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Se cumplen 50 años del secuestro y asesinato de Aramburu, el dictador que fue aclamado por la ciudad

En Río Cuarto se le hicieron grandes homenajes. Eduardo Escudero, docente de Historia, recordó que, durante varios años, aquí se exaltó la figura del expresidente de facto

A 50 años del secuestro y asesinato del expresidente de facto Pedro Eugenio Aramburu por parte de Montoneros, el doctor Eduardo Escudero, docente de Historia de la Universidad Nacional de Río Cuarto y de la Universidad Nacional de Córdoba, habló sobre la fuerte vinculación de Río Cuarto con la figura del dictador (raptado el 29 de mayo y ultimado el 1° junio de 1970), quien fue protagonista de la autodenominada Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. En diálogo con Puntal, el investigador recordó que aquí se le rindieron grandes homenajes que estuvieron vigentes hasta no hace mucho tiempo.

“Aramburu fue la figura que mejor representó al antiperonismo más intransigente en el proceso de desperonización que se vivió después del golpe de 1955. Fue un militar que encarnó los valores de la Nación que debía ‘trascender la demagogia del peronismo’ y reimplantar los valores de la libertad y la democracia de la Nación marcial. Luego de que fuera asesinado, sectores de poder en Río Cuarto lo tomaron públicamente como ‘un hijo dilecto’, ya que Aramburu vivió su infancia en la ciudad y su madre y sus hermanos se habían asentado aquí. Siempre estuvo vinculado con Río Cuarto. De hecho, a poco de asumir como presidente de facto, vino a la ciudad y fue recibido con laudos para celebrar el derrocamiento de Perón. Es decir, la exaltación de la figura de Aramburu en Río Cuarto comenzó mucho antes de su fallecimiento. Hay registros periodísticos que dan cuenta sobre cómo radicales y demócratas reconocían la actuación política de Aramburu. Se trata de adhesiones que cobraron aún más fuerza luego de que el militar fuera asesinado”, explicó Escudero.

El factor universitario

“Después del Cordobazo (1969), y con la creación de la Universidad Nacional de Río Cuarto (1971), empezaron a aparecer otras posiciones en relación al tema de Aramburu. Es decir, puntos de vista diferentes a quienes lo consideraban una figura digna de destacar. Así, comenzaron a existir lecturas contrapuestas sobre el secuestro del expresidente de facto y el ‘ajusticiamiento’ realizado por los Montoneros para vengar la sangre derramada por quienes se enfrentaron a la Revolución Libertadora. Un ejemplo fueron las memorias celebradas en la ciudad durante el tercer peronismo entre 1973 y 1976”, agregó el docente.

Más adelante, Escudero recordó que en 1970 se activó una comisión de homenaje a Aramburu que estuvo integrada por grandes personalidades de Río Cuarto como el exintendente Jaime Gil, Clodomiro Carranza, Fernando H. Mauhum, Jorge Cendoya, Osvaldo Magri, entre otras figuras de la época.

Casi en paralelo, un año después, en 1971, la casa de Magri recibió pintadas. Le escribieron “gorila” y le dejaron impresas estrellas rojas vinculadas al Ejército Revolucionario del Pueblo, hecho que da cuenta de la existencia de corrientes antagónicas y de la radicalización ideológica que también experimentaba Río Cuarto.

El enfrentamiento en cuestión se extendió durante años, hasta que quedó solapado por la irrupción y el establecimiento de la última dictadura cívico-militar, en la segunda mitad de la década del 70.

En 1980

Es así que, el 16 de julio de 1980, a 10 años de la aparición del cuerpo sin vida de Aramburu, gran parte de la ciudadanía y de las figuras políticas, institucionales y religiosas del momento rindieron un pomposo homenaje al dictador fallecido.

Hubo un acto en el que se rebautizó con el nombre de Aramburu a la calle Rioja, entre Maipú y Sobremonte, y se colocó un monolito con una placa recordatoria en plaza Roca. En la oportunidad, el gobernador de facto de Córdoba, el general Adolfo Sigwald, fue el encargado de presidir la ceremonia y liderar los discursos.

“En 1980 se hizo un magno homenaje. El mismo se correspondió con los homenajes que se realizaron en Buenos Aires. Fue un acto notable en Río Cuarto por los discursos enarbolados en contra de la figura de Perón y de su exilio y por la legitimización de la dictadura. Se aseguró que Aramburu había logrado desplazar a la demagogia y a la tiranía del poder, y que su asesinato había privado al país de una verdadera representación moral. De alguna manera, lo que se quiso decir es que, si no hubieran asesinado a Aramburu, Perón no hubiera regresado al país”, consideró Escudero.

-Da la sensación de que en 1980 la ciudad tenía una necesidad casi unánime de reconocer a Aramburu. Digo, se juntaron referentes políticos, institucionales y religiosos en el homenaje…

-En 1980 (plena dictadura militar) no había política, en el sentido de que no funcionaba el sistema de partidos políticos, pero sí se exteriorizaba la ideología. Fue así que radicales, demócratas y la Iglesia Católica, concretamente el obispo Moisés Julio Blanchoud, se expresaron a favor de una memoria laudatoria de Aramburu. En ese tiempo había una coincidencia casi generalizada sobre que Río Cuarto le debía un homenaje a Aramburu, ya que no se lo había realizado antes, más allá de las intenciones. Con el paso de los años y el restablecimiento de la democracia, se dio marcha atrás con los reconocimientos.

-El cambio de nombre de la calle que se llamaba Aramburu y la remoción del monolito con la placa alusiva a su figura se concretaron en 2000 y 2012 respectivamente, ¿no se esperó mucho tiempo para hacerlo?

-Hubo un intento de cambiar el nombre de la calle en 1986, pero quedó en la nada. Evidentemente, a medida que fueron pasando los años, se volvió difícil sostener los homenajes a Aramburu, más allá de que su figura, en lo que respecta a lo privado, y sus huellas familiares tengan que ver con Río Cuarto y la región.

En una plaza de Sampacho todavía hay un busto de Aramburu

A pesar de los cuestionamientos que existen sobre el dictador Pedro Eugenio Aramburu, en la plaza 25 de Mayo de Sampacho aún se conserva el monolito con el busto del expresidente de facto que fuera inaugurado a modo de homenaje en 1980, cuando se cumplieron 10 años de su secuestro y asesinato a manos de Montoneros.

Consultado sobre si se debería dar marcha atrás con el reconocimiento al hombre que nació en un campo cerca de la localidad, el doctor Eduardo Escudero, docente de Historia, sostuvo que es una cuestión que debe resolver la comunidad de Sampacho.

“Creo que la propia comunidad es la que debe darse el debate respecto a la conveniencia o no de conservar determinados lugares de memoria. Entiendo que existe el derecho de rever, discutir y reflexionar respecto a lo que consideramos valioso o no memorar, pero también hay otra opción que tiene que ver con conservar los lugares de memoria con las debidas aclaraciones y aportes sobre el tema. De lo contrario, estamos apelando a una forma de destruir toda la cultura histórica que perteneció a un bagaje de intervenciones realizadas por nuestros antepasados y que, mal que nos pese, tienen significados. Por ejemplo, uno puede conservar el nombre de la plaza Roca de Río Cuarto y hacer una intervención artística, cultural e histórica en la que se ponga en debate el mismo nombre de la plaza y con ello sembrar la discusión”, consideró el académico.