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El ataque al Capitolio: ¿autogolpe, terrorismo, sedición o la tormenta perfecta?

EE.UU. discute la inédita agresión contra el Congreso.

El asedio, el ataque y la breve ocupación del Capitolio, la sede del Poder Legislativo de los Estados Unidos, fueron transmitidos en vivo por los medios de comunicación y todo el país vio lo mismo; sin embargo, mientras algunos dirigentes acusaron a Donald Trump de intentar dar un autogolpe y calificaron a sus simpatizantes de sediciosos, otros denunciaron un atentado de terrorismo interno.

Las emociones aún superan al análisis, pero hay señales que indican que no fue solo una cosa, sino una tormenta perfecta.

Poco antes de que miles de simpatizantes de Trump avanzaran sobre el exiguo cerco policial al pie de las escalinatas del Capitolio, el mandatario le había hablado a esa multitud, mientras dentro del Congreso un grupo minoritario de republicanos intentaban obstaculizar la proclamación final de la victoria del opositor Joe Biden, a dos semanas de su asunción.

Instigación directa

"Nunca nos rendiremos; nunca aceptaremos (la derrota electoral). Vamos a caminar por la avenida Pensilvania e iremos al Capitolio. Vamos a intentar dar a nuestros republicanos, los débiles, el tipo de orgullo y valentía que necesitan para recuperar nuestro país," arengó el mandatario frente a sus simpatizantes y delante las cámaras de televisión.

"Increíble por lo que tenemos que pasar, y tener que hacer que tu gente luche. Si ellos no luchan, tenemos que eliminar a los que no luchan", arengó a sus seguidores.

"Caminaremos y estaré allí con ustedes", repitió, aunque después del discurso volvió a la Casa Blanca.

Para Rachael Cobb, titular del Departamento de Gobierno de la Universidad de Suffolk en Boston, "Trump se mostró convencido de que el Congreso podía hacer algo para cambiar el resultado y que (su vicepresidente Mike) Pence tenía el poder para hacerlo".

"En ese sentido, lo del miércoles fue un intento de ir contra la Constitución para seguir en el poder y eso se puede calificar como un autogolpe", explicó a Télam.

"Porque, además, en el Congreso hubo miembros del Senado y de la Cámara de Representantes que objetaron los resultados de la elección con la intención de cambiarlos. Si hubiesen tenido el número, podrían haber revertido la voluntad del pueblo", agregó.

Otras interpretaciones

Aunque el vínculo entre el presidente Trump y los que vandalizaron el Congreso y aterrorizaron a los legisladores que estaban en sesión es innegable, muchos dirigentes, inclusido el propio Biden, también denunciaron el ataque como un atentado terrorista.

"En los Estados Unidos, estamos acostumbrados a definir los ataques contra los centros de poder como un acto de guerra o de terrorismo. Pero a diferencia de lo que pasó en 1971 cuando el grupo Weather Underground puso una bomba en el Capitolio para protestar contra la invasión de Laos, esta vez no se buscó cambiar una política, sino interrumpir el proceso de certificación de las elecciones", explicó en diálogo con Télam Yohuru Williams, decano de Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de St Thomas en Minnesota.

"Por eso, lo de esta semana se pareció más a un golpe que a un acto terrorista", afirmó.

Desde la revista The New Yorker, Masha Gessen, autora del libro "Sobreviviendo a una autocracia", planteó un argumento similar al comparar la ofensiva contra el Capitolio de esta semana con otras protestas que sacudieron ese mismo edificio.

"Las protestas en el pasado intentaron interrumpir las sesiones y procedimientos para apelar públicamente a los miembros del Congreso y ganar la atención de los medios con la esperanza de que el Congreso haga su trabajo de manera diferente. Los invasores (del miércoles) querían evitar que los miembros del Congreso hagan directamente su trabajo y destruir cualquier parte de la maquinaria de la democracia estadounidense sobre la que pudiesen echar mano", aseguró.

Un ejemplo de esto fue la convicción que expresaron varios legisladores de que si los cofres con los votos del Colegio Electoral, la única documentación legal para proclamar al presidente electo, hubiesen quedado en el recinto cuando los simpatizantes de Trump entraron, los hubiesen destruido para evitar la proclamación.

¿Y dónde está el plan?

Pero el argumento del golpe y el autogolpe tiene un problema: no parece haber habido un plan claro ni del presidente ni de sus fanatizados simpatizantes para hacerse con el poder.

"Somos muchos lo que hace tiempo nos debatimos entre creer que Trump no es muy sofisticado, para ser sutil, o creer que es el más inteligente de todos", reconoció Williams, ante la lluvia de preguntas que aún dominan la escena política estadounidense luego de la violenta jornada del miércoles.

"Hubo algunos cambios en el gabinete, que hacen sospechar que Trump quería garantizarse gente que no lo cuestionaría, pero al mismo tiempo, ¿cuál era el objetivo final? ¿Retener el poder? ¿Cómo? ¿Con una votación del Congreso? ¿O querían prender fuego todo y no había un plan después de eso?", continuó.

El ataque al Capitolio, sin dudas, tiene elementos propios de un autogolpe y también cumple con la definición más básica de un acto terrorista: sembrar el terror con una intención política.

Pero lo que pasó no cumple con todas las características de estas definiciones y, lo más importante, no se agota en ninguna de ellas.

"Esto se fue construyendo de a poco y nadie debería haberse sorprendido por lo que pasó", advirtió Rachael Cobb.

"El senador (Lindsey) Graham, un aliado de Trump, dijo en su discurso del miércoles a la noche que era suficiente, que se había terminado el tiempo de cuestionar el resultado electoral. Pero, ¿por qué fue suficiente recién esa noche, si las amenazas de muerte a funcionarios se venían repitiendo hace semanas y los actos de violencia, hace meses? Porque, por primera vez sus vidas, estuvieron en peligro", agregó la académica de la universidad de Suffolk.

Antecedentes claros

A lo largo de su Gobierno y de manera cada vez más explícita, Trump apoyó, incitó y hasta movilizó a organizaciones supremacistas, ultranacionalistas y milicias.

Sin embargo, por una mezcla de razones políticas y de la cultura racista que aún domina una parte importante del país y, especialmente, de los centros de poder, nunca se tomó a estos grupos como una amenaza seria para el país.

Ese elemento, más que las teorías conspirativas que se escucharon en las últimas horas, podría explicar la reacción casi pasiva de la mayoría de la Policía y de las autoridades del miércoles, en un país donde otros movimientos de protesta suelen desatar respuestas mucho más contundentes.

"¿Cómo llegaron tan cerca del Congreso? ¿Cómo llegaron a romper el cerco y entrar al Capitolio? Como una persona de color que apoya el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) se me hace imposible pensar en otro tipo de protesta que, con las mismas condiciones, hubiese terminado con tan pocos arrestos y sin un pedido indignado de ley y orden de la mayoría del país", destacó Williams.

"Aunque la reacción de la Policía pudo venir de un lugar de mucha desorganización, se enraíza en una cultura de apoyo a ciertas ideas; ideas que desde la victoria electoral de Barack Obama no pararon de crecer, visibilizarse y legitimizarse", continuó.

De cara al futuro

"Ojalá ahora, con lo que sucedió, finalmente se entienda la dimensión de la amenaza no solo para las minorías, sino para la seguridad y la democracia del país", concluyó Williams.

Aún es pronto para dar una respuesta definitiva, porque se desconocen muchos detalles, pero hay elementos para pensar que lo de esta semana fue la explosión de una tormenta perfecta, que aunque no parece haber estado dirigida a un objetivo claro, sí fue alimentada a consciencia desde hace años.