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Un ejercicio perfectible

El debate electoral cobró importancia en nuestro país a partir del año 2015 con la irrupción del formato Argentina Debate. La sociedad argentina, tal cual un partido de la selección nacional, se paralizó para seguir el histórico mano a mano entre Mauricio Macri y Daniel Scioli, previo al balotaje. 

Se trata de un ejercicio extraordinario para comparar proyectos, modos de entender la política, la gestión pública y la orientación ideológica de los candidatos. Si bien hubo en la ciudad otras valiosas experiencias de debates televisados, ninguno siguió las reglas del Argentina Debate. La organización estuvo a cargo de la Fundación Cieso, del Grupo Gesta, y contó con el apoyo de 21 medios de comunicación de la ciudad (web, radios, televisión y gráfica).

El formato condensa en pocos minutos aspectos fundamentales de la vida comunitaria. En Villa María Debate hubo tres ejes centrales, más un tema libre. Los 9 candidatos expusieron sobre educación, salud y economía, en ese orden, y para el último bloque cada uno resumió en apenas un minuto su proyecto político y de gestión.

Tal vez el tiempo para desarrollar cada temática es muy breve y cuesta en 60 segundos formular un plan de gobierno en cualquiera de las materias mencionadas. Pero también permite dejar en evidencia que a muchos candidatos les sobró el minuto que la organización dispuso para cada intervención.

A excepción de algunos postulantes, cuya presencia en la política lleva más tiempo y formación intelectual, la mayoría careció de ideas en la formulación de propuestas y en el modo de transmitirla. Tampoco entendieron el formato, ya que la pregunta de un candidato hacia otro permitía romper con ese libreto, aunque ninguno incomodó a otro. Por el contrario, y hablando en términos futboleros, “le tiraba centros” a su contrincante para que se luciera.

Un debate es un intercambio de ideas, pero en esta primera experiencia no se vio reflejado ese espíritu. Cada postulante llevó su libreto, dijo lo que quería, a veces confundiendo las competencias propias de un Municipio, pero no supo aprovechar el momento de la pregunta. Allí podría haber aparecido lo innovador.

Por eso el título de esta opinión. Es un buen ejercicio, pero perfectible. No alcanza sólo con tener intensiones de ser candidato a intendente, también hay que trabajar en ese sueño. Ser intendente de una ciudad de más de 80 mil habitantes no es una aventura, es una responsabilidad demasiado grande. No puede haber lugar para improvisaciones.

El intendente Martín Gill salió airoso del debate, nunca lo incomodaron con las preguntas. Tampoco le cargaron demasiadas críticas durante las intervenciones. En realidad, cada uno atendió su propio juego e hizo lo que pudo de acuerdo a su libreto previamente estudiado.

Ahora es la ciudadanía la que elegirá el próximo domingo los destinos de la ciudad para los próximos 4 años. El debate permitió conocer, a grandes rasgos, las propuestas de cada partido. Insisto: buen ejercicio, pero perfectible.



Martín Alanis. Redacción Puntal Villa María

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