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¡River juega mal, Gallardo!

Por Osvaldo Alfredo Wehbe

Se podrá escuchar en las mesas de café, en cada esquina, en los lugares de trabajo: "¿Viste? ¡Otra vez perdió River! ¡Y con Patronato ahora!". Se hablará de lo mal que jugó estos tres partidos de 2019, de la sensación de que no puede ser que la salida de un par de jugadores sea letal y que ya vendrán los refuerzos, entre ellos, el ahora exBelgrano Matías Suárez.

Derrotas impensadas. O no tanto. Hace tiempo que el Millonario derrapa en la Superliga. El título logrado hace unos meses en Copa Argentina ante Atlético Tucumán es la medalla en el pecho de los de Núñez en competencias locales en mucho tiempo.

Y se vuelve a una realidad comentada en este lugar varias veces. Si Boca ganaba en el plano internacional, River casi ni festejaba un Apertura o un Clausura de AFA en los tiempos en que era así. No hubo manera de que el hincha gallina entendiera que esos campeonatos argentinos (hoy la Superliga) tenían un gran valor. No mientras fuera Boca el que triunfaba en América. Hoy la situación es exactamente igual, pero con los protagonistas cambiados. Boca ganó las dos últimas Superligas y las derrotas en Copa ante River no le permiten festejar o alegrarse por aquello.

Si en uno u otro momento el campeón de la Libertadores hubiese sido otro equipo, ahí sí la alegría por los torneos locales quedaría al descubierto.

Hoy Boca está acurrucado en un rincón y no sale para que no lo vean. Y si pegara un salto de calidad en el torneo de AFA -en el que manda el buen Racing, acompañado de Defensa y Justicia, Atlético Tucumán y Huracán- no lo disfrutaría. Es así. Fácil de explicar y para muchos de entender, no para quien esto escribe. Estoy convencido de que la competencia local es muy dura y, si bien la Libertadores da linaje y presencia internacional, el espacio creado por Boca y River entre ambos eventos es francamente exagerado.

Hoy River amanece a la semana, en la que seguirá poniéndose al día en la Superliga, con tres derrotas consecutivas y de local. Defensa, Unión y Patronato lo derrotaron y hasta no saltaron en una pata en el festejo, como sintiendo que al conjunto millonario le importaba un bledo ganar o perder.

Y es el momento del otro comentario de café: "¡Tres partidos van...!" y no se agrega: "Gallardo tiene la culpa o alguito de ella".

Marcelo Gallardo es intocable. Y lo merece. Sin embargo, su figura se acrecentó a límites increíbles con Boca derrotado ante sus pies.

El Muñeco debe tener un póster de Boca en su habitación. Para agradecerle cada día haber caído ante los suyos en encuentros clave.

Lo de River en el arranque del año es pésimo. Es como si la fiesta en el Bernabéu tuviera una resaca impresentable. Pero de eso no se habla.

Hasta Gallardo, después de caer ante los entrerrianos (que jamás soñaron con vencer a River así), volvió a hablar de transición y de que habrá todavía más derrotas o al menos malas actuaciones. Que me disculpe el mejor técnico del país, para muchos, y hasta el futuro entrenador de la selección; eso es verso, humo y agregados.

¿Puede River estar relajado? No. ¿O tomó algo en diciembre, después de ganar la Copa, que lo hizo entrar en estado de somnolencia absoluta, de falta de reacción, de no saber ni dar pases al de la misma camiseta? River está jugando mal. Perdió nueve puntos para la pelea cotidiana. ¿A quién le importa?, me dirán los adoradores de los victoriosos. Gallardo es intocable. Y eso no es bueno ni para él mismo.

"El más grande en la historia de River", rezan por allí los colegas en sus títulos o dichos, avalados por los simpatizantes del Millo. ¿Será? No sé. Es políticamente incorrecto mi comentario, lo que sí, no es oportunista.

Está claro que Gallardo no arremeterá, al menos por ahora, contra un plantel que puso de espaldas a Boca, que es lo único que al hincha le importa; pero si esto sigue así, alguna alarma sonará. Como había sonado antes de la Supercopa Argentina en Mendoza. Ya el amante de la camiseta de la banda roja miraba de reojo la cosa. Y Gallardo y los suyos acostaron a un Boca que parecía poderoso a más no poder en la previa. ¡Bingo! ¡Zafamos! Y luego, la Copa. Y en España. En medio del bochorno, la alegría más grande en la historia, creo, para River.

La reversión de algo que muchas generaciones daban por hecho: que a la hora de la verdad era Boca el que ganaba y River el que sufría. Esto hoy está cambiado.

En medio de estas realidades, me tomo el derecho a decir que River perdió tres partidos en el Monumental y a nadie le importa. Cosa entendida pero rara.

¿Gallardo debería renuciar? ¿Lo tienen que echar? No, por cierto. Pero es difícil transitar el camino en esta profesión de escriba cuando los estereotipos y las conveniencias mandan.

Gallardo es un gran entrenador. No sé si el mejor de la historia de River, salvo que sólo miremos los últimos enfrentamientos ante Boca.

Por ello es que el Muñeco tiene omóplatos para hacer dulce. Tiene espaldas de sobra para perder lo que se le cante, al menos por un tiempo. Lo que sí expreso es que a esas espaldas se les puede poner un grafiti, aunque sea con un lápiz negro número dos, que diga: "River juega mal, Gallardo, perdió tres de local al hilo y usted es el técnico".



Osvaldo Alfredo Wehbe

 

TEMAS: futbol futbol
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