esos casi 30 años de carrera, a los que se suman sus años en AFUCO, lució también la casaca de la Selección de la Liga. “Viví muchas cosas y puedo diferenciar épocas. Nosotros éramos más profesionales. Yo entrenaba siempre, me cuidaba para jugar”.

Reconoce que “hasta dos días antes de que me operaran de la columna, salí con la bicicleta como siempre rumbo a Villa María. Es una forma de estar bien, activo”.

Explica que “sin ánimo de ofender, antes si no jugaba bien, no podía jugar al fútbol. Hoy también hay buenos jugadores, pero es más fácil llegar a Primera, porque se llega corriendo y metiendo. Antes se apreciaba al que jugaba bien, al que tenía técnica. No es que no se corría como dicen, y se jugaba más fuerte porque los reglamentos y los árbitros no te protegían como ahora. Grandes jugadores no llegaron, o sólo jugaron 3 o 4 partidos”.

Aclaró que “Colón tenía jugadores como ‘Pecosa’ Esquivel, que eran muy difícil de reemplazar. Y había pibes como José Soppeno o Hugo Serda, que después fueron destacados jugadores. Pero era imposible jugar mejor que la ‘Peca’. Para mí Esquivel y Gasparini fueron los mejores 6 que he visto. Por buenos jugadores y amor propio”.

Destaca que “lo mismo ocurría con Carlos Navarro. Esos tipos te contagiaban. Yo sé que la gente privilegiaba a los jugadores técnicos como ‘Gatti’ Giraudo, que era un monstruo por su pegada inigualable con sus pies planos, pero en ese Colón los dos laterales eran Jorge e ‘Hilacha’ Fernández, que eran dos punteros más, y el ‘Hilacha’ era de goma”.

Un wing dispuesto a aprender

Martina señala que “tuve grandes DT que me enseñaron que en el fútbol son 11 los que recuperan y 11 los que juegan. El mejor fue el ‘Gallego’ Martínez, que nos enseñó y ubicó en la cancha desde chicos”.

Agregó que “Hernán Ríos, Iván Miranda y ‘Zurdo’ López me dirigieron en Alumni. Don Félix Lousteau fue mi DT en la Liga. Poco, pero tuve a un maestro como Mario Requena. Aprendía mucho porque enseñaban mucho”.

Aclaró que “en el famoso Provincial que jugamos la final con Estudiantes de Río IV, previamente en el campeonato de la Liga enfrentando a Alumni y a Alem. Martínez me hizo jugar de 6, porque era un plantel reducido. Acepté, porque si me ponían de arquero, yo también aceptaba”.

Sostuvo que “me tocó enfrentar a los dos grandes en un puesto que desconocido. Empezó el partido contra Alumni, y Jorge Bueno me hizo el gol antes del minuto, pero le ganamos 2-1. Con Alem empatamos 1-1. Jugaban Mazzini, Abate Daga, Schibli, y marqué a Etrat”.

Consideró que “ese fue el mejor Colón que integré, y no fue campeón con el ‘Gallego’ Martínez. A Estudiantes, en la final, lo respetamos en la Plaza porque venía de hacerle 10 goles a Alumni en dos partidos de las semifinales”.

Acotó que “perdimos 1-0 con gol de Argüello, que después vino a jugar a Alumni, y fui su compañero. En Río Cuarto ganábamos 3-0, pero pasaron cosas muy raras”.

Explicó que “Lucero era el 9 de Estudiantes, y el árbitro que nos había echado jugadores, en el último minuto no cobró cuando Lucero le bajó los pantalones a Chiampo, que no pudo agarrar la pelota, y otro la metió. Fue el 3-3”.

Añadió que “jugaba todo el equipo que ganaría torneos en la Liga, más Arzaúd y Cicarelli, dos cracks como refuerzos. Cuando terminó el partido, Osvaldo Wehbe me hizo una nota para Radio Río Cuarto, y me dijo que coincidía, que había sido un partido raro”.

Era un prócer desde chico

Francisco Martina era “el encargado de llevar la pelota de trapo a la escuela. Por eso me vivían expulsando, porque rompí varias mamparas y vidrios. No era un prócer, pero me ponían de castigo al lado del busto de San Martín”.

Sostiene que “el fútbol es mi amor eterno. En mi época había quinta, cuarta, cuarta especial, reserva y primera. Yo jugué en quinta, cuarta especial y pasé a la primera. Antes había tipos de 40 años que jugaban en reserva”.

Recuerda que “a los 14 debuté en Colón y ganamos el campeonato en la última fecha contra Yrigoyen de Schiavi, Coronda, Pelliza. Ese día le hice un gol al ‘Tarta’ Destéfanis, que después se acordó cuando fui de refuerzo a Alumni y era el AC de Iván Miranda. Ganamos 2-1, y salimos campeones de zona”.

Lo curioso es que “en la otra zona fue campeón Unión Central. Y a los dos equipos los entrenaba Mario Requena, que era el DT de Unión, y a nosotros nos entrenaba dos días por semana. Era muy raro, pero ese había sido el acuerdo. Creo que en Colón estaban Martinengo y Anselmo Comba. Después tuvimos a Brusa, y luego a Gallego Martínez”.

Destaca que “en Plaza Ocampo jugamos la final del año contra Unión Central, que nos ganó y fue el campeón de la Liga. En el siguiente partido jugamos por la primera fecha del siguiente campeonato y le ganamos 2-0 con goles mío y de ‘Tito’ Cecchini”.

Señala que “aprendí mucho con esa gente. Lo primero que me enseñó mi papá, a quien tuve la suerte de ver jugar en Colón, fue que no había que llorar”.

Dijo que “me senté a la mesa y me estaba quejando. Me dijo: ‘Si vas a jugar al fútbol, no llorés, ni te quejés porque te peguen. A los delanteros les van a pegar. No llorés”.

“Los viejos eran así de duros para hablarnos. Yo fui operado por un dolor en la cintura, y sabés la cantidad de golpes que recibí allí. Muchas veces terminé internado, pero nunca lloré”, dijo.

Agradeció a los médicos “Gavira, Olivero y Cañas, y al anestesista Augusto Vogler. La operación duró 2 horas. Me dejaron de 10. Aún tengo los puntos, pero me siento bien”.

Rápido y furioso

Afirma que “todos los defensores pegaban mucho, y a veces no tenían piedad. Pero no me faltó nunca temperamento, y siempre jugué fuerte también. No me quebraron, no me desgarré, no sé qué es pubialgia o contractura. Siempre estuve preparado como un atleta”.

Estimó que “mi fuerte era la velocidad. Yo hacía 100 metros en menos de 11 segundos en la década del 70. Entrenaba bien, y me vinieron a buscar para ser atleta desde la Universidad de Córdoba”.

Indicó que “Leo Ambrosino y José Bitar fueron presidentes que le dieron un salto de calidad al club. Era gente capacitada y con relaciones. A mí me atendió Miguel Fernández Schnoor que era el médico de Independiente”.

Señala que “Gallego Martínez estuvo 5 años. Fue el mejor Colón, porque por puntos hubiésemos ganado 4 torneos, pero como eran cruces en las finales, nos tocaba perder con Alumni y Alem”.

Estimó que “ahora está el VAR y las filmaciones. No era fácil ganarle a esos grandes en las finales. Vos podés ser buen jugador, pero si no tenés buenos compañeros, no vas a ganar nada. Yo jugué con verdaderos monstruos. Esos equipos de Colón fueron los mejores que integré, pero fui campeón en el ‘82, y luego del ‘86 al ‘89. No me puedo quejar. Agradezco a mis amigos”.