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Historias de enfermeros, los ojos de los médicos en la terapia intensiva

Marina Rodríguez y Leonardo Rena trabajan desde hace varios años en uno de los sectores más críticos de las clínicas. Ambos atendieron al primer paciente con coronavirus en Río Cuarto y contaron su experencia.

Los enfermeros cumplen un rol clave en el sistema sanitario. Están al lado de cada uno de los pacientes, pero también, como ellos mismos se definen, son los ojos de los médicos en la terapia intensiva. En el marco de uno de los tiempos más delicados para desarrollar su labor, Marina Rodríguez y Leonardo Rena, dos profesionales de la Neoclínica, contaron a Puntal sus historias y relataron cómo están viviendo este momento signado por el coronavirus.

-¿Cuánto tiempo hace que ejercen la enfermería?

Marina: Tengo 39 años y soy enfermera profesional. Me recibí en la Universidad Nacional de Río Cuarto y desde hace 14 años trabajo en la terapia intensiva. Actualmente, me desempeño como jefa de las áreas de enfermería en el primer piso de clínica médica y en la unidad de terapia intensiva de la Neoclínica. Es decir, coordino los dos equipos de enfermería.

Leonardo: Hace 14 años que me dedico a la enfermería. En la terapia intensiva trabajo desde hace 9 años. Antes me desempeñé en un servicio de emergencias.

-¿Cómo es trabajar en una de las áreas más críticas de una institución médica?

Marina: Cuando uno encuentra su lugar dentro de la enfermería, no lo deja. No te asusta ni te relaja. Trabajar en la terapia intensiva es estar al pie de la cama del paciente. El enfermero hace una observación hora a hora, día a día. Los enfermeros de terapia intensiva son los ojos de los médicos, porque trabajan codo a codo con ellos.

Leonardo: Se vive el día a día con una gran adrenalina. Los pacientes llegan todos los días con diferentes dificultades. Cada vez que ingresa un paciente nos enfocamos en sacarlo adelante. Yo estoy enamorado de la enfermería. Nosotros sabemos a lo que nos enfrentamos y tratamos de manejar el aspecto psicológico, ya que es común que nos encariñemos con los pacientes, sobre todo con los más jóvenes y con los más adultos.

-¿Cómo se sobrelleva la cuestión emocional frente a un panorama crítico?

Marina: Uno valora más las cosas. Por ahí, las cuestiones materiales y lo económico pasan a un segundo plano. Uno ve a pacientes que pelean día a día y se debaten entre la vida y la muerte. Eso hace que uno valore más la familia, por ejemplo.

-Desde hace un tiempo a esta parte se está hablando sobre la situación del coronavirus y los efectos de la pandemia. Ustedes trataron al primer paciente con Covid-19 en Río Cuarto (que fue dado de alta hace dos semanas), ¿cómo vivieron esa prueba de fuego?

Marina: Sí, tuvimos el primer caso de Río Cuarto. Como enfermeros, sabemos que estamos expuestos a un montón de enfermedades que son invisibles a los ojos. Lo que podemos decir es que los enfermeros han actuado con mucho profesionalismo. Todos tuvimos que capacitarnos e informarnos porque es una enfermedad nueva.

Leonardo: Yo estudié enfermería para atender cualquier clase de pacientes. Cuando nos enteramos de que había una persona con Covid-19, sentí algo de temor a la hora de entrar a asistirlo. Temor por mí, pero también por el propio paciente, porque es algo nuevo. Hoy en día me siento orgulloso de haber formado parte del grupo de profesionales que lo atendió. Me siento orgulloso porque se hizo todo de manera satisfactoria y el paciente pudo recibir el alta.

-Evidentemente, el haber tenido a un paciente con coronavirus los preparó mejor para lo que viene…

Marina: Sí, exactamente. El primer paciente fue una prueba piloto y sirvió para reafirmar nuestra vocación. Estamos corriendo un gran riesgo porque es una enfermedad muy agresiva y sabemos que puede terminar con la vida de una persona en cuestión de horas. De todas formas, tras haber tratado el primer caso, estamos preparados para los que puedan llegar en el futuro.

-¿Qué sienten cuando la gente, cada noche a las 21 horas, sale a los balcones y a las puertas de sus casas para aplaudirlos?

Marina: Se siente mucho aliento, mucho ánimo. Eso marca que la gente sabe el riesgo que corremos y sirve para que tomen conciencia sobre la pandemia. Los aplausos les dan mucha a fuerza a todos los que integran el personal de la salud.

Leonardo: Mis vecinos todas las noches ponen el Himno Nacional. Yo salgo a la puerta de mi casa y me emociona mucho escuchar el reconocimiento de ellos. Es algo espectacular. Es lindo que valoren lo que uno hace, por más que es una de las actividades que deberían valorarse en todo momento.

-Así como hay gente que sale a alentarlos, están los que hostigan y cuestionan el trabajo del personal de salud, ¿les ha pasado?

Marina: No, a mí no me ocurrió. Yo vivo en un barrio y allí nos conocemos entre todos. Sin embargo, escuché a algunos de mis compañeros que viven en edificios a los que les han dejado notas por debajo de la puerta con mensajes negativos.

Leonardo: A mí tampoco me ha pasado. De todas formas, yo no doy motivos. Salgo de mi trabajo y me voy a mi casa. Comprendo que la gente pueda tener temor por el trabajo que hacemos, por eso no salgo a ningún lado.

-¿Cuál ha sido el momento más duro que les tocó vivir como profesionales de la salud?

Marina: A mí me marcan mucho los pacientes jóvenes que llegan con alguna situación grave por accidentes de tránsito. Hace un tiempo nos tocó perder a un chico de 22 años que se accidentó en su moto y fue muy duro ver cómo tanta gente joven vino a despedirlo a la clínica cuando falleció. Perder una vida joven te marca.

Leonardo: A mí me pasó lo mismo con los jóvenes accidentados. De igual manera, hay un caso positivo que me marcó. Un joven que estuvo un mes internado en la Neoclínica después de un accidente de tránsito. El paciente se logró recuperar y se fue de acá caminando. Con el paso de los años lo encontré en las redes sociales y me contó que estudió Enfermería por nosotros. Hoy es enfermero en una clínica privada de Santa Rosa, La Pampa.

-Volviendo sobre el tema del coronavirus, ¿cómo se manejan con sus familiares?

Marina: Con mi familia tengo un poco más de cuidado que lo habitual. Llego a casa y voy directamente al baño para darme una ducha. Si bien antes también lo hacía, ahora lo refuerzo. Trato de no tener contacto directo con los niños. Desinfecto mucho la casa y evito ir a hacer las compras.

Leonardo: Mi familia es pequeña. Mi hija está cumpliendo la cuarentena con su mamá. Mi mamá, que es una mujer adulta, vive con mi hermano, quien tiene síndrome de Down. Hace más de un mes que no tengo acercamiento físico con nadie. Paso por la casa de mi mamá y los saludo desde la reja, a varios metros de distancia.

-¿Sus familiares les han transmitido temor por la tarea que desempeñan en este momento?

Marina: Sí, tienen temor. Ellos preguntan constantemente si estoy bien, cómo me siento y sí, tienen miedo de que me contagie. Yo no tengo miedo, siento respeto por la enfermedad. Además, somos muy responsables con los cuidados. Eso es lo que tratamos de transmitirles a nuestros familiares. De todas maneras, siempre está la posibilidad de enfermarse.

Leonardo: Aldo, mi hermano con síndrome de Down, me extraña mucho porque no me puede ver. Él estaba acostumbrado a abrazarme y ahora no entiende por qué no quiero entrar a su casa. Imagino que mi mamá también tiene sus miedos, aunque no me dice nada para no ponerme mal.

-Otros trabajadores de la salud han comentado que el proceso para entrar a ver a un paciente con coronavirus es bastante prolongado al momento de vestirse…

Leonardo: Sí, así es. El proceso de vestirse y desvestirse es fundamental y requiere de una técnica. Lo más complejo es desvestirse porque uno está saliendo contaminado con el virus. Hay elementos que se desechan en la misma habitación en la que el paciente está aislado y otros se depositan en bolsas patógenas. Además, hay una persona que nos dirige y nos observa para ver que todo esté en condiciones antes y después de entrar.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

FUENTE: Puntal.com.ar