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Con la bendición de Schiaretti

Los propios funcionarios admitieron que fue una reacción necesaria ante una situación financiera que, caso contrario, se hubiera complicado. La decisión se conoció recién con el Boletín Oficial. Por: Mariana Corradini.  

El propio intendente Martín Gill calificó como “durísimo” en materia económica al año que terminó, tanto para las familias como para la administración pública. Fue tan duro que tuvo que echar mano de la actualización tributaria que permite la Ordenanza Tarifaria, para sumar en diciembre un incremento del 15 por ciento a las tasas, exceptuando a los comercios para evitar la reacción que seguramente eso hubiera significado.

Los propios funcionarios admitieron que fue una reacción necesaria ante una situación financiera que, caso contrario, se hubiera complicado. De la decisión se enteraron los vecinos al recibir el cedulón los primeros días de diciembre ya que no se informó previamente, la oposición ni se dio cuenta y el decreto que estableció la suba por ese mes se conoció recién la semana pasada cuando se publicó el Boletín Oficial 188, que es el mismo que contiene la Tarifaria 2019 donde sigue firme el mismo artículo que habilita la actualización en los montos de tasas e impuestos sin necesidad de contar con el aval del Concejo Deliberante. 

Otro reflejo de la complejidad de la situación la da otro decreto que está en el Boletín Oficial,  y que es el que extendió hasta el 15 de este mes el plan de regularización de deudas que se lanzó allá por septiembre del año pasado, cuando también se anunciaron medidas tendientes a reducir el gasto. Fue cuando además se conoció que la recaudación no se había reducido sino que, por el contrario, en valores monetarios había crecido un 23 por ciento interanual, pero con una inflación acumulada a septiembre que ya alcanzaba un 31,8 por ciento, y que finalmente cerró en torno del 50 por ciento.

Esa moratoria se fue prorrogando un mes tras otro, hasta que venció el miércoles pasado. Fue tal la amplitud de esa moratoria que incluyó hasta deudas no tributarias, como por ejemplo las ocasionadas por multas impagas. 

Si bien nada se conoce todavía del resultado, seguro que la iniciativa aportó aire fresco a las cuentas municipales en un año complejo por la recesión, el impacto inflacionario, la devaluación y el incremento de la demanda social que se triplicó.

Gill dijo días atrás que si bien el INDEC habló del 50 por ciento de inflación, si el análisis se hace por rubros, centrándose sobre todo en los que más demanda la Comuna como alimentos, el porcentaje es mucho mayor. 

Así y todo, y  según indicó la secretaria de Economía, Daniela Lucarelli, el año cerró con superávit y pudieron revertir un déficit que se había insinuado en el tercer trimestre y que fue, por lo que señaló, de 2,4 millones de pesos, que es una suma no muy relevante para los 1.675 millones de pesos del presupuesto 2018 (que seguramente tampoco se ejecutó en su totalidad).

La responsable de las cuentas públicas admitió que para que se dé el cierre superavitario mucho tuvo  que ver la moratoria y la plata que viene de la Provincia de las obras.

Otra vez la Provincia como actor fundamental, en una participación que el propio jefe comunal no disimula ni esquiva, sino que evidencia siempre que puede. Y esta semana los hizo claramente en dos situaciones. Así después de pasar un par de días recorriendo provincias vecinas y localidades turísticas de Córdoba para presentar el Festival Internacional de Peñas, que este año viene bastante más desinflado tanto en lo que hace a la grilla como a la venta de entradas, el intendente dedicó parte de su agenda a recorrer obras que mayoritariamente se hacen con fondos provinciales. Lo hizo junto a la prensa, de manera de mostrar que siguen en marcha, que esas que visitó no se detienen, y ponerse a tono con el discurso oficial sobre que más que en candidaturas está pensando en la gestión, tal como explícitamente afirmó.

La otra señal es el reconocimiento público de que consultará al gobernador Juan Schiaretti antes de tomar una decisión sobre la fecha para las elecciones municipales, porque quiere mantener la “sinergia” aun en materia de cronograma electoral. Lo admitió aun sabiendo que generaría repercusiones en otros sectores políticos, tal como rápidamente pasó.

Es que esa bendición del gobierno cordobés es la que le da la tranquilidad de que el candidato del peronismo en Villa María será él, lo demás son fuegos de artificio. Si bien a nadie escapa el alto perfil que el exintendente Eduardo Accastello mantiene con la mirada puesta en el Sillón de Viñas, el propio exjefe comunal sabe que no podrá llegar muy lejos excepto que defina nuevamente romper con el peronismo y cortarse solo como candidato, cosa que a esta altura parece muy poco probable. 

Mientras tanto, por estos días la agrupación peronista Compromiso Federal lo impulsa otra vez como candidato a gobernador, situación que hasta el propio Gill evidenció al menos por un rato en su estado de WhatsApp al compartir el link de un Twitter del sector.

La interna está al rojo vivo más allá de los intentos recientes de suavizarla, incluso con esa reunión en el Palacio Municipal, pero casi todos confían en que la sangre no llegará al río y que tarde o temprano ambos sectores fumarán la pipa de la paz. También saben que separados tienen más para perder.

En la otra vereda, la de Cambiemos, es poco lo que es ve y escucha, con más movimiento del lado de la Unión Cívica Radical que este año buscará ganar con sus propias cartas y sin quedar condicionada por el juego impuesto desde la coalición que gobierna el país y de la que son parte.

A medida que los días corran los tiempos se acelerarán para todos, y será el momento de las definiciones. La de la fecha de los comicios municipales será la primera en llegar.



Mariana Corradini.  Redacción Puntal Villa María

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