Opinión | pablo-correa |

Política y economía

Como viene sucediendo desde hace más de un año, la economía argentina continúa deslizándose por un tobogán. Lo marcan los últimos datos. Por: Pablo Correa.

A medida que se acercan las Paso -aunque por estos días se ponga en duda su realización- la economía cada vez se tiñe más de política y viceversa. Noticias que parecen de alto impacto pasan raudamente por la agenda mientras que otras, tal vez de menor significación, permanecen más tiempo. 

Como viene sucediendo desde hace más de un año, la economía continúa deslizándose por un tobogán. Dos datos conocidos la semana pasada marcan a fuego el momento. Uno se relaciona con el producto interno bruto (PIB), que en el primer trimestre de 2019 tuvo una baja del 5,8% con respecto al mismo período del año anterior y del 2,0% frente al cuarto trimestre de 2018. La información elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) da cuenta que la industria manufactura cayó el 10,8 por ciento;  el comercio mayorista y minorista 12,6 y el consumo privado decreció un 10,5 interanual. Cabe señalar que el ya distante primer trimestre del año pasado (frente al que se contrastan los datos en el citado trabajo) el PIB había crecido a una tasa del 4,1 por ciento. Por ese motivo probablemente los próximos indicadores cambien de signo, aunque lo harán frente a un producto sensiblemente menor.

El segundo dato está estrechamente vinculado al precedente. El mismo día en que el Indec difundió el cálculo del PIB también hizo lo propio con la tasa de desocupación en aglomerados urbanos. Demasiado para una jornada.

“Mientras que las tasas de actividad y empleo no experimentan variaciones estadísticamente significativas, el aumento registrado en la tasa de desocupación reviste significancia estadística tanto en la comparación con el trimestre anterior como en la comparación con el primer trimestre de 2018”, explicó el organismo nacional en el mismo estudio en que dio a conocer que el desempleo llegó al 10,1 por ciento, comparando los primeros trimestres de ambos años.  

De tal manera, la desocupación creció un punto porcentual, arrastrando a 220.000 personas. En total, el flagelo afecta a 1.920.000 argentinos. 

Igualmente, la historia se escribe con diferentes insumos. 

Sobre el filo del pasado viernes el Ministerio de Hacienda de la Nación divulgó el informe sobre seguimiento del resultado fiscal correspondiente al mes de mayo. La información relevada indica que la cruzada que se planteó el gobierno en función a sus objetivos (más allá de la valoración que cada uno tenga de ellos), ofrece algunos resultados. 

Así, el superávit fiscal primario de mayo -excluye el pago de intereses de la deuda- llegó a $25.974 millones, revirtiendo un resultado negativo del mismo período del año anterior (-7.818). La diferencia entre ingresos totales y gastos primarios fue de 17,5 puntos porcentuales. El reverso lo constituye el pago de intereses de la deuda, que un año se incrementó el 231 por ciento.

Lo importante

Cuando se analiza la realidad muchas veces se insiste en separar lo urgente de lo importante, algo que muy rara vez ocurre en estos pagos. Se trata de un problema que conspira contra las posibilidades de una construcción colectiva que logre ciertos acuerdos básicos. 

La promulgación de la llamada Ley de Economía de Conocimiento es un ejemplo. Tal como informó PUNTAL VILLA MARIA recientemente, el impacto que tienen las empresas emergentes vinculadas a las tecnologías es sumamente significativo y podría generar hacia el 2030 unos 2000 puestos de empleo en la ciudad. Pero para que ello ocurra hay que cambiar parte de la matriz educativa. 

Raúl Di Giovambattista, presidente del Cluster Impulso Tecnológico (Ex Cluster TIC Villa María), afirmó en un programa de la televisión local que en la actualidad no hay recursos humanos capacitados para cubrir los puestos de trabajo que demandan empresas de la región. Ajustar la oferta e incentivar determinadas opciones educativas excede los límites regionales, pero de su concreción depende que esos espacios logren ocuparse. Bajo esa mirada deberían alinearse los distintos estamentos, empezando por lo que tienen decisión en la materia.

Otras informaciones pueden impactar en las empresas de la zona y requieren atención. La semana pasada se difundieron datos que golpean al sector lechero que, como se sabe, se encuentra atravesando un buen momento de recuperación. 

El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla) indicó que el consumo durante el primer trimestre de 2019 cayó 12,5 por ciento. Los productos de mayor valor agregado fueron los que evidenciaron una baja más elocuente, como las leches chocolatadas o saborizadas -que lo hicieron a un 44,6 por ciento- y los postres y flanes, que descendieron el 29,9. 

A pesar del mercado interno, fotografiado con precisión en los estudios del Indec,  la recuperación de la producción y la industria se basó en dos pilares: caída del volumen de leche e incremento de la exportación. Esos fundamentos también están amenazados.  

La última licitación de la cooperativa neozelandesa Fonterra -referente del mercado internacional de productos lácteos- volvió a exhibir una tendencia bajista, llevando el precio de la tonelada de la leche en polvo, que es el principal producto de exportación, a USD 3000. Ese valor es el límite para comercializar con rentabilidad. Según Pablo Villano, presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel), con ese parámetro no debería pagarse por la leche al productor más de $13 por litro, bastante menos de lo que actualmente recibe. La gran pregunta es qué sucederá cuando aumente la producción de leche (ocurrirá más temprano que tarde) si la tendencia en ese mercado se mantiene. Otro tema para analizar con anticipación. 

Verde

En medio de informes sobre la economía real y la situación fiscal, un capítulo ineludible es la evolución que está teniendo el dólar, que sorprende a todos. Aunque más relacionado con razones externas, ya que la moneda norteamericana se ha depreciado en el mundo, lo cierto es que un par de meses atrás nadie a esta altura de la incertidumbre electoral esperaba que baje en las pizarras de la city porteña. Y el viernes el billete verde cotizó en Banco Nación a $44,80 (el promedio del Banco Central quedó incluso más abajo) cayendo $1,20 con respecto al cierre semanal anterior. Tal vez por eso muchas noticias que marcan fuertemente la situación cotidiana se fagocitan rápidamente. Pasan los años, pero algo sigue inalterable: Argentina siempre piensa en verde. 

TEMAS: pablo-correa
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas