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Uno de cada dos adolescentes dijo sentirse triste durante la pandemia

Es un estudio realizado por Unicef sobre el impacto del Covid-19 y las medidas de seguridad en niños y jóvenes, que destacó cómo influyó el contexto en cada familia dependiendo de sus ingresos y posibilidades de acción

Unicef difundió un estudio realizado sobre el impacto de la pandemia y las medidas de seguridad para hacer frente al Covid-19 en la salud mental de niñas, niños y adolescentes. “Salud mental en tiempos de coronavirus”, es el título del informe que destaca, entre otros aspectos, que 2 de cada 10 adolescentes realizaron alguna consulta por un problema de salud mental en este período.

“La dinámica de la pandemia y las medidas gubernamentales adoptadas para paliar sus efectos provocaron cambios y alteraciones en la vida cotidiana tanto de niñas, niños y adolescentes como de sus familias, y produjeron diferentes reacomodamientos según las trayectorias familiares y las situaciones preexistentes”, dice el informe del área de la ONU y agrega: “Todo esto impactó de diferente manera en cada niña, niño y adolescente, y en su salud mental, en función de las oportunidades y recursos disponibles según su edad, género, etnia y situación socioeconómica de su familia”.

“El 10% de niños, niñas y adolescentes realizó una consulta por un problema de salud mental”, dice el informe realizado por Unicef sobre el impacto del Covid-19.

El estudio sobre los efectos en la salud mental de niñas, niños y adolescentes por Covid-19, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, para el mes de mayo, da cuenta de que las niñas y niños de entre 3 y 12 años desplegaron una gran capacidad lúdica y creativa. “Los diversos juegos les posibilitaron construir escenas, situaciones y encontrar formas de expresión y de comunicación que les permitieron hacer frente al distanciamiento físico de sus vínculos afectivos”, señala y añade: “De esta manera, más allá de las desigualdades multidimensionales, la capacidad de jugar les permitió elaborar y simbolizar lo incierto y potencialmente traumático de la pandemia, como formas de protección de la salud mental”.

Aclararon, en tanto, que si bien es esperable la producción de impactos en la salud mental de este grupo etario producto del aislamiento físico, “son destacables los recursos, capacidades y agencias que demostraron poseer, aún en circunstancias adversas, para afrontar esta difícil e incierta situación”.

Comentaron que en las mediciones realizadas desde Unicef, los niños “sostuvieron su capacidad de jugar modificando, recreando y transformando sus espacios sociales de pertenencia, conforme a sus edades, su género y condiciones materiales de vida”.

Del mismo modo, comentaron que para esta franja etaria la presencia de adultos en los juegos “cobra especial significación, ya que cumplen una función vital para afrontar las afectaciones que desencadena la pandemia”.

“El déficit habitacional, en tanto determinante social, también se manifiesta en relación con la carencia de espacios para jugar dentro del hogar: un 39% de los hogares de las y los niños encuestados no tenía espacios diferenciados para que pudieran jugar en sus casas”, aclara el estudio sobre las diferencias socioeconómicas para hacer frente a la pandemia.

Para los adolescentes, en tanto, el informe asegura que la percepción de la pandemia y las medidas implementadas siempre fueron negativas: “Estuvieron anudadas a las restricciones en el contacto y los vínculos sociales, impedimentos de actividades y duelos por ciclos y proyectos inconclusos”, comentan y aseguran que “el 75% señaló que les había afectado no poder concurrir a espacios recreativos y deportivos. En las tres mediciones un promedio del 47% mencionó el uso de pantallas y redes sociales como forma privilegiada para socializar con pares, aunque también manifestaron que eso no reemplaza el anhelo de lo presencial”.

Salud de los adolescentes

“Las y los adolescentes valoran, como forma de recuperar la intimidad y autonomía, la posibilidad del encuentro presencial con las amigas y los amigos, así como la oportunidad de incluir actividades deportivas o que les permitan despliegue de actividad física. Las formas de utilización de los espacios públicos fueron diferentes según el género y la situación socioeconómica”, indica el estudio de Unicef sobre el planteo de los jóvenes, en tanto que alerta sobre los números de consultas sobre problemas de salud mental.

Del relevamiento se observó una expresión mayor de malestar subjetivo en los adolescentes que en las niñas y los niños, “la exclusividad tiempo-espacio privado en términos de convivencia familiar implicó la reorganización de las rutinas”, dicen los especialistas y agregan: “Algunos de estos cambios fueron señalados con una connotación negativa, mientras que otros fueron matizados y expuestos de manera reflexiva y positiva, y emergen como resultado de sus propios procesos de búsqueda y adaptación a este momento histórico”.

Es por esto que la reducción significativa de los intercambios con pares y otros referentes adultos no convivientes “se expresa en altibajos emocionales, desgano, enojo, irritabilidad, angustia y resignación”, remarcan los responsables de Unicef.

Explican que, entre las emociones vividas durante este período, la mayoría aseguró atravesar emociones de “soledad, tristeza, ansiedad, miedo y presentar una mayor sensibilidad”. Estas emociones, en especial en quienes están cercanos a la finalización del ciclo secundario, aparecen ligadas a la incertidumbre respecto a las posibilidades de concreción de sus proyectos futuros”, dice el informe, en tanto que uno de cada dos adolescentes refirió sentirse triste y un tercio manifestó sentimientos de soledad durante todo el período.

“En adolescentes de sectores populares la angustia se puede vincular también con las privaciones materiales que sufren y que se profundizaron con la pandemia”, menciona el estudio, que aclara que en las últimas mediciones se observaron, aunque en un porcentaje muy bajo, afectaciones subjetivas más profundas, que implicaron problemas de salud mental.

“El 10% de niños, niñas y adolescentes realizó una consulta por un problema de salud mental, pero ese valor se reduce al 5% entre las niñas y los niños de 3 a 5 años, y al 8% entre las y los de 6 a 12 años, mientras que se eleva al 18% entre las y los adolescentes”, señala el informe de Unicef en uno de sus fragmentos.