Opinión | actividad | Argentina | millones

Empiezan a revelarse las bombas que habrá que desactivar

El Indec arrojó tres indicadores que dieron cuenta del escenario con el que Argentina ingresó a la cuarentena: PBI en caída, desempleo en ascenso e intercambio comercial enfriándose. Hoy el instituto da a conocer la actividad de abril y puede ser histórica

El escenario económico nacional será dramático a la salida de la pandemia, y aún no está claro cuándo se abrirá finalmente esa puerta. La Argentina venía atada con alambre desde hace varios años y un par de gobiernos, aunque claramente desde 2018 todo se agudizó. Los primeros ruidos comenzaron en 2011 y 2012, cuando empezó a percibirse que la actividad se estancaba y el proceso inflacionario se consolidaba. Ambas variables sólo se agravaron a partir de allí sin encontrar respuestas. Y en efecto cascada, el plano social profundizó su deterioro.

El Indec mostró la semana pasada tres indicadores precuarentena que reflejaron el escenario con el que el país enfrentó el coronavirus y su obligatoria parálisis: deterioro en el mercado laboral, caída fuerte de actividad y menor intercambio comercial con el mundo. Los tres informes correspondían al primer trimestre del año, lo que implica que sólo tuvieron en cuenta los primeros 10 días del confinamiento.

Sin embargo, el mercado laboral empezaba a consolidar un retroceso al llegar al 10,4% la desocupación a nivel nacional frente al 10,1% del primer trimestre de 2019. En el caso de Río Cuarto el deterioro fue más acelerado, aunque se mantiene por debajo del promedio: en la comparación interanual trepó del 7,1% al 8,4%. En esos promedios, no a todos les fue igual: siempre el caso de las mujeres es más preocupante y en particular las jóvenes, que más que duplican las tasas de desocupación generales.

Para más detalles, el Ministerio de Trabajo de la Nación difundió a comienzos de junio su reporte en el que remarcó que “entre marzo de 2019 y marzo de 2020, el número de trabajadores registrados se redujo un 1,7%, lo que representa alrededor de 209 mil trabajadores menos”.

La caída del total de trabajadores se explicó por la contracción de los asalariados privados (-195,7 mil) y, en menor medida, por la reducción de los trabajadores autónomos (-20,7 mil). La única categoría que presentó un incremento interanual fue el empleo asalariado del sector público, con 42.800 nuevos puestos.

Al interior de los privados, todos los sectores registraron caídas de empleo, a excepción de Electricidad, gas y agua, y Salud. En cambio, las actividades limitadas a trabajar de manera remota fueron las que mostraron las caídas más pronunciadas: Pesca (-5,3%), Construcción (-4,6%), Hoteles y restaurantes (-1,7%), Servicios sociales (-1,4%). Industria y Comercio mostraron caídas en el orden del 0,4%. Aunque siempre hablando del tramo marzo de 2019 a marzo de 2020. Sin dudas que el próximo reporte laboral, con abril incluido, será mucho peor porque fue el mes de mayor parálisis de la actividad por efecto de la cuarentena estricta.

En segundo orden, el PBI argentino fue 5,4% más chico en el primer trimestre del año que a comienzos de 2019. La Argentina sigue en recesión y acelerando el paso. La torta se reduce cada vez más y las necesidades crecen en proporciones similares. Con ese valor del tramo enero-marzo, la proyección para todo el año se consolida en dos dígitos de caída. Ya casi todos los analistas coinciden en que será difícil encontrar un valor menor al terminar diciembre. Incluso el propio FMI ajustó su estimación y ahora habla del 10% de caída para el país. El 2020 puede quedar en la historia como el año de mayor retroceso del PBI desde la Primera Guerra Mundial. Superando incluso, ya más contemporánea, la fuerte crisis de 2001.

En tercer lugar, el intercambio comercial con el mundo no es un dato menor para la Argentina que, como siempre, necesita de divisas genuinas para enfrentar el escenario que quedará el día que se abra la puerta. Afuera quedará un campo minado por el que deberá caminar el Gobierno, bajo la sensación de demandas ilimitadas y recursos escasos.

Por eso preocupó el resultado del intercambio comercial de inicios de año, porque en los primeros cinco meses las exportaciones alcanzaron los 25.550 millones de dólares, un 11,5% menos que en igual período del año previo. Por su parte, las importaciones sumaron US$ 15.990 millones, un 23,8% menos. La diferencia dejó el único dato positivo del informe que se conoció también en los últimos días: un superávit comercial de US$ 6.612 millones. Sin embargo, un menor comercio por el freno de la economía mundial y los problemas de logística es una pésima noticia para el país.

Hoy habrá un cuarto ingrediente en materia de informes económicos del Indec, que se vuelve en estas semanas en portavoz de malas noticias: se conocerá el nivel de actividad de abril, cuando el aparato productivo pasó su peor momento. El resultado puede ser histórico. Incluso ayer salió a anticiparse y preparar el terreno de la cifra final el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, que por momentos asume como voz principal de la gestión de Alberto Fernández en materia económica. El funcionario advirtió que lo que ocurre con la actividad económica en Argentina es lo que pasa en todo el mundo y es consecuencia de la pandemia y no de la cuarentena. La afirmación se da en momentos en los que el confinamiento empieza a recibir mayor volumen de cuestionamientos, aún con el bajo nivel de muertes registrados en el país por coronavirus.

Finalmente, y pese a la foto del momento, en las últimas horas hubo dos trascendidos que preocuparon y mucho a los sectores empresarios: los ATP para salarios podría discontinuarse en las zonas blancas al igual que los IFE. Este último aporte, que en Río Cuarto alcanzó a 18 mil personas y en Villa María a más de 4 mil, implicaría un recorte de 180 millones de pesos del circuito económico riocuartense y de 40 millones para el villamariense, aún cuando la actividad está lejos de recuperarse.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal