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Sobreviviente de los Andes: "La pandemia es la cordillera de hoy"

Gustavo Zerbino es uno de los jugadores de Old Christians que permaneció 72 días en la cordillera luego de un accidente aéreo. Allí superaron el hambre y temperaturas de más de 40 grados bajo cero. Asegura que ante contextos de crisis como el actual es necesario actuar en comunidad, dejando de lado egoísmos y valorando los recursos que se tienen.

“La pandemia es la cordillera de hoy”, dice el uruguayo Gustavo Zerbino. El 13 de octubre de 1972, junto a sus compañeros del equipo de rugby Old Christians, se estrelló con su avión en medio de la cordillera de los Andes. Eran 45 personas las que viajaban y, tras 72 días en medio de la nieve, sobrevivieron 16. Ante un contexto de crisis como el actual, Zerbino toma su experiencia para asegurar que es necesario conectarse con los pensamientos y emociones, y dejar de ver el mundo de manera egoísta, actuando de manera conjunta.

La historia de “la tragedia de los Andes” fue algo que siempre me asombró: cómo el ser humano se hace fuerte en contextos tan adversos, y cómo pensarse de manera colectiva, con el aporte de cada individuo, puede superar cualquier adversidad. Por supuesto que el hecho de que fueran jugadores de rugby le sumó siempre un condimento especial en mi atracción hacia los hechos de aquél accidente, cuestiones que se mencionarán en el transcurso de la nota.

Ante un escenario de crisis como el que vive el mundo actualmente con la pandemia de Covid-19, hecho que modificó hábitos en todos lados, cambió rutinas y nos afectó de diversas maneras, pensé en quiénes podrían haberse enfrentado a crisis consideradas imposibles, y aún así haberlas superado. En comunicación telefónica desde su hogar en Uruguay, Gustavo Zerbino compartió sus reflexiones sobre cómo se ha encarado la pandemia en distintos países. Comentó que suele practicar yoga y con frecuencia medita, y a lo largo del diálogo insistió en varias oportunidades sobre la importancia de valorar las emociones. Esto ya brinda una respuesta de cómo encarar este contexto, pensando en darle lugar a lo que tenemos a mano y aprender de la adversidad.

“Esto que está ocurriendo parece una película futurista o de terror; nadie podía prever que el mundo se detuviera de esta manera, y lo que tenemos que aprender de estas cosas es que el mundo andaba en una velocidad vertiginosa, donde la sociedad de consumo creaba la necesidad y luego un producto que la satisfacía, con la gente corriendo detrás de cosas que eran inalcanzables”, sostuvo Zerbino, y aseguró: “La gente pensaba que no estaba presente, que se encontraba lejos de su familia, de quienes quería. Hoy el mundo se paró, por algo que no se puede ver, y comienza a pensarse en el valor de lo visible y lo invisible”.

- ¿Qué se puede aprender de un contexto de crisis como el actual a partir de su experiencia?

- Hoy estamos en nuestras casas, encerrados ante una pandemia por un virus que tiene una gran velocidad de contagio, y con un gran desconocimiento que produce miedo y angustia que la gente no sabe cómo manejar. Lo que debemos hacer ante este escenario es como lo que nos pasó a nosotros en la cordillera: en un segundo estábamos en un medio desconocido, con 40 grados bajo cero y sin ninguna información. Sufrimos muchísimo, las primeras 24 horas gritábamos, despotricábamos, hacíamos de todo y el dolor era cada vez más grande. Después aprendimos que hay algo que se llama “estado de aceptación”, que no es mental, está en el corazón, y en vez de quejarte empezás a agradecer que estás vivo. Es lo que debemos hacer, agradecer que estamos vivos, estamos todos en una gran tormenta, en el mismo mar pero no todos en el mismo barco. Yo estoy en mi casa con mis hijas, trabajo por Internet, y el mundo continúa, pero hay gente que no tiene trabajo, no tiene comida, esa gente vive los 365 días del año en una pandemia real. Acá aprendimos a ser solidarios, permeables, receptivos, y ver que hay realidades que son peores que la nuestra.

En este sentido, consideró que es fundamental ocuparse, en lugar de preocuparse, por lo que está dado, y mantener actitudes correctas. “En Uruguay prácticamente se está retornando a la vida normal, simplemente basados en valores que hacen la diferencia. Nosotros en la cordillera le demostramos al mundo cómo seres humanos totalmente distintos, pudimos encontrar la unidad con un objetivo común”, explicó con la experiencia del país vecino, y señaló: “Uruguay hizo lo mismo, un país pequeño, muy respetuoso, con el apoyo incondicional del pueblo a lo que determinó el presidente, trabajando juntos y aceptando que hay un solo conductor, como si fuera el técnico. Se reunió con los especialistas y se le dio a la gente una sola versión, porque si a la gente le das 500 opciones, la confundís. La única vacuna que hay para el mundo es la confianza, el respeto y la solidaridad. El uruguayo hizo uso de lo que le pidió el presidente, que es la libertad responsable”.

- ¿Qué implica esa responsabilidad?

- Cuanto más te movés en la ciudad, más se mueve el virus y más gente se contagia, por lo que para proteger a su abuelo, a su madre, a su vecino, el uruguayo se quedó en la casa. Hoy estamos transitando un camino que será muy largo, pero el país va a seguir funcionando. Pero hay que tener cuidado, porque los otros días llegaron a Punta del Este en un buquebús 200 argentinos con 4 infectados; si se mueve la gente hay que asegurarse de que está bien. De todas formas, es una buena oportunidad para el mundo, porque por primera vez todos los países y científicos están trabajando en equipo. Esa es la cordillera de hoy, con un enemigo común. Nosotros nos enfrentamos al frío, al hambre, y ahora tenemos un virus que si tomamos los recaudos podremos dar vuelta la página prontamente.

- Al trabajar en equipo, ¿cuán importante es actuar dejando de lado los egoísmos?

- Antes había una guerra en China y te enterabas dos años después. Ahora estamos en un mundo globalizado, al mismo instante estamos todos informados y el miedo corre como el fuego, se expande a una gran velocidad. Nosotros en la cordillera transformamos el “yo” en “nosotros”, y teníamos un solo objetivo que era que todos sobreviviéramos. Por esto construimos una sociedad solidaria, donde los bienes pertenecían a la comunidad, las normas aparecían y desaparecían por sí solas. Había que respetar y trabajar en equipo, cada uno de acuerdo a su potencial, como en el rugby: el alto, el gordo, el petiso, el lento, el rápido, todos tienen un puesto para jugar. En esta sociedad todos tenemos que jugar para que ese “yo” se transforme en “nosotros” y poder convivir de una manera distinta.

Zerbino consideró que este cambio a nivel mundial debe mantenerse, porque de lo contrario será complicado salir adelante. Aseguró, en tanto, que fue muy importante para el equipo que estuvo en la cordillera haber venido de un ámbito como el del rugby: “Gracias a Dios lo éramos, porque había un capitán que era el que ponía orden, incluso lo seguían los que venían en la delegación y no eran parte del equipo; además, es un deporte que enseña que el árbitro siempre tiene la razón, por más que se equivoque, y eso da cuenta de que no importa lo que pase, hay que seguir haciendo lo correcto por los motivos correctos, y también que en la vida hay que levantarse sin importar las veces que uno se cae”, sostuvo.

En este sentido, resaltó valores como el del trabajo en equipo, el contacto y la perseverancia, “el saber que al terminar un partido hay un tercer tiempo en el que compartís con tu adversario, y nosotros nos hicimos amigos de la montaña, porque mientras era un enemigo que no conocíamos, nos daba mucho miedo, y dejamos de pelearnos con ella y nos fusionamos, empezamos a ser parte del frío, de la nieve, del viento”, dijo y agregó: “Acá si tenés frío te abrigás y listo, allá no podíamos hacer nada, estábamos a 40 grados bajo cero y era horrible, pero cuando hacían 30 bajo cero estaba divino; uno aprende a relativizar”.

Enfrentar la adversidad

“La capacidad del hombre es ilimitada, y hoy ante cualquier desafío nos quejamos, decimos que no podemos hacer nada, demandamos al Gobierno, pero a nosotros nos abandonó el mundo entero que nos dio por muertos, una noticia fuertísima que, como dijo Gustavo Nicolich, era una noticia mala y una buena, que no nos buscaban más, y que desde allí dependíamos de nosotros mismos para salir”, ejemplificó Zerbino sobre lo que los hizo responsables de su realidad. “Uno puede ser víctima o protagonista, juzgar y criticar desde un lugar de soberbia a todos los que no hacen lo que uno, pero también se pueden crear cosas nuevas, aceptar que la adversidad desarrolla la creatividad”, reflexionó, al tiempo que ejemplificó con todo lo que armaron con los restos del avión: lentes, guantes, bolsas de dormir, gorros, hamacas, entre otros.

- Para enfrentar un contexto de crisis como el actual, ¿ayudan la reflexión y el análisis dentro de uno mismo?

- Lo que pasa es que nosotros tenemos un conocimiento enciclopédico de información sobre ríos, ciudades, capitales, pero toda esa información está en Google; lo que hay que aprender es a discernir lo esencial de lo secundario. A pensar, a soñar, a crear, a darte cuenta que no tenés techo, algo que también pudimos demostrarle al mundo, que nosotros no éramos seres extraordinarios, sino que éramos personas comunes que hicimos cosas extraordinarias porque nos conectamos. Allí se entiende que lo que importa en la vida es el viaje, disfrutar del instante, estar presente, trabajar por desafíos. Hay que conectarse con los pensamientos y emociones internas, porque si a eso lo hacemos mal, terminaremos como el mundo entero, que lo único que hace es leer las maneras en las que nos vamos a morir, a infectar, y los muertos de Alemania.

El sobreviviente del accidente de los Andes destaca la importancia de saber valorar las cosas positivas que pueden surgir de este contexto y ante medidas como las de aislamiento social. “No hay que ser terco y tratar de enderezar bananas, la realidad no es como yo quiero, sino como es, y a partir de la información de esa realidad que nos dan los sentidos, tenemos que obrar en consecuencia”, indicó y agregó: “Si uno no acepta esa realidad, con infinitos ideales, en el medio se encuentran el dolor, la angustia, la ira de no aceptar la realidad tal cual es, pero cuando dejamos de pelearnos con la mente y nos conectamos con los sentidos, vemos que si llueve e insultamos no dejará de llover, por lo que tenemos cómo hacer para concretar lo planeado de una manera distinta”.

Desde hace años forma parte de Rugby Sin Fronteras, fundación que creó junto a Bautista Segonds y con la que han intentado transmitir los valores del deporte en contextos de conflicto. “Queríamos demostrar que lo imposible estaba en la mente, nos proponíamos proyectos y los cumplíamos, así fue como en Palestina jugaron un partido de rugby judíos y árabes, en Cuba jugaron estadounidenses y cubanos, hicimos un partido con jugadores de todos los países que participaron de la Segunda Guerra Mundial, hicimos partidos en Malvinas y en Londres con excombatientes de la guerra”, recordó Zerbino y luego reflexionó: “En el presente hay que ir hacia el pasado, asumir cada uno su parte del error, pedir perdón, y a partir de allí tener un futuro común”.