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Admitió que mató con una maza, pidió perdón y zafó de la perpetua

Miguel Ángel Pinque estaba acusado de homicidio con alevosía, pero el fiscal Rivero dijo que no tenía pruebas de que Humberto Passaglia haya sido asesinado por la espalda. Absolvieron al imputado de encubrimiento

Miguel Ángel Pinque, un vecino de Viamonte que lleva dos años detenido en la cárcel de Río Cuarto, recibió ayer 14 años de prisió por homicidio simple.

Esa fue la pena que le aplicaron ayer por la tarde los jueces de la Cámara Segunda del Crimen, tras declararlo culpable del asesinato del productor rural de 43 años, Humberto Juan Passaglia.

Por ese episodio que sucedió la mañana del 4 de julio de 2018 en la localidad de Alejo Ledesma, Pinque estaba acusado de homicidio con alevosía porque, según el fiscal de Instrucción Daniel Vaudagna, había actuado sobre seguro y a traición.

Pinque le alquilaba a Passaglia un local comercial porque quería montar allí una empresa constructora. El acuerdo era que el dueño de la propiedad le descontaría del alquiler los gastos de remodelación. Sin embargo, el día del crimen, se produjo una fuerte discusión porque Passaglia no estaba conforme con el nivel de gastos de las refacciones.

La Fiscalía de La Carlota sostenía que en el fragor de la discusión, Passaglia fue agredido con un objeto contundente por la espalda, cuando ya se retiraba del local ubicado en calle Sarmiento 769. Luego de eso, el cuerpo del productor rural fue ocultado en el interior de un pozo que había en el patio de la propiedad.

La confesión

Ya en el juicio con jurado popular que arrancó el martes en los tribunales locales, la hipótesis de la alevosía empezó a quedar en entredicho. El primero en negarla fue el acusado cuando decidió confesar el crimen.

Desde el monitor conectado con una oficina del Servicio Penitenciario Número 6, Pinque se mostró arrepentido y pidió perdón a los familiares de Passaglia. Contó que la discusión se originó cuando le avisó al dueño del local que había comprado unas chapas para reparar el techo. Dijo que Passaglia reaccionó de mal modo y le respondió que si seguía gastando en reformas él nunca vería un peso por el alquiler.

Agregó que acto seguido le pidió que dejara todo como estaba y se fuera del local porque ya tenía otros dos interesados. “Yo había invertido todo lo que tenía en el negocio y le dije que no me iba a ir, entonces me tomó de la campera y empezó a tironearme para sacarme, fue entonces cuando le pegué una trompada”, relató.

Pinque dijo que cuando Passaglia se levantó, se le avalanzó para golpearlo con un ladrillo. “Yo me asusté, agarré la maza y le pegué en la cabeza, le pegué y le pegué, no sé cuántas veces lo golpeé”, relató.

Hasta ahí, los dichos del imputado podían aparecer como una estrategia para evitar que se lo acusara de actuar por la espalda, un agravante que lo colocaría al filo de la prisión perpetua.

Se cae la alevosía

Sin embargo, el segundo día del juicio, atestiguó el perito forense de tribunales Martín Subirachs, quien, luego de analizar las imágenes de las múltiples heridas y las conclusiones de la autopsia, dejó abierta la chance de que los mazazos que recibió Passaglia no hubieran sido aplicados a traición.

Subirachs describió que de las cinco heridas craneales que registraba la víctima, las número 1 y 2 habían sido dadas en forma frontal. En tanto que las otras tres habían sido desde atrás.

Más allá de que las heridas estuvieran numeradas, lo que el forense no pudo afirmar fue cómo se dio la secuencia de los golpes. En definitiva: si Pinque primero golpeó desde atrás o el primer mazazo lo dio estando frente a frente.

Esa duda empezó a resquebrajar el agravante de la alevosía.

Así lo reconoció el fiscal de Cámara, Julio Rivero, en el alegato que pronunció en la mañana de ayer.

Sus palabras buscaban convencer, sobre todo, al jurado popular. Por eso, Rivero puso su silla del otro lado de su escritorio, de modo tal que quedó de espaldas a los jueces técnicos Pablo Bianchi, Emilio Andruet y Carlos González Castellanos, y se colocó de frente a los jurados populares que como medida de prevención estaban distribuidos guardando la distancia a lo largo de todo el auditorio.

Rivero les explicó la diferencia entre “probabilidad” y “certeza”, y trascartón reconoció que, si bien el fiscal que investigó la causa tenía elementos de prueba para sospechar de que Pinque había matado a traición, en esta instancia del proceso se necesitaban elementos de certeza que a su criterio no existían. Ante la duda, el fiscal de Cámara se inclinó por quitar la alevosía y acusó a Pinque de homicidio simple.

Acto seguido, analizó agravantes y atenuantes para pedir el monto de la pena. Consideró como agravante el daño ocasionado a la familia y, sobre todo, el clamor de la madre de Passaglia, quien, durante el juicio, se refirió a Pinque con esta demanda: “Ese señor me debe la vida de mi hijo”.

Entre los atenuantes, Rivero enumeró la falta de antecedentes penales. “Pinque no es alguien que hace de la delincuencia un medio de vida, sino que es un delincuente ocasional”, dijo. También puso en la balanza la confesión y la muestra de arrepentimiento. Por eso pidió que se lo condenara a 17 años de prisión.

En relación con el otro imputado que tenía este juicio, a Miguel Alberto Díaz, que estaba señalado como la persona que ayudó a Pinque a esconder el cadáver en el pozo, Rivero lo desencriminó. Sostuvo que no había indicios para acusarlo de encubrimiento y pidió la absolución.

Pidió perpetua

La postura del querellante José María Bonino fue más tajante. A su criterio, la acusación que había formulado en su momento el fiscal de Instrucción Vaudagna era la que se ajustaba a los hechos. Tanto para Pinque como para Díaz.

Por eso adelantó en el comienzo mismo de su alegato que pediría prisión perpetua para el homicida y 5 años de cárcel para Díaz.

Bonino describió a Pinque como una persona mentirosa que había embaucado incluso a su novia, a quien había hecho creer que era ingeniero, cuando en realidad no tenía ningún estudio.

“No es casual que haya confesado. Perdido por perdido, lo que hizo fue tratar de mejorar su situación procesal porque sabía que con la alevosía iría a perpetua. En cambio si se lo acusaba de homicidio simple, la pena va de los 8 a los 25 años”, recordó Bonino.

Los alegatos de los abogados defensores fueron más previsibles y estuvieron condicionados por lo que al comienzo de la mañana había sostenido el fiscal Julio Rivero.

Raúl Palacios, el defensor de Pinque, compartió con el fiscal de Cámara la postura de que no había pruebas de que su cliente hubiera atacado a Passaglia a traición y pidió que se le aplicara la pena mínima para el homicidio.

Por su parte, Federico Guerrieri dijo que su defendido -Díaz- no había participado del ocultamiento del cuerpo ni estaba al tanto de que lo que había sucedido la mañana del 4 de julio de 2018, por eso correspondía que lo absolvieran.

Así, después de deliberar durante la tarde del jueves, los jueces técnicos y los jurados populares decidieron por mayoría condenar a Miguel Ángel Pinque a 14 años de cárcel, por homicidio simple.

En tanto que Miguel Alberto Díaz, quien siguió todo el juicio desde los tribunales de La Carlota, pudo regresar a su casa por sus propios medios, pues la Cámara lo absolvió del delito de encubrimiento, con el voto unánime de jueces y jurados populares.

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