Villa María |

“En la crisis de 2002 reinventé el stock por la resurrección de autos viejos”

Fundada en 2011, la casa Lan Autopartes SRL se especializa en tren delantero. Su dueño, Hugo Spadafore, habló del mercado local, de las crisis del rubro y la desaparición de los autos del “siglo veinte” en las calles de la ciudad

Hugo Spadafore tiene el mismo nombre que un revolucionario panameño que luchó en Nicaragua. Y acaso algo de su resistencia proletaria se tuvo que poner a prueba cuando en noviembre del 2001 abría Lan Autopartes S.R.L y el corralito le retenía todo su dinero. 

“Fue la peor época para abrir un negocio –comenta Hugo desde su búnker tapizado de piezas metálicas- Pero con mi señora no podíamos esperar más.  Ella tenía una parte de la sociedad que le había dejado mi suegro, de Budavi, y había que invertir. Así que largamos. El corralito nos retuvo plata y la cobramos varios meses después” 

-¿Y cómo están ahora con la crisis inflacionaria?

-Hoy tenés que comprar todo al contado. Algunos proveedores te dan crédito a una semana o a 25 días como mucho. Ahora el rubro está tranquilo, casi en una meseta.

-¿Cómo es el tema de los repuestos importados?

-Algunos los conseguís rápido, pero hay otros que te demoran 5 o 6 días. Si estás apurado te lo mandan rápido pero te cargan un 15 por ciento. Es todo un tema.

-Hablaste de ciris ¿Ves similitudes con la del 2001?

-Bastantes. Porque hasta diciembre del 2001 había todos vehículos nuevos, como ahora. Pero después de la crisis la gente empezó a sacar las estancieras, la “Efe Cien”, el Ford Falcon… Los autos que tenían arrumbados en un galpón. Eran coches de bajo costo. Así que en la crisis del 2002 reinventé el stock por la resurrección de los autos viejos.

-¿Y ahora?

-La diferencia con aquella crisis es que ahora hay mucha financiación, para comprar autos nuevos. Hoy tenés un mercado local de entre 10 y 12 años de uso. Fijáte que ya casi no quedan autos del siglo veinte en circulación...

-Sin embargo, a tu rubro le conviene que haya más usados ¿no?

-Sí. Pero los nuevos que están entrando, a la larga van a ser usados también. Es un nicho que agarrás recién a los dos años cuando se terminaron las garantías y la gente se vuelca a la reposición. Hay que tener paciencia y espaldas.

-¿Cómo está el rubro en la ciudad?

-Hoy somos cuatro comercios especializados en tren delantero y trabajamos todos. Yo tengo amortiguadores con frenos y bujes, pastillas y tren delantero de todas las marcas… Creo que hacemos diferencia en caños y mangueras porque traemos directo de la fábrica Fric-Rot.

-¿Con qué frecuencia se cambia un tren delantero?

-Depende de quién maneje. Si usás el auto en ruta, te puede durar 400 mil kilómetros. Pero si andás en calles de tierra te puede durar 70 mil. ¡Hay gente que ve los pozos y no los esquiva nunca! (risas)

Apache modelo sesenta

-¿Los clientes de Lan son todos de Villa María?

- No, trabajamos con 100 o 150 kilómetros a la redonda y por suerte al 70 por ciento de los repuestos los conseguís acá. A los otros hay que pedirlos y esperarlos de la mañana a la tarde. Lo difícil es conseguir algún repuesto raro.

-¿Cómo es eso?

-Quiero decir que no podés tener cinco o seis mil pesos parados en una estantería; como tener una rótula de “Apache” que es una pieza enorme y carísima. Capaz que vendés una cada cuatro años. El que tiene una en stock es de pura casualidad… Es una pieza para un vehículo que ya tiene 50 años ya…

-¿La moda del “tunning” te ha hecho vender más repuestos viejos?

-No tanto, porque ya hay casas que se especializan en repuestos para tunear. Igual, son repuestos caros y la mayoría de los chicos se arreglan con los repuestos viejos, los recortan, les meten mano… Y así quedan…

-¿Mal?

-¡Horrible! Pero entiendo a los chicos porque los repuestos originales son carísimos... 

Le pregunto a Hugo, para finalizar esta entrevista, por la génesis del nombre de su comercio, que suena a compañía de aviones trasandina...

“¿Como Lan Chile? ¡Ja ja! ¡No, nada que ver! Es por las iniciales de mis hijos; Lucas, Alejo y Nicolás… Ellos trabajan conmigo… vení que te presento a Alejo...”

Y cuando llega el momento de las fotos, Hugo se abraza con su hijo y uno de sus empleados.

“Esta es una empresa familiar como nuestra pasión por Racing -comenta- algo que también se transmite por vía sanguínea”. 

Y así, con el fondo de blisters y cajitas azules, el hombre con apellido revolucionario y corazón académico sonríe. Ya le ganó a dos crisis. Y si alguien lo necesita, es capaz de conseguir una rótula de Apache del ´60 de la noche a la mañana. Toda una declaración poética en un rubro que acaso pareciera gris.

 Iván Wielikosielek. Puntal Villa María

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