Villa María | parroquia | sabastian-luna |

“Esta parroquia, al igual que el papa Francisco, te exige mucho trabajo social”

Hace cinco años que el padre Sebastián Luna se hizo cargo de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes. Profesor de Teología en el seminario y misionero incansable habló del desafío de hacer una iglesia de puertas abiertas

En la biblioteca del padre Sebastián conviven los libros de San Agustín con las fichas del merendero; las de cientos de chicos de barrio Botta y San Nicolás.

Y esa “convivencia editorial” es inevitable, ya que este joven párroco además de tener a cargo una de las parroquias con más alcance social de la ciudad, dicta clases de Teología en el seminario de Río Cuarto.

-¿Cuál es el secreto para hacer dos tareas tan disímiles? 

-La clave es levantarme muy temprano. A esa hora puedo estudiar en silencio y preparar mis clases. Porque a partir de media mañana hay mucho trabajo para hacer aquí; no sólo eclesiástico sino también social; como los merenderos y las clases de apoyo...

-Los mismos que antes eran comedores ¿no?

-Sí. De hecho gestionábamos dos comedores, uno en el Centro San José de barrio Botta y otro en el San Nicolás. Pero a partir del 2016 nos cortaron el presupuesto de parte de Provincia. Hoy contamos sólo con la cuarta parte, que proviene de la Iglesia y las donaciones. Y decidimos priorizar el apoyo escolar, atendiendo las necesidades de unos 130 niños que van a hacer los deberes y merendar.

Apuntes sobre la pobreza

-¿Considerás que no era importante el comedor?

-Sí, pero mucho más importante era y sigue siendo el apoyo escolar. Te digo esto porque en esta ciudad ningún chico pasa hambre. En Villa María, la pobreza no es algo tan material como cultural. Y mal que mal, todos los chicos comen en la casa o hay redes de ayuda que funcionan muy bien. Porque a pesar de tener dinámica de ciudad, por suerte en el tema solidario, Villa María sigue funcionando como un pueblo. Además, durante las clases de apoyo, les damos una merienda suculenta que en muchos casos suple la cena. 

-¿Y las clases son un estímulo?

-El apoyo los ayuda a los chicos a tener confianza en sí mismos. Tenés que pensar que muchos vienen de familias cuyos padres no terminaron sus estudios. Y lo peor no es la negación del entorno sino la propia; cuando sos vos el que te decís “no puedo”. Y para mí, sembrar esa confianza es más importante que una cena, esa que mejor o peor, tendrán de todos modos.

Abrir la puerta a la juventud

-Contáme cómo está la feligresía barrial...

-Si bien la parroquia comprende a cinco barrios que son Ameghino, San Nicolás, Carlos Pellegrini, Botta y Nicolás Avellaneda, tiene una significación para toda la ciudad. Y esto se debe, sobre todo, a la memoria del padre Hugo. 

-¿Cómo?

-Quiero decir que a la parroquia viene gente de todos lados, sobre todo en tiempos de novena, que tendrá lugar entre el 2 y el 11 de febrero. Incluso muchos te saludan y te dicen “padre, somos de Villa Nueva”. Pero también ves caras nuevas en todas las épocas del año. Esta parroquia trasciende ampliamente el barrio.

-¿Cuáles son tus desafíos para el año en curso?

-Hay un ítem que considero crucial y es atraer al mundo juvenil. Si bien hubo algunos avances en barrio San Nicolás con un grupo de chicos, hace falta un crecimiento para la sede parroquial. 

-¿Y a qué se debe la deserción?

-A que el mundo juvenil ha cambiado mucho y muy rápido. Y reclama que seamos más creativos. Creo que como iglesia, aún no nos hemos adaptado a las necesidades de los jóvenes. Es decir, de saber ofrecerles en su lenguaje lo mismo de siempre, que es el Evangelio de Jesús. No estamos sabiendo llegar pero los chicos, a pesar de toda su virtualidad, están reclamando respuestas concretas. 

-¿Cómo ves la juventud del siglo 21 con respecto a la tuya?

-Mi juventud fue hace 30 años y coincidió con la visita del Papa Juan Pablo Segundo, donde aparecieron tantas vocaciones. Pero los jóvenes de hoy tienen muchas más necesidades que en mi época. Ellos están más solos y más incomprendidos. Por eso hay chicos a los que acompaño espiritualmente y eso está muy bueno. Ellos tienen una relación mucho más fluida con el párroco que la que existía en mi época, donde un cura era como un venerable patriarca.

-¿Hay muchos jóvenes voluntarios en los barrios?

-Paradójicamente, no. Cuesta conseguir voluntarios para ayudar a los chicos. Me llama la atención  dado que es una tarea muy noble. Hay gente con tiempo que podría prestar ese servicio pero no lo hace por desconocimiento, o porque usa ese tiempo viendo televisión en lugar de dar una mano al que más lo necesita y alegrarse la vida, que es lo que pasa cuando  das al prójimo. Pero también es cierto que hay gente del barrio que nos ayuda y que tiene una polenta impresionante, y a quienes yo admiro mucho. Pero sería ideal que los jóvenes se involucraran más en estos voluntariados.

Bajo el signo del padre Hugo

-Desde los Boys Scouts del Padre Hugo, esta parroquia siempre se caracterizó por su juventud ¿no?

-Exactamente. Tenemos esa historia y esa historia nos marca nuestro presente. Y aunque el presente sea pobre en ese sentido, hoy hay algunos jóvenes que son hijos de aquellos jóvenes del padre Hugo. Y eso se nota.

-¿El padre Hugo dejó marcado un modo de ser párroco de Lourdes?

-Absolutamente. Si bien hoy no es posible hacer lo mismo que hacía Hugo, hay que respetar su espíritu. Yo a Hugo sólo lo conocí a través de la gente. Y él era muy generoso no sólo con los bienes materiales sino espirituales de la Iglesia. Si hacía falta ver un enfermo, él iba. Si había que oficiar una misa, ahí estaba él. Y esa es la impronta que ha dejado; la de estar disponible todo el tiempo para el prójimo. 

Papa Francisco y después

-Hablabas de la visita de Juan Pablo Segundo ¿La asunción de Francisco despertó vocaciones?

-Todavía no lo he visto; pero es cierto que la asunción del Papa es algo muy reciente. Yo lo vi a Juan Pablo Segundo a los 12 años y mi vocación apareció más tarde. Pero lo que no tengo dudas es que el papa está marcando los próximos 50 años de la Iglesia. Ahí vamos a entender el pontificado de Francisco. Y ojalá que no sea demasiado tarde.

-¿Y hacia dónde va esa iglesia?

-La Iglesia que piensa Francisco es de puertas abiertas literalmente. Él dice que la Iglesia es la casa del Dios, es decir, “la casa del padre a la que todos podemos llegar con nuestra vida a cuestas”.

-¿Como en la parábola del Hijo Pródigo?

-Tal cual. Y en ese sentido, la iglesia es la casa paterna también, esa casa de todos. Una Iglesia “en salida” como dijo Francisco.

-¿Y qué quiso decir?

-Quiso decir una iglesia que salga permanentemente, sin estacionarse nunca. Aún con todos los riesgos que implican las salidas. Se refiere a ir hacia las “periferias existenciales” y hacia todo aquel que está lejos de lo que sea. Algunos están lejos de la fe, otros del sentido de la vida o de la posibilidad de trabajar o de estudiar. Y hacia allá deberá ir la iglesia que imagina Francisco...

-¿Y ustedes, como Parroquia, están yendo hacia allí?

-Sí. Y esa es la idea. Encarnar esta invitación del Papa Francisco de salir a la periferia y dar un paso más allá. Por eso queremos darle una vuelta de tuerca a los centros de apoyo escolar que te mencioné. 

-¿Trabajan en algún proyecto concreto?

 -Sí, habrá muy pronto una noticia importante; algo que va a significar un paso más allá en el Centro “San José” de barrio Botta en el que estamos hace más de 20 años. Esta parroquia, al igual que el Papa Francisco, te exige muchísimo trabajo social. Y en eso estamos. En abrir las puertas todo el tiempo.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

Comentá esta nota

Noticias Relacionadas