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Las Chilcas: base de maíz para una economía circular con desarrollo para el norte provincial

El grano recorre un extenso circuito hasta que finalmente todo vuelve a empezar. Son 8.400 hectáreas cerca de Rayo Cortado. Feedlot, granja porcina, agricultura y bioenergías, todo en perfecta integración

En 1980, Mario Aguilar ingresó con una máquina en un cerrado campo de monte entre Rayo Cortado y Villa María de Río Seco para abrir el primer camino de lo que 40 años después es un punto destacado dentro de la agroindustria nacional que logra reunir desarrollo económico con sustentabilidad, en un circuito cerrado que tiene al grano de maíz como pieza basal.

Los primeros pasos fueron ganaderos, con cría, pero después de algunos años de trabajo los lotes comenzaron a dar factibilidad para la agricultura y allí apareció la clave de todo un enorme engranaje que hoy funciona a la perfección: el maíz. El emprendimiento fue reconocido ya a nivel provincial, pero la semana pasada se destacó en la jornada inaugural del Congreso Maizar 4.0 que este año se organizó de manera virtual.

Aquel pionero en la zona hoy tiene como sucesores a sus cinco hijos que fueron tomando la posta y construyendo sobre las sólidas bases que recibieron hace poco más de seis años. Las Chilcas hoy es una empresa familiar y un modelo exitoso que combina agricultura, ganadería vacuna, granja de cerdos, y bioenergías en unas 8.400 hectáreas.

“Lo primero que me gusta siempre destacar es que todo esto que se construyó fue sobre la base de lo que hizo mi padre desde el momento mismo en que decidió comprar en la zona las primeras 1.351 hectáreas, todas de monte muy cerrado. Yo lo llamo uno de los primeros colonizadores del norte de Córdoba y referente de la ganadería en la región”, comenzó remarcando Mario Aguilar Benítez, el mayor de los cinco hermanos que tomaron la posta. En su caso puntual, el ingreso a la empresa familiar fue hace una década, después de desarrollarse profesionalmente en el exterior y regresar a la Argentina en 2009. Fue el responsable de diversificar con una granja de cerdos de 500 madres la producción de carne de Las Chilcas.

Pero en aquel inicio ganadero, Las Chilcas empezó a producir carne con Gatton Panic, una forrajera muy buena de alta adaptación en la zona, con la que obtenían unos 8 mil kilos de materia seca por hectárea a lo que luego agregaron silo picado fino de maíz con encierre de animales en invierno, que es la estación más seca, de bajo milimetraje. Al poco tiempo la cantidad de materia seca por hectárea se duplicó y de las 3 mil cabezas a mediados de los ‘90 trepó a casi 10 mil para el ciclo 2002/03. Ya en 2005, el campo estaba destinado a la agricultura y todos los animales habían pasado a encierre. “En ese momento pasamos a un sistema 100% encierre a corral, lo que fue algo adelantado para la región y el país. Incluso con un nutricionista a cargo que era muy novedoso porque no había en ese momento profesionales de esa rama en Argentina. Porque al principio se combinaba con corral en invierno y pasto en verano con un sistema de muy buena productividad, de muchos kilos por hectárea. Pero en 2005 era un campo totalmente agrícola”, detalló a Tranquera Abierta quien hoy lidera junto a sus hermanos la empresa familiar.

Mario recuerda que el feedlot del campo siguió creciendo y alcanzó las 14 mil cabezas y unas 12 o 14 personas que se repartían las tareas entre el campo agrícola y los animales. Unos años más tarde, en 2012, se instala la granja porcina dentro del campo y eso duplicó la cantidad de empleados en Las Chilcas. “Pero además de duplicar la cantidad de empleados sumamos una unidad de negocios que nos permitió agregar más valor a nuestro grano de maíz. La idea siempre fue que todo el grano de maíz del campo saliera en cuatro patas”, explicó Mario Aguilar Benítez. El empresario admitió que se lanzaron a la producción porcina en un gran momento para el sector y eso les permitió en apenas 14 meses recuperar la inversión realizada. “Pasamos justo por los 18 mejores meses para la producción teniendo en cuenta precios y costos”, remarcó. Hoy esa granja produce 15 mil capones por año con 500 madres, aunque el proyecto es alcanzar las 2 mil, para lo que la infraestructura ya está construida.

Pero eso todavía no fue posible porque en el medio se cruzó otro proyecto ambicioso: la planta de alcohol. Para eso fue determinante que en el feedlot se consumiera burlanda húmeda que Las Chircas compraba a Porta en Córdoba o a la etanolera AcaBio en Villa María.

“Cuando la incorporamos fue muy importante porque hasta allí picábamos 700 u 800 hectáreas de maíz, pero después con la burlanda eso se complementó y fue relevante en la dieta. Siempre decimos que es terriblemente importante para un feedlot y lo asemejamos con la siembra directa en agricultura. La burlanda una vez que ingresa no la querés sacar más porque ayuda muchísimo a la productividad y a homogeneizar la dieta”, remarcó Aguilar Benítez. Fue lo que despertó el interés por montar una planta de etanol en el campo ubicado en el departamento Río Seco. Eso sumaba una unidad de negocio bien diferente, industrial, que utilizaba como materia prima algo que Las Chilcas producía: maíz. “Pasábamos a vender energía, alcohol y de paso producir nuestra propia burlanda y así fue que uno de mis hermanos se contactó con Porta y avanzamos en una MiniDest”, contó Mario Aguilar Benítez.

Ya con la planta en marcha, el interrogante fue qué hacer con otro de los subproductos de la etanolera: la vinaza, que primero comenzó a distribuirse en los bebederos del feedlot, compartiendo espacio con los de agua. Pero después también sumó otro nuevo destino: una planta de biogás que se montó y permitió cerrar el circuito perfecto del maíz. Esa planta cuenta con un digestor que se alimenta de los desechos de cerdo de la granja, el estiércol vacuno, la vinaza y animales muertos tanto vacunos como porcinos. Con eso produce gas como elemento principal que se utiliza para la caldera de la destilería que antes funcionaba con GLP pero a un costo mucho más alto. Pero también se obtiene biol que sirve como fertilizante y por lo tanto vuelve al campo para nutrir al suelo en el que se sembrará el maíz, y así iniciar otra vez todo el circuito. “Lo que permitió esta economía circular, cerrar el círculo, fue la planta de biogás”, cuenta el empresario al detallar el largo camino que recorrió la empresa referencia en economía circular que empezó abriendo camino con una topadora hace 40 años, en el norte cordobés.