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"Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella"

Manuel Belgrano en palabras.

Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. De joven estudió en el Colegio de San Carlos y luego en las Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 Belgrano se recibió de abogado y ese mismo año, ya en Buenos Aires, fué designado a los 23 años como primer secretario del Consulado. 

Desde allí inició su carrera política y militar que tuvo altos y bajos pero que dejó en claro su profundo amor por la patria. 

Manuel Belgrano murió en la pobreza total el 20 de junio de 1820 en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico, se ocupó de la muerte de Belgrano. Para los demás no fue noticia.

Así pensaba la patria el creador de nuestra bandera:

1. Soy muy amante de que todas las ciencias se sepan por principios y nadie pueda tener conocimiento de aquellas sin estar instruidos en éstos.

2. El hombre, por su naturaleza, aspira a lo mejor, y, por consiguiente, desea tener comodidades y no se conforma sólo con comer.

3. El honor y el premio son los dos resortes más a propósito, para que no se adormezca el espíritu del hombre.

4. Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida

5. El miedo sólo sirve para perderlo todo.

6. Un pueblo culto nunca puede ser esclavizado.

7. No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo.

8. Pues deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás.

9. Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre.

10. Los gobiernos ilustrados, conociendo las ventajas que prometen el premio y el honor, han echado mano de estos principios motores del corazón humano para todas las empresas.

11. Fundar escuelas es sembrar en las almas.

12. El estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y por venir.

13. No busco glorias si no la unión de los americanos y la prosperidad de La Patria.

14. Me glorío de no haber engañado jamás a ningún hombre y de haber procedido constantemente por el sendero de la razón y de la justicia, a pesar de haber conocido la ingratitud.

15. Quiero volar, pero mis alas son chicas para tanto peso.

16. Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos.

17. No hubiese un español que no creyese ser señor de América, y los americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas conquistas.

18. ¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público?.

19. Nadie me separara de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste sólo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos.

20. [Mis ideas] no se apartan de la razón y justicia que concibo, ni jamás se han dirigido a formar partidos, ni seguirlos.

21. Esa paz tan estimable se compra al duro precio de la sangre y de la muerte.

22. La vida es nada si la libertad se pierde.

23. Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos económicos, será sin comercio un país desgraciado, esterilizada su feracidad y holgando su industria.

24. Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos.

25. Su único fin debe ser por un avenimiento… o veremos transformarse el país en puros salvajes.

26. Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos.

27. No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor.

28. No busco el concepto de nadie, sino el de mi propia conciencia, que al fin es con la que vivo en todos los instantes y no quiero que me remuerda.

29. Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos.

30. A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra.

31. Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos.

32. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquéllos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad.

33. Método no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia.

34. Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza.

35. Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro.

36. Todo depende y resulta del cultivo de las tierras; sin él no hay materias primeras para las artes, por consiguiente, la industria, que no tiene cómo ejercitarse, no puede proporcionar materias para que el comercio se ejecute.

37. Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo.

38. Parece que la injusticia tiene en nosotros más abrigo que la justicia. Pero yo me río, y sigo mi camino.

39. Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio son los tres importantes objetos que deben ocupar la atención.

40. Estoy muy acostumbrado a contrastes y más espíritu tengo en ellos que en las prosperidades; me ocurre siempre en éstas que después del buen tiempo viene el malo y en éste que ha de venir aquél.

41. Es preciso contener la venganza y pedir a Dios que la destierre, porque de no ser así, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad.

42. Nada importa saber o no la vida de cierta clase de hombres que todos sus trabajos y afanes los han contraído así mismo, y ni un sólo instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual fuere, debe siempre presentarse, o para que sirva de ejemplo que se emite, o de una lección que retraiga de incidir en sus defectos.

43. El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.

44. En vano los hombres se empeñan en arrastrar a su opinión a los demás, cuando ella no está cimentada en la razón.

45. La sombra de la Junta que traigo conmigo hace prodigios; la Junta será la vencedora, no yo; su nombre sólo con el aspecto de nuestros bravos atrae a los afectos y aterra a los malvados.

46. Que nos entristezcamos o nos alegremos, la mano que todo lo dirige, no por eso va a variar: esta es una verdad evangélica.

47. Los hombres no entran en razón mientras no padecen.

48. En mis principios no entra causar males sino cortarlos.

49. El interés es el único móvil del corazón del hombre y bien manejado puede proporcionar infinitas utilidades.

50. Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase el bien público estaba a todos instantes ante mi vista.

51. La agricultura es la madre fecunda que proporciona todas las materias primeras que dan movimiento a las artes y al comercio.

52. Lo que creyere justo lo he de hacer, sin consideraciones ni respetos a nadie.

53. Se deben poner escuelas gratuitas para la niñas, de se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, coser, bordar, y principalmente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres.

54. Yo no sé más que hablar la verdad y expresarme con franqueza esto me lo he propuesto desde el principio de la revolución y he seguido y seguiré así.

55. Todas las dificultades se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria.

56. El bien público está en todos los instantes ante mi vida.

57. Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido.

58. Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos.

59. Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos en ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia.

60. ¡Juro a la patria y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese renunciado, a fe de caballero, yo le derribaré con mis armas!