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Enamorados de Ti-ni

Tini descolló en el escenario. El público deliró en cada canción, y agradeció la entrega de la joven artista, ya consagrada en el Hernán Figueroa Reyes. Previamente, Emilia Mernes cautivó con su sensualidad y entrega, ofreciendo duetos con Roger King y Duki, encargado de cerrar la fiesta

Cuando el “Gringo” Borsatto gritó “peña y corazón abierto”, el Anfi estalló. Su oficio y fervorosa presentación, clásica y esperada en cada luna festivalera, fue el puntapié de una noche a pura energía en el coloso de cemento. Sin lugar a dudas que “Tini” era la estrella central de la noche. De hecho, centeneras de niños, jóvenes y no tanto, lucían orgullosos vinchas con su nombre.

La segunda noche arrancó con una destacada actuación del ballet Flor de Ceibo, que homenajeó a Michael Jackson con un popurrí que renovó aplausos de manera permanente. A su paso. Fran Nunez (así se hace llamar, aunque su apellido lleve ñ) le puso calor a la fresca noche. Su pop urbano fue disfrutado desde que sonó Bien Bonito hasta Tacones Rojos y Te traje chocolate.

El público acompañó con aplausos y coreó cada intervención, hasta que Leo Roganti anunció la presencia de Emilia Mernes. La joven se lució desde el primer momento. Tras reconocer que es su primer show con banda, hizo delirar a los presentes a pura sensualidad con Perreito Salvaje, y también con Billion. Bendición, otro de sus éxitos, fervorizó aún más a los presentes.

El show se explayó por poco más de 40 minutos. Roger King subió al escenario para acompañar a Mernes, y el cierre con Duki coronó una actuación que el público calificó de sobresaliente, en la antesala de la presentación de Tini. Precisamente la esbelta rubia apareció en el escenario minutos antes de la medianoche. Lo hizo en un escenario en altura en el que, junto a sus bailarinas, cosechó una fervoriente aceptación de los presentes.

Con Greeicy el público gritó hasta el cansancio, y por detrás de él se fueron sucediendo los éxitos, que todos culminaron en aplausos. Sin lugar a dudas que Tini volvió a enamorar al público, que demostrando su afecto gritó entonadamente no solo su nombre en reiteradas ocasiones, sino que coreó cada una de las canciones. Ya era domingo en el coloso, y la joven seguía bailando y descollando para el deleite de todos.