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"Un gringo bueno, muy buen jugador de fútbol y un cura muy servicial"

Apodado "Coqui", el padre Vaudagna era un sacerdote "muy querido en el pueblo", al decir de los feligreses que iban a sus misas. "Buena persona, austero y de carácter fuerte", agregan. Estuvo en distintas parroquias

“Un gringo bueno, muy buen jugador de fútbol y un pastor comprometido con el Pueblo de Dios”.

Así lo definieron los sacerdotes de la Diócesis de Río Cuarto y los feligreses al padre Jorge Vaudagna, de 59 años de edad, que fue asesinado, en un intento de robo en Vicuña Mackenna, donde ejercía como párroco.

“Coqui”, tal su apodo, era “una persona muy buena, muy austera y muy dedicada al sacerdocio. Además tenía un fuerte carácter”, dijeron quienes lo conocían.

Nació en una familia vinculada con el campo y tenía siete hermanos. Uno de ellos falleció en un accidente.

Su madre, Rosa, de 94 años de edad, vive en Sampacho, donde el cura pasó su infancia y se formó como adolescente.

Allí se destacaba por cómo jugaba al fútbol: “Tenía buena pegada”, recuerdan.

Posteriormente, ingresó al Seminario de Córdoba, donde estudió junto al sampachense Jorge Basso. Ambos fueron ordenados a mediados de los años ochenta.

“Coqui era también muy austero en su forma de vivir”, manifestaron las fuentes consultadas. Y ejemplificaron: “Tenía una camioneta Toyota modelo 2008 que se la había dejado el párroco anterior”.

Además fundó el Instituto Bilingüe Sagrada Familia. “Estaba muy abocado a la educación de los jóvenes”, indicaron.

La trágica muerte de Vaudagna causó una fuerte conmoción en Mackenna y en el ámbito de la Iglesia, dado que era un sacerdote “muy querido”.

Vayan como ejemplo las declaraciones periodísticas que hizo el obispo diocesano Adolfo Uriona: “Nos conmocionó muchísimo. Fue una cosa inesperada. Más sabiendo que el padre Coqui era una persona entregada, buena, que siempre se daba a los demás y que se truncara su vida en un instante”.

“Hay que enfrentar esto desde la fe porque la tentación es dejarnos abatir por todo lo que nos está pasando. Hay que empezar a trabajar en la esperanza”, exhortó.

El padre Edgard Cattana se crió con él en Sampacho: “Era un gringo bueno y de fácil carcajada. Lo que pasó nos produjo un gran shock. Para mí, era como un hermano”.

Como sacerdote, se desempeñó en Canals, Villa Huidobro, La Carlota, los Sagrados Corazones de Río Cuarto y la Iglesia San José de Mackenna, donde llevaba 12 años.

En las calles de Mackenna, los fieles claman justicia. “No podemos vivir con este tema de la inseguridad todos los días que se nos ha llevado al cura del pueblo”, afirmaron a coro los vecinos que marcharon ayer por la memoria de “Coqui”, un cura muy querido en su pueblo.