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Cuadros vivos, una alternativa más accesible a los jardines verticales

Requieren menor infraestructura y simplifican el sistema de riego, pero ofrecen la posibilidad de jugar con el diseño interior y exterior. Marcos con formas geométricas se combinan entre sí para lograr composiciones de dos, tres o más cuerpos

El cambio climático llamó a concientizar sobre la importancia de incorporar el verde al entorno urbano y, con ello, en los últimos años se hizo cada vez más común la implementación de techos vivos o jardines verticales en edificios y viviendas de distintas ciudades. Pero a escala doméstica, muchas veces resulta costoso pensar en sumar al hogar alguna de estas superficies naturales por la misma infraestructura que su instalación requiere como así también por todo lo que implica dotarle al mismo un sistema de riego.

Una alternativa que sienta sus bases en los jardines verticales pero que se posicionan mucho más accesible desde la inversión económica que demanda está representada por los “cuadros vivos”. Dichos componentes son verdaderos micro-jardines que combinan el formato de sus estructuras entre sí para lograr composiciones capaces de dar su propio toque de decoración tanto a un interior como al exterior.

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El arquitecto Ezequiel Deleu, es responsable del emprendimiento Micro Mundo, y en diálogo con Puntal ADC cuenta cómo la arquitectura sustentable dio sentido a su profesión sobre finales de su carrera y la manera en que se metió de lleno para hacer sus primeras armas en todo lo que son superficies vegetales de distinta envergadura. Fue con el docente Armando Gross que se introdujo en el mundo de la arquitectura sustentable en la Facultad y a partir de una experiencia en bioconstrucción con el profesor alemán Gernot Minke, que dictó un curso en Villa General Belgrano, fue que terminó por definir el camino de su futuro como arquitecto.

De vuelta a su hogar en Córdoba decidió intervenir su casa con sus propias manos y tras retirar una a una las tejas francesas de su techo en pendiente, aplicó impermeabilizante y montó allí su primer techo verde.

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“Empecé a tomar cursos de jardines verticales y a partir de eso también empecé a tomar cursos para poder venderlos y noté que es caro para la clase media. Porque por ejemplo, en un metro cuadrado de jardín vertical entran entre 25 y 30 plantas, más el riego y el resto, se hace caro para nuestra clase media. Fue allí que empecé a ver cómo poder a empezar a vender y allí se me vino hacer cuadros vivos”, cuenta el profesional cordobés.

Formas, colores y texturas

Deleu aclara que no es pionero en el desarrollo de cuadros vivos pero comenta que en tiempos en que se puso a estudiar al respecto, el tema era toda una innovación y que a partir de ello empezó a darle su propia impronta a los productos que iba realizando.

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En ese sentido hoy sostiene que un cuadro vivo no es menos ni más que un jardín vertical, y que solamente simplifica su composición para hacer del mismo un producto más accesible sin perder su capacidad de atracción y el aporte natural que lleva intrínseco.

“Un cuadro vivo es un jardín vertical más simple, que consta de un recipiente de entre 10 a 15 centímetros de lado y que puede ser fabricado de cualquier material. En mi caso, me incliné por la madera, por la posibilidad que la misma ofrece al momento de trabajarla”, señala el arquitecto. Y añade: “Este recipiente primero se impermeabiliza en su interior para luego colocar allí un sustrato, que no es tierra, sino que es un material que pesa menos y ofrece óptimas condiciones para el desarrollo de las plantas. Allí se coloca vermiculita, turba y otros componentes que serán donde crezcan las raíces de las plantas”.

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La forma del recipiente nos dará una primera posibilidad de jugar con el diseño del cuadro, ya sea combinando figuras geométricas entre sí o narrando una historia con las sucesión de esos cuadros. Otra posibilidad estará dada por el color que se imprima a esos marcos, que pueden ser protagonistas también en la composición, combinados con los tonos y texturas que finalmente aporten las plantas seleccionadas.

“Se puede hacer arte con la forma del cuadro y las plantas que contiene, es decir, con la naturaleza”, considera Deleu, al tiempo que destaca la importancia de seleccionar las especies vegetales acorde a la ubicación que tendrá el cuadro a futuro, es decir, si gozará del asoleamiento exterior o tendrá menos luz natural en el interior de un ambiente. De ese destino que tendrá el cuadro dependerá también la demanda de riego que el mismo pueda tener, en relación a la exposición solar que adquiera.

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Lo cierto es que esta tendencia ya encuentra adeptos en decoración de eventos privados, sociales y hasta se convierten en souvenires de festejos como una alternativa ecológica que llama a tomar conciencia ambiental.

“Por todo eso, el cuadro vivo no es menos que un jardín vertical. Y a la vez no implica tener que destinar toda una pared a un jardín vertical y de igual manera se obtienen buenos resultados”.

Javier Borghi