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Un excombatiente de Malvinas es candidato al premio Nobel de la Paz

Es presidente de la fundación "No me olvides", que junto al aporte de un veterano inglés, Geoffrey Cardozo, realizó una enorme labor por la detección de 115 soldados sepultados en el Cementerio de Darwin. Su nominación fue aceptada por el comité noruego

El argentino Julio Aro y el inglés Geoffrey Cardozo, ambos excombatientes de la guerra de Malvinas, comparten una nominación al premio Nobel de la Paz por su trabajo en la identificación de los cuerpos de soldados argentinos caídos que fueron enterrados en el Cementerio de Darwin. Cardozo fue uno de los encargados del diseño del cementerio y contaba con información de cómo se realizaron las sepulturas, mientras que Aro, desde la fundación que preside, “No me olvides”, impulsó un proyecto con el aporte del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que permitió la identificación de 115 de los soldados fallecidos.

El trabajo de Aro y su fundación fue presentado como nominación desde la Universidad de Mar del Plata al comité noruego que elige el premio Nobel de la Paz. No es la primera vez que lo hace: ya lo habían propuesto años anteriores por su dedicación a determinar la identidad de los caídos en la guerra de Malvinas. Con la difusión de esta incorporación de la candidatura, Aro empezó a recibir numerosos beneplácitos y avales de todo el país en acompañamiento de la nominación.

“El fin de semana me avisaron desde la fundación que aceptaron la propuesta para el Nobel, y si bien el año pasado también fuimos candidatos, este año hemos recibido consultas de todo el país por entrevistas de quienes quieren conocer nuestra historia”, sostuvo Aro, que completó: “Afortunadamente, esta difusión nos ayuda a seguir buscando los compañeros que faltan, ese es el mejor premio, visibilizar la causa, porque más allá de Geoffrey, el inglés, y Julio, el argentino, acá lo que gana es el amor”.

- ¿Cómo es el contacto que tienen con Geoffrey Cardozo?

- Es muy fluido, hablamos siempre; el problema es que a veces me olvido de que vive en Francia y tenemos 5 horas de diferencia, y a veces lo llamo muy tarde. Pero estamos siempre en contacto; ahora más que nunca porque seguimos con los informes. He viajado muchas veces a visitarlo, conozco a sus hijos, se formó una amistad que es hermosa y nunca podría considerarlo un enemigo.

- El trabajo de la fundación ya tiene años de desarrollo.

- Empezamos en 2008 y en 2009 nos constituimos legalmente, y si bien el objetivo principal es el de la identificación de los caídos, en el camino hicimos cientos de cosas: apadrinamos escuelas, llevamos alimentos, remedios, repartimos camas ortopédicas y sillas de ruedas a todo el país. Hay mucha gente que quiere colaborar con la fundación desde su lugar y trabajan en nombre de la ONG porque no se pide dinero ni nada. Buscamos el aporte de quienes quieren ser voluntarios y no encuentran cómo. Ahora lanzamos una campaña de donación voluntaria de sangre. Es un trabajo que me encanta.

- ¿Cuentan con el acompañamiento de otros excombatientes? ¿Cómo es el vínculo con las asociaciones del país?

- No, la verdad que los excombatientes tenemos el problema de estar muy divididos, en cada ciudad hay dos o tres centros. No es algo para criticar o juzgar, porque cada uno de nosotros salió de la manera que pudo y no de la que quiso. Muchos se dedicaron a las adicciones porque no han sabido salir de otra forma, y tal vez lo mío también es nocivo, porque de 24 horas del día le dedico 26 horas a este trabajo. El que quiera acompañar puede hacerlo, no le pedimos nada a nadie, el que quiera estar tiene que hacerlo con el corazón.

- ¿Sí hay mucho apoyo de la familia?

- Sí, la familia que te banca, te entienden. Yo no vivo de Malvinas por ser un veterano, sino que vivo por Malvinas, es una diferencia entre la “S” del signo de Malvinas con la “$” con palito del signo pesos. Invierto mucho de mi dinero a esto para viajar y acompañar porque es lo que me hace bien, y me lo paga el abrazo de una madre que me agradece lo hecho.

-¿Cómo fue la experiencia del proceso que llevó a la identificación de los cuerpos? ¿Cuánto influyó la intervención del músico Roger Waters en todo esto?

- Waters fue fundamental en este proceso, porque nosotros teníamos todos los papeles, todos los datos, habíamos hablado con todo el mundo, pero no habíamos podido llegar al Estado, que en aquel momento estaba Cristina Fernández. Llegábamos hasta altas esferas, pero no nos dejaban llegar a la presidencia por los costos que podía implicar. Se nos ocurrió escribirle a Waters en una oportunidad que venía a tocar, y le pedimos subir al escenario con una pancarta y nos dijo que no, que en su lugar iba a entregarle a la presidenta una carta que nosotros escribiéramos. Así fue; cuando se juntaron le manifestó nuestro pedido, inmediatamente después nos llamaron para conocer nuestro trabajo y nos pidieron que juntáramos a algunas madres que quisieran participar de la identificación a modo de aval. Así fue como salimos a varias ciudades y en menos de 5 días teníamos 10 cartas. Al día de hoy mantenemos el vínculo con Waters, que nos pregunta siempre por las madres de Malvinas y en la última visita homenajeó a 100 madres en su show.

- El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es reconocido a nivel mundial, y en esta intervención fue clave para la identificación de los soldados caídos. ¿Cómo se vivió de adentro esa labor?

- Son seres superiores, no por la calidad científica que tienen, sino que por la calidad y capacidad humana. Son más humanos que científicos. Cuando iban a sacar la muestra de sangre a las familias les daban una paz tal que ayudaba mucho a los padres. Se los vio siempre comprometidos con la causa, buscaban, insistían, y así todas las identificaciones se dieron con el 98,7% de certeza. Son grandes profesionales que se emocionan mucho. Nos llevaron a hablar por otros países y pudimos ver cómo hablaban con tanta dedicación y poniendo al ser humano por delante.

- Ha podido volver a Malvinas después de la guerra, ¿cómo se siente el regreso a la isla?

- He viajado 9 veces, y no hay ningún viaje igual que otro, son todos distintos, el que voy solo o el que voy con mi hija, el que viajo con los padres o las madres, o en este último, en el que llevamos a una madre y conseguimos un helicóptero porque está en silla de ruedas para que pudiera llegar al campo. Cada viaje que hago intento traer a ese Julio que se quedó en el ‘82, y aunque sé que no lo voy a traer entero, cada vez vuelvo más liviano con la mochila.

- ¿Cuántos años tenía al ir por la guerra?

- Tenía 19 años, como soldado y estuve los 74 días en la isla. Me tocó estar en Puerto Argentino, no estuve en los enfrentamientos ni me tocó disparar, gracias a Dios. Teníamos ataques aéreos. Cada uno hizo lo mejor que pudo en el lugar que estuvo, me tocó estar ahí y convivir esos 74 días con incertidumbre y ganas de que se terminara. Nos robaron la juventud, porque cuando volvimos no me juntaba con los chicos de mi edad sino que con personas de 30; me robaron la adolescencia, porque mis compañeros tenían otros intereses y sólo encontraba apoyo en gente mayor, con quienes teníamos charlas más profundas, de lo que era estar espalda con espalda con un compañero, de compartir un pedazo de pan, de leer 8 veces la carta de tu vieja.

-¿Cuándo conoció a Cardozo?

- A él lo conocí porque no sé hablar en inglés, y en 2008, cuando fui con el proyecto de “Identidad Compartida”, en la que juntábamos a madres de caídos argentinos e ingleses, lo pusieron a Geoffrey como traductor. Cada vez que terminábamos una reunión hablábamos con él y le manifestábamos que al ir a la isla no entendíamos lo que decía en el cementerio, dónde estaban mis compañeros. Él nunca decía nada hasta el último día, en el que nos comentó quién era y qué había hecho. Nos indicó que tenía algo para nosotros y nos dio el “Informe Cardozo”, donde informa sobre el lugar en el que encontró los cuerpos, cómo los trató, cómo los cuidó, los limpió y envolvió, cómo los enterró y a qué distancia de cada cruz. Ese informe nos permitió que descubriéramos a un amigo, en la parcela A115, Gabino Ruiz Díaz, y fuimos a buscar a su madre para que nos diera su muestra de sangre como para identificarlo.

- Más allá de su vínculo con Cardozo, ¿cómo era su sensación para con el pueblo inglés?

- En un comienzo era de mucha bronca y rencor, no quería viajar a Malvinas con un pasaporte, algo que les pasa a muchos compañeros. Sin embargo, cuando pude viajar a encontrarme en 2008, me saqué una basura importante que tenía en mi espalda y me liberé, me sané. Ir a Malvinas a buscarme me ayudó a sanar, allá comprendí mucho más y no tuve más problemas. El problema lo tienen los Estados, no la gente.

- ¿A esto se refiere cuando apunta a que les robaron la adolescencia en relación a quienes idearon la guerra?

- Sin dudas, porque estábamos terminando el colegio, pensando en el egreso, y nos mandaron a la guerra, con todo lo que eso significa. Y cuando volvimos, quienes tenían que contenernos no lo hacían. Éramos los “loquitos de la guerra”, no podíamos hablar de lo que nos pasaba. A mí me robaron varios años.

Aro se refiere al impacto que generó la noticia de su candidatura al Nobel en el contexto actual, y asegura que le llama la atención la repercusión que tuvo. “No encuentro explicación, pero creo que en los medios se ven pocas noticias lindas, hay exceso de información que desorienta a todos, somos extremistas en muchas cosas y todos se convierten en opinólogos, a lo que se suma la pandemia que nos ha sensibilizado a todos; creo que todo eso influyó, porque ni siquiera cuando tuvimos los primeros reconocimientos nos pasó esto”, comentó el presidente de “No me olvides”.