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Tras 9 años y más de 600 adopciones, el refugio Mi Protector cierra sus puertas

El grupo, integrado en su mayoría por mujeres, ya no puede solventar los gastos para seguir funcionando. Aún quedan perros "muy buenos y cariñosos" que esperan un hogar

Después de 9 años de intenso trabajo, y con más de 600 adopciones de animales concretadas, el refugio Mi Protector cerrará sus puertas. Será ni bien los últimos “huéspedes” encuentren un lugar que los cobije. “Ya no podemos seguir, los gastos son altísimos”, lamentó Silvana Antón en la charla con este medio. El lugar, ubicado en la vecina Villa Nueva, recibe perros pero también brinda asistencia a caballos.

“Recibimos una ayuda municipal que nos permite pagar el alquilar y el agua del lugar en el que estamos. Pero como están empezando a construir, seguramente nos tendremos que mudar pronto”, destacó. De igual manera, explicó que los mayores gastos se dan no sólo por la alimentación, sino por el cuidado de cada uno de los animales.

“Hoy no se consiguen alquileres para hacer un refugio y, de ser así, hay que armar una estructura acorde”, sostuvo sobre la posibilidad, aunque de igual manera la descartó. La tarea de casi una década se tornó agotadora para el grupo, integrado en su mayoría por mujeres.

“Nosotros no recibimos nada de alimentos y tenemos un gasto mensual que va de los 100 mil a 130 mil pesos mensuales. Sólo en alimentos se van 15 mil pesos semanales, pero a ello hay que sumarle la atención veterinaria, pipetas, vacunas y todo lo que se necesita para tenerlos bien”, destacó sobre los gastos que insume sostener el refugio.

Mencionó que en los últimos meses lograron subsistir gracias a algunas donaciones, aunque “cada uno tiene su situación económica y se complica. Tenemos contactos en el exterior que nos aportaron 50 dólares o 50 euros, y así nos mantuvimos los últimos cuatro meses pero ya no podemos seguir más. Somos muy pocas haciendo muy mucho, con cientos de casos a la semana”.

“Llega el viernes y estamos desesperadas si no tenemos el dinero para llenar los tachos de comida”, se sinceró sobre el sentimiento puesto en la noble causa. En la actualidad, además de los perros, hay cuatro yeguas, dos de las cuales Antón se hizo cargo y presta asistencia de manera particular en otro espacio. “Quedaron dos en el refugio porque las otras dos eran traviesas y el dueño del campo nos pidió sacarlas”, explicó.

Más de 600 adopciones

Hace 8 meses el refugio vivió una situación muy particular. Un animal enfermo con moquillo fue arrojado por encima de la reja y terminó contagiando a la totalidad de los que habitaban el lugar. “Tuvimos que darles elevador de defensas, antibióticos, vacunas, vitaminas, gastábamos unos 50 mil pesos mensuales solamente para hacerlos sobrevivir. Sólo se murió uno, pero no pudimos recibir más. De igual manera, eso nos ayudó”, destacó.

Ese ataque obligó a cambiar la metodología de trabajo, que se hizo en la vía pública y con provisorios, bajando un tercio la cantidad de animales. “Llegamos a tener hasta 69 perros ahí dentro, y en total desde que está el refugio realizamos unas 600 adopciones”, destacó. Los canes que permanecen en el refugio “están muy bien, en excelentes condiciones. No recibimos nuevos por miedo a que se terminen contagiando, cada uno tiene su vacuna, parasitario y todo lo demás”.

Ante la necesidad de dar cierre a la fundación, quedaron 21 canes en adopción, de los cuales dos fueron entregados en la presente semana. “Nos quedan 19 por ubicar, de los cuales algunos hace años que están ahí. La gente muchas veces elige los cachorritos o perritos comprados, pero lo que hace falte es darle una oportunidad a ellos. No por ser un animal adulto no sirve más, todo lo contrario. Cuando todos se vayan recién vamos a poder cerrar las puertas”, sentenció.

Mantener el refugio obligaba a realizar permanentes campañas para la recolección de fondos. Además del aporte desinteresado de quienes colaboran con bonos mensuales, “hacemos ventas dos o tres veces al mes, acompañamos con sorteos y hasta existen alcancías en comercios. Estamos en todos lados, todos los días y a toda hora. Ya no podemos más, no contar con el dinero es desesperante porque además ya nadie te fía”.

Al respecto, comentó que únicamente “la veterinaria nos sostiene porque hace 9 años que trabajamos con ellos, ya que tarde o temprano pagamos. El balanceado se paga en efectivo, no hay manera de subsistir forma”. “Todo lo estamos haciendo muy tranquilo para no tratar de afectar a ninguno; no podemos cerrar y dejarlos en la calle ni derivarlos. Somos muy conscientes para dar en adopción, y cada dos o tres meses mandamos mensajes para ver cómo están”, destacó sobre la tarea post-adopción.

Más allá de que la decisión de dar por finalizada la tarea en el refugio ni bien el último perro cruce la puerta ya está tomada, las responsables explicaron que hasta que eso suceda “tenemos que seguir cuidándolos, alimentándolos y colocándoles los antiparasitarios y vacunas. Queremos que la gente nos siga apoyando, pero principalmente que los vengan a ver. Si se dan esa oportunidad se darán cuenta de que son perros buenos, inteligentes y obedientes”.

Al refugio lo integran en su mayoría mujeres. Un hombre se encarga de la atención en doble turno de lunes a viernes, y “también tenemos un voluntario que es policía rural y muchas veces anda sin dormir y se llega para ayudarnos”. El resto “somos todas mujeres, menos de 10 en total, que estamos pendientes para que no falte nada”.

Todavía quedan algunos perros por adoptar. Aquellos interesados tienen que contactarse con Silvana al teléfono 3535623745 para coordinar una visita al lugar. Los que quedan sólo demandan un lugar acogedor y mucho cariño, tanto como el que ellos dan día a día a quienes los cuidan y protegen con tanto amor.