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Un veterano que se reinventó como esperanza de renovación

La esperanza de la oposición estadounidense para sacar a Donald Trump de la Casa Blanca, Joe Biden, se siente más cómodo con la tradicional base electoral demócrata que con los movimientos sociales y el progresismo, y en sus 50 años como dirigente ha logrado reconvertirse tras escándalos y pujas políticas, con una larga lista de críticos pero muy pocos enemigos.

Biden se convirtió en una joven promesa del Partido Demócrata muy rápido: a los 27 años fue electo concejal de la ciudad donde creció, New Castle, Delaware, y dos años más tarde se convirtió en uno de los senadores federales más jóvenes del país.

Apenas unas semanas después de esta elección, su esposa Neilia Hunter y su beba de un año murieron en un accidente de auto, una tragedia familiar que lo marcó y dejó solo a cargo de sus dos hijos mayores, de dos y tres años, hasta que en 1977 se casó con su actual esposa, Jill Biden.

En sus 36 años en el Senado, Biden ocupó cargos clave para construir poder y en 2008 se convirtió en el compañero de fórmula de una nueva joven promesa demócrata: Barack Obama.

En 2016, muchos analistas consideraron que Biden se había bajado de su última oportunidad para llegar a la Casa Blanca. Pero la victoria de Trump con votos de trabaja- dores desilusionados y la falta de un candidato claro en medio de una creciente crisis de identidad de los demócratas volvieron a convertir a Biden -un confiable miembro del aparato partidista y figura aceptable para los republicanos desencantados- en la esperanza de cambio, a sus 77 años.