Regionales | Italó | Jubilados | servicio

Reclamos de jubilados de Italó, que se ven obligados a viajar para cobrar

La problemática, que viene desde hace años, se profundizó por la cuarentena. La falta de servicio bancario obliga a recurrir a Huinca Renancó. El testimonio de un vecino sobre los gastos y la odisea que viven cada mes

Transcurridos más de 2 meses de la cuarentena, los jubilados y pensionados de pequeños pueblos que carecen de servicio bancario siguen lidiando con los problemas para cobrar sus haberes.

Mientras por un lado se les exige cumplir con el aislamiento obligatorio, por otro están obligados a viajar a la ciudad más cercana, afrontar grandes gastos en combustib, esperar largo tiempo para acceder a un cajero y cobrar sólo el monto que permite la entidad bancaria.

Cansado de esta situación, un jubilado de Italó contó en primera persona la odisea que vive junto a su pareja cada vez que deben viajar hasta Huinca Renancó para cobrar, o hasta conseguir sus remedios o insumos esenciales.

El dinero que se va en viajes

Fernando López comienza relatando que en Italó no hay cajero automático. “Sólo un Punto Bancor en la fundación Sanidad Animal, que ahora por el Covid-19 no atiende, y cuando atiende entrega solamente $ 2.000. Para llegar a la sucursal de Huinca Renancó hay que transitar 60 kilómetros de ida y otros 60 de vuelta, sin medios de transporte público, lo que implica un gasto de más de $ 700 en combustible y un tiempo y un riesgo que para un adulto mayor puede resultar agobiador”.

Este jubilado señala que cobra sus haberes cerca del 29 de cada mes y su cónyuge el 21, lo que implica entonces dos viajes. “Para los primeros días del mes siguiente debemos ir por medicamentos, ya suman tres viajes, y no nos quieren atender por caja, tenemos que ir sí o sí el día que Anses dispone”, puntualiza

Este vecino sostiene además que el cajero tiene “más contaminación que un basural. La última vez que fui, en los primeros días de mayo, no había nadie que los limpiara ni eche alcohol en las manos del que ingresa”. Y si por si fueran poco estas dificultades, se suma el hecho de que hay un límite de extracción de $ 15.000. Por superar este monto, se ve obligado a regresar otro día para retirar lo que le resta de su cobro.

“Y ya perdí la cuenta de cuántos viajes de 120 kilómetros debo hacer, y la platita que se gasta y la salud que se resiente”, asume con resignación.

La espera en la cola afuera del cajero, con frío o calor, sin baño, la resume este jubilado al decir: “No es nada fácil para los viejos que con dolores y achaques propios de la edad deben resistir. No hay ningún tipo de prioridad. Y no todos tienen a quién mandar”.

Como éste, hay decenas de testimonios de vecinos de Italó, así como de Pincen, que cuentan de una problemática que, aunque arrastran hace años, se profundiza en épocas de pandemia.

Sin solución

Consultado el intendente de Italó, Ariel Vidoret, señaló a Puntal: “Esta problemática viene desde que se cerraron el banco y la atención al mostrador. Y no sólo afecta a jubilados sino que como todo se fue bancarizando con el tiempo, tanto a los empleados públicos como para el pago de las tarjetas”, es mucha la gente afectada.

El mandatario indicó que planteó el tema tanto a nivel provincial como nacional, pero la respuesta es que por el momento encontrar una salida es imposible.

La alternativa del cajero automático se frustró tras declararse la pandemia, ya que las unidades que posee la Provincia fueron afectadas a otras comunidades. Y pensar en llevar un servicio bancario privado implica una inversión que la comunidad no puede afrontar.

Vidoret dijo que en cada reunión que mantiene en Córdoba es prioridad plantear esta necesidad. Asume que son muchos los habitantes afectados. “Es difícil llevar a los jubilados a Huinca, y más ahora por la pandemia, con el distanciamiento que se debe cumplir en el transporte, y además respetar los días de cobro por número de documento”.

Este padecimiento que esta vez surge desde Italó, sufren habitantes Pincen, Río de los Sauces, Baigorria, todas comunidades que carecen de servicio bancario.

Los afectados principales, los jubilados, reflexionan: “Somos la población de riesgo a la que quieren cuidar, y al final somos los más expuestos”.