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Comedores advierten que más adultos mayores buscan alimentos

La demanda social se duplicó y crecen los 'nuevos pobres'. También indican que, por la crisis económica, las donaciones de vecinos se redujeron fuertemente. Tienen poca esperanza de que la situación pueda mejorar.

Con una canasta básica alimentaria que aumentó un 45,5% en 2020, en los comedores la demanda social se siente fuerte.

En la ciudad, advierten que llegó hasta a duplicarse la entrega de viandas por la cantidad de personas que se acercan.

Así lo cuenta Lorena Toledo, responsable del Comedor Ilusiones: “Normalmente, trabajamos con 35 o 40 viandas, pero en este último año hemos tenido un incremento y llegamos a 60. Prácticamente, se duplicó la demanda”.

Respecto a este dato, comenta que siempre enfocaban la asistencia hacia niños, pero desde hace un tiempo observan que en el barrio hay muchos adultos mayores que también empezaron a llegarse al comedor.

“Estamos apoyando a adultos mayores que no cobran jubilación ni pensión, o que no pueden trabajar, personas de riesgo que no pueden concurrir a sus lugares de trabajo. Tenemos 35 viandas que son destinadas a las familias de los niños que asisten a alguna actividad en el comedor”, agrega.

Así, desde este lunes comenzarán con la entrega de estas 60 viandas, que alcanzan a unas 240 personas. Esto lo realizarán los lunes, miércoles y viernes, ya que dependen de la ayuda que les brinde el Municipio. Esperan poder arrancar pasado mañana, tras una serie de refacciones y trabajos en cañerías de agua en el comedor, obra enmarcada en el Presupuesto Participativo 2019.

Otro punto central que resaltan, y que está atado también de forma directa a la crisis económica del país, es la reducción de colaboraciones por parte de personas particulares. “Con los aumentos que ha habido, en nuestros hogares ingresa menos dinero, vemos que la ayuda que llega al comedor es menor. Antes, había 10 personas que traían donaciones al comedor mensualmente y ahora son 4 o 5”, indica Toledo en diálogo con este matutino. Y añade: “La gente no destina plata para hacer colaboraciones, sino que prefiere tener su propio resguardo por cualquier eventualidad, como cuestiones de salud”.

Tanto en el Comedor Ilusiones como en el Hogar María Madre de Dios coinciden absolutamente en que la carne es lo más costoso a la hora de preparar la comida.

En cuanto a frutas y verduras, Lorena Toledo dice que en eso no tienen grandes gastos, ya que en el barrio hay gente que posee quintas y les hacen llegar lo que recogen de allí.

Por su parte, Marcelino Estefanía, quien está a cargo del Hogar que asiste diariamente a unas 300 personas, sostiene que la carne es algo carísimo. Sin embargo, asegura que la calidad de alimentos sigue igual.

“La vianda habitualmente es bife a la criolla, fideos, tallarines con salsa, estofado de carne con papa o polenta, pero con este calor esperamos que baje un poco la temperatura”, ejemplifica.

Respecto a la manera en que el Hogar está funcionando actualmente, comenta que “se sigue con la misma política de siempre, tratamos de evitar lo que más se pueda la acumulación de gente por la pandemia”.

Y al igual que Toledo, menciona que, si bien la cantidad va variando, “se ha sumado mucha gente grande”. “Son jubilados que están solos o que vienen por el gran costo que deben tener los alquileres, los medicamentos y no les debe llegar la plata para todo. Y también hay familias nuevas. Debe haber un 30% de nuevos pobres. Casos en los que alguno de la casa tiene trabajo, pero no les alcanza. Así, van rotando, se van unos y vuelven otros”, expresa Estefanía.

En el marco de la pandemia, en el Hogar María Madre de Dios trabajan con la modalidad de entrega de viandas. Aunque confiesan que quieren abrir, tienen claro que no es conveniente por la probabilidad de contagio, sobre todo cuando se acumula un número importante de personas.

“Me levanto a las 6 de la mañana y a las 7 me empiezo a llegar a las panaderías. Allí, nos proveen de pan, facturas y rasquetas que quedaron del día anterior”, detalla en cuanto a lo que es el trabajo diario.

Otro de los aspectos en los que tienen la misma percepción los responsables de estos dos comedores es en el futuro de la economía del país.

Toledo es escéptica en cuanto a la posibilidad de que se produzcan grandes avances y soluciones en lo inmediato: “Nos va a costar mucho y esperamos que no haya un rebrote de casos y no se vuelva a parar todo. Hay gente que la sigue pasando muy mal. Desde los comedores tratamos de hacer lo que más podemos, pero somos conscientes de que la realidad les ha pegado a todos. No veo un panorama muy alentador en lo inmediato”.

Y Estefanía complementa: “No creo que vaya a mejorar esto, no hay capacidad dirigencial para cambiar la realidad. En nuestro caso, tanto el Estado nacional como el provincial han sido grandes ausentes”.

Un espacio de contención

Por otro lado, en la Copa de Leche Los Ramoncitos esperan poder comenzar con la habitual merienda los primeros días de febrero.

Ramón Contreras también apunta que en la Copita se han sumado integrantes nuevos y el número aproximado de los que asisten es de unos 60 niños.

Además, adelanta que uno de sus su trabajo de todos los días, como cortar el césped, ahora empieza a ser a cambio de útiles escolares y no sólo de alimentos.

“Vamos a empezar a darle la merienda a los chicos y después del 10 de febrero esperamos arrancar con la cena para la gente del barrio. También, seguir viajando a los pueblitos y ayudar a gente de Reducción, de Alejandro Roca, de Tres Acequias. A los que más necesitan, ahí vamos a estar ayudándolos”, manifiesta.

En la Copa de Leche asisten chicos y chicas de 4 a 15 años. En ocasiones, las quinceañeras se sorprenden por festejos preparados por los miembros del lugar, encabezados por Ramoncito, como es conocido en barrio Alberdi.

Pero no sólo rescata la importancia de que los niños tengan algo para comer, sino también las características de la Copa de Leche como espacio social. “Acá vienen, charlan, nos cuentan cosas, vienen a distraerse, están con nosotros. Nosotros no vamos a bajar los brazos”, enfatiza mientras apela a la solidaridad de los vecinos para seguir compartiendo con los demás.