“Cada uno de nosotros es este contexto que facilita el consumo”
María Luz Abait coordina el Centro Asistencial Villa María, creado para la prevención y la asistencia de las adicciones. En el Día Internacional de la Lucha Contra el Narcotráfico, habló de un proyecto que cumple un año
El 27 de junio de 2017 se inauguraba en las dependencias del viejo Hospital Pasteur el Centro Asistencial Villa María. Había sido creado para la prevención y asistencia de las adicciones dependientes del Municipio. El centro remedaba a la Asociación Nazareth que, dependiendo de la Iglesia, trabajaba duramente en la ciudad desde 1999. El fuerte de la nueva institución era brindar tratamiento ambulatorio a las personas con problemática de consumo, derivándolas a internación cuando la situación lo requería. Un año después de aquella fundación, la actual coordinadora del centro, la trabajadora social María Luz Abait, habló sobre la realidad del centro.
Internación y ambulatorio
“Hoy tenemos 56 personas en tratamiento ambulatorio, a lo que hay que sumarles las familias de cada uno -explica-. Algunos realizan tratamiento psicológico individual y otros, grupal. Y a todos se les realiza un seguimiento desde el trabajo social. Tratamos de que los chicos que estudian o las personas que trabajan no dejen su actividad, a menos que se trate de una situación de riesgo. Esto se debe a que la vida cotidiana es muy importante. Y además, muchos son sostén de una familia. Por eso es que las reuniones de grupo son de 19 a 21”.
-¿Y por la mañana?
-A la mañana tenemos el proceso de admisión con todas las entrevistas de valoración. Cada entrevista está a cargo de un profesional: un trabajador social, un pedagogo social y un psicólogo. Después nos reunimos, debatimos la situación, hacemos una valoración y proponemos una modalidad de tratamiento, que puede ser ambulatoria o de internación.
-En Villa María no hay centros de internación ¿cómo se arreglan en este rubro?
-Gestionando a través de la Secretaría de la Provincia de Córdoba, ya que pertenecemos a la RAAC, que es la red asistencial. Los derivados van a Córdoba, Río Cuarto o Río Tercero. Y la gestión es gratuita y casi instantánea. Luego de eso, continuamos trabajando con las familias hasta que regrese la persona derivada.
-¿Cómo se deciden las internaciones?
-Muchas veces las pide la misma persona. Pero siempre se realiza una valoración previa. Tenemos un trabajo caso a caso y persona a persona. Hay criterios que toman los factores de riesgo social o familiar, ya que muchas veces hay en la misma casa una situación de consumo o de venta. También se tiene en cuenta si el consumo es diario o si expone la vida propia o de terceros.
-¿Y la parte psiquiátrica?
-La valoración psiquiátrica es muy importante también. Y el doctor Guillermo Gauna, del Concejo Municipal de Prevención, está colaborando mucho desde su especialidad en este ámbito.
-¿Cuánto dura un tratamiento ambulatorio?
-No tenemos un plazo predeterminado, ya que quienes recién se inician en el consumo requieren una atención distinta para lograr la abstinencia. Pero nosotros proponemos un máximo de un año. Aunque puede suceder que se necesite menos tiempo.
-¿Cómo llegan los futuros pacientes al centro?
-Hay un abanico de posibilidades. Algunos vienen por propia voluntad y otros por la justicia, como los menores que son judicializados o los mayores que llegan por casos de violencia de género. A estos los obligan a hacer el tratamiento. También hay familiares que llegan los días martes, que es el día de los grupos y es abierto.
-¿Necesariamente tiene que ser un familiar consanguíneo quien traiga o proponga una intervención?
-No necesariamente. Puede que una institución o un vecino venga con la persona que, según ellos, necesite el tratamiento. También hay mucho trabajo en red, como las instituciones que nos derivan casos y donde seguimos trabajando en conjunto: centros de salud, los Municerca o las instituciones educativas. También el SENAF a través del juzgado de menores.
También alcohol, tabaco y juegos
-¿Cuáles son las características de la población con la cual trabajan?
-Es bastante heterogénea. Tenemos chicos desde 13 años hasta adultos entre 60 y 70. Pero la edad que predomina es de 18 a 30. Y son muchos más los hombres, ya que de los 56 pacientes ambulatorios, hay apenas diez mujeres.
-Al hablar de adicciones ¿hablamos sólamente de drogas?
- En realidad de lo que hablamos es de consumo. Y en este aspecto, consideramos no sólo las sustancias ilegales sino también las legales. Hay gente que viene por tabaco y alcohol. Incluso recibimos un paciente por ludopatía.
-¿Cómo es esto?
-Sí. Nos costó debatir qué tipo de tratamiento seguíamos con él, ya que no hay dispositivos en Villa María que trabajen sobre este consumo. Pero al final lo admitimos y lo abordamos desde los patrones comunes con las demás adicciones sin importar la sustancia. Abrimos el espacio ya que sólo cambia el objeto del consumo.
-¿Cuál es la diferencia entre los que consumen sustancias legales e ilegales?
-Hay una gran diferencia. Muchos te dicen “yo creo que mi problema es la cocaína”, pero detrás estaba el alcohol, salvo que esa persona ni siquiera lo consideraba. Cuando preguntás la edad de inicio en el consumo, siempre te la dicen en relación a la cocaína o la marihuana. Y antes estuvo el alcohol o el tabaco y ni lo tienen en cuenta. Pero a nosotros nos importa toda la historia del consumo.
-¿Cuántas personas ingresan por mes al ambulatorio?
-Los más antiguos ya llevan cinco meses. Como apenas tenemos un año, todavía no hay estadísticas. Pero hay meses que ingresan diez personas y otros meses quince. Eso no quiere decir que todas permanezcan.
-¿Por qué?
-Porque sostener un tratamiento no es nada fácil. Quienes permanecen son los menos. Hay muchos que desertan. Muchos de los que egresan, suelen venir obligados por el juzgado, no por propia voluntad. Y eso influye en la deserción. Más allá de eso, entendemos que cada persona tiene sus tiempos para realizar el tratamiento.
-¿Cuál es el mayor desafío?
-El primero es problematizar y concientizar sobre el peligro de las adicciones. Y para eso debemos entender que cada uno de nosotros es este contexto que facilita el consumo. Y por ende, tenemos que asumir un cierto protagonismo.
-¿Y el segundo?
-El segundo desafío es que no se desarticule la prevención de la asistencia porque son una misma cosa. Antes, la prevención estaba ligada sólamente a la sustancia. Y no debería ser así. Hay que transmitir que detrás de todo consumo hay una persona a la que le pasaron muchas cosas para decir que sí ante esa situación. Si nos olvidamos de esa persona que está detrás, de nada sirve lo otro.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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Internación y ambulatorio
“Hoy tenemos 56 personas en tratamiento ambulatorio, a lo que hay que sumarles las familias de cada uno -explica-. Algunos realizan tratamiento psicológico individual y otros, grupal. Y a todos se les realiza un seguimiento desde el trabajo social. Tratamos de que los chicos que estudian o las personas que trabajan no dejen su actividad, a menos que se trate de una situación de riesgo. Esto se debe a que la vida cotidiana es muy importante. Y además, muchos son sostén de una familia. Por eso es que las reuniones de grupo son de 19 a 21”.
-¿Y por la mañana?
-A la mañana tenemos el proceso de admisión con todas las entrevistas de valoración. Cada entrevista está a cargo de un profesional: un trabajador social, un pedagogo social y un psicólogo. Después nos reunimos, debatimos la situación, hacemos una valoración y proponemos una modalidad de tratamiento, que puede ser ambulatoria o de internación.
-En Villa María no hay centros de internación ¿cómo se arreglan en este rubro?
-Gestionando a través de la Secretaría de la Provincia de Córdoba, ya que pertenecemos a la RAAC, que es la red asistencial. Los derivados van a Córdoba, Río Cuarto o Río Tercero. Y la gestión es gratuita y casi instantánea. Luego de eso, continuamos trabajando con las familias hasta que regrese la persona derivada.
-¿Cómo se deciden las internaciones?
-Muchas veces las pide la misma persona. Pero siempre se realiza una valoración previa. Tenemos un trabajo caso a caso y persona a persona. Hay criterios que toman los factores de riesgo social o familiar, ya que muchas veces hay en la misma casa una situación de consumo o de venta. También se tiene en cuenta si el consumo es diario o si expone la vida propia o de terceros.
-¿Y la parte psiquiátrica?
-La valoración psiquiátrica es muy importante también. Y el doctor Guillermo Gauna, del Concejo Municipal de Prevención, está colaborando mucho desde su especialidad en este ámbito.
-¿Cuánto dura un tratamiento ambulatorio?
-No tenemos un plazo predeterminado, ya que quienes recién se inician en el consumo requieren una atención distinta para lograr la abstinencia. Pero nosotros proponemos un máximo de un año. Aunque puede suceder que se necesite menos tiempo.
-¿Cómo llegan los futuros pacientes al centro?
-Hay un abanico de posibilidades. Algunos vienen por propia voluntad y otros por la justicia, como los menores que son judicializados o los mayores que llegan por casos de violencia de género. A estos los obligan a hacer el tratamiento. También hay familiares que llegan los días martes, que es el día de los grupos y es abierto.
-¿Necesariamente tiene que ser un familiar consanguíneo quien traiga o proponga una intervención?
-No necesariamente. Puede que una institución o un vecino venga con la persona que, según ellos, necesite el tratamiento. También hay mucho trabajo en red, como las instituciones que nos derivan casos y donde seguimos trabajando en conjunto: centros de salud, los Municerca o las instituciones educativas. También el SENAF a través del juzgado de menores.
También alcohol, tabaco y juegos
-¿Cuáles son las características de la población con la cual trabajan?
-Es bastante heterogénea. Tenemos chicos desde 13 años hasta adultos entre 60 y 70. Pero la edad que predomina es de 18 a 30. Y son muchos más los hombres, ya que de los 56 pacientes ambulatorios, hay apenas diez mujeres.
-Al hablar de adicciones ¿hablamos sólamente de drogas?
- En realidad de lo que hablamos es de consumo. Y en este aspecto, consideramos no sólo las sustancias ilegales sino también las legales. Hay gente que viene por tabaco y alcohol. Incluso recibimos un paciente por ludopatía.
-¿Cómo es esto?
-Sí. Nos costó debatir qué tipo de tratamiento seguíamos con él, ya que no hay dispositivos en Villa María que trabajen sobre este consumo. Pero al final lo admitimos y lo abordamos desde los patrones comunes con las demás adicciones sin importar la sustancia. Abrimos el espacio ya que sólo cambia el objeto del consumo.
-¿Cuál es la diferencia entre los que consumen sustancias legales e ilegales?
-Hay una gran diferencia. Muchos te dicen “yo creo que mi problema es la cocaína”, pero detrás estaba el alcohol, salvo que esa persona ni siquiera lo consideraba. Cuando preguntás la edad de inicio en el consumo, siempre te la dicen en relación a la cocaína o la marihuana. Y antes estuvo el alcohol o el tabaco y ni lo tienen en cuenta. Pero a nosotros nos importa toda la historia del consumo.
-¿Cuántas personas ingresan por mes al ambulatorio?
-Los más antiguos ya llevan cinco meses. Como apenas tenemos un año, todavía no hay estadísticas. Pero hay meses que ingresan diez personas y otros meses quince. Eso no quiere decir que todas permanezcan.
-¿Por qué?
-Porque sostener un tratamiento no es nada fácil. Quienes permanecen son los menos. Hay muchos que desertan. Muchos de los que egresan, suelen venir obligados por el juzgado, no por propia voluntad. Y eso influye en la deserción. Más allá de eso, entendemos que cada persona tiene sus tiempos para realizar el tratamiento.
-¿Cuál es el mayor desafío?
-El primero es problematizar y concientizar sobre el peligro de las adicciones. Y para eso debemos entender que cada uno de nosotros es este contexto que facilita el consumo. Y por ende, tenemos que asumir un cierto protagonismo.
-¿Y el segundo?
-El segundo desafío es que no se desarticule la prevención de la asistencia porque son una misma cosa. Antes, la prevención estaba ligada sólamente a la sustancia. Y no debería ser así. Hay que transmitir que detrás de todo consumo hay una persona a la que le pasaron muchas cosas para decir que sí ante esa situación. Si nos olvidamos de esa persona que está detrás, de nada sirve lo otro.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María