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Juan Ignacio Gil, el riocuartense que guía los destinos del alto rendimiento a nivel nacional

Después de que una lesión ocular le impidiera seguir jugando, decidió convertirse en entrenador, una carrera que lo llevó a ocupar hoy el puesto de head coach de la Asociación Argentina

“Siempre me gustó enseñar”, señala Juan Ignacio Gil (38), el riocuartense que dirige el programa de alto rendimiento de la Asociación Argentina de Golf. Desde su retiro obligado en 2010, su vocación por transmitir conocimientos lo llevó de la escuela del Río Cuarto Golf Club a convertirse en head coach de la principal entidad a nivel nacional.

Su amor por el golf y el gusto por compartir lo que aprendió en el green le permitieron superar ese vacío que se genera luego del retiro y transformar el dolor que le ocasionaba una enfermedad ocular en energía para desarrollar una nueva carrera. Surgido en el Río Cuarto Golf Club, Gil se desempeñó como jugador hasta que en el 2009 comenzó con problemas en su ojo, afección que a la postre lo obligaría a retirarse. “Implicaba terminar cada torneo con dolores de cabeza y muchas molestias. Por el problema que tenía usaba lentes de contacto, me raspaban y me generaban unas úlceras terribles. Aguanté hasta que en un torneo tenía que hacer un tiro muy importante y no podía ver de cómo me lloraban los ojos. Recuerdo que volví al vestuario, me lavé la cara y decidí que así no podía seguir”, cuenta sobre el momento en que tuvo que dejar de jugar. Entonces, mientras definía cómo podía solucionar ese inconveniente en su vista, surgió la posibilidad de empezar a trabajar como profesor.

“El primer paso fue empezar a trabajar en la escuela del Río Cuarto Golf Club, que es como mi segunda casa. Me acuerdo que comenzamos con Juan Di Cola y Luis Tazzioli”, relata Gil. La siguiente estación fue integrarse como entrenador a la Asociación Argentina en 2011, en la que desde hace cuatro años ocupa el cargo de head coach del programa de alto rendimiento. “Fue difícil tomar la decisión de venirme para Buenos Aires, pero hoy ya estoy totalmente instalado y cada vez más cosas me atan a este lugar”, indica.

Decía el reconocido educador brasileño Paulo Freire que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción. Es decir, que no se trata de impartirle lecciones al alumno, sino de generar las condiciones para que éste sea capaz de desarrollarlo. Mucho de eso hay en el trabajo que lleva adelante el riocuartense en el día a día. “La idea del programa que llevamos adelante es poder trabajar con el deportista a lo largo de todo el recorrido. Se trata de hacer un seguimiento en el cual podamos ir conociéndolo, puliendo su juego”, comenta Gil.

Uno de los “productos” de ese programa es Abel Gallegos, el joven nacido en 25 de Mayo que en enero se consagró en el Amateur Latinoamericano de golf, que se llevó a cabo en Mayakoba, México, con tan sólo 17 años. “Abel empezó a trabajar con nosotros estando en Las Mulitas, su club de origen. En ese momento era un diamante en bruto. Tenía condiciones y había que pulirlas. De hecho, hay que seguir trabajando con él. Es joven y tiene mucho por delante”, precisa Gil. Recuerda que hubo que hablar bastante con la familia para que el golfista pudiera entrenar en Pilar, en el centro de alto rendimiento que posee la asociación.

Entre las jugadoras que integran ese proyecto de trabajo se encuentra la riocuartense Magdalena Dómine. “Ella forma parte de lo que denominaríamos la etapa Junior del programa y la venimos siguiendo desde hace un tiempo”, señala Gil de su coterránea.

“En estos ocho años que yo llevo acá hemos pasado por varios estados, pero hoy estamos en un buen momento. Se puede decir que hoy tenemos un programa bien alineado y que está tratando de ser lo más federal posible”, resalta Gil sobre la actualidad del proyecto de alto rendimiento. Remarca que, si bien a veces es complicado, la idea es que haya unidad en el trabajo de todas las provincias. Además, destaca que en los últimos tiempos la tecnología y sus aplicaciones han ganado terreno en el desarrollo de los jugadores.

En ese sentido, subraya que la vuelta de la disciplina al calendario de Juegos Olímpicos fue una parte importante de ese impulso. “Siempre es importante que el Estado apoye a los distintos deportes. En el caso nuestro, generó que el Enard nos empezara a mirar y nos brindara un respaldo que nos permitió trabajar mejor en varios aspectos”, describe Gil.

Como les pasó a casi todas las disciplinas, la aparición del coronavirus trajo aparejada varias complicaciones. En el caso de Gil, el impacto llegó a su trabajo dentro del programa de alto rendimiento. “Básicamente, lo que estamos haciendo ahora es trabajar cuestiones técnicas a través de videollamadas y demás. Uno trata de corregir cosas que, quizás con la urgencia de la competencia, es más difícil hacer. De todas maneras, el no estar presente tiene sus complejidades”, menciona el riocuartense. Agrega que hay que tener en cuenta que la situación de cada uno de los deportistas es distinta. “Hay chicos que tienen la posibilidad de armarse una especie de jaula para entrenar en el patio, pero hay otros que están en un departamento. Todo eso hay que tenerlo en cuenta”, manifiesta Gil.

En esta línea, el riocuartense enfatiza que lo psicológico también juega su papel. “Si bien estamos hablando de chicos que se están formando, no hay que olvidarse de que son los mejores de su categoría y el no poder competir también los afecta”, explica Gil.

Agustín Hurtado. Redacción Puntal