El fenómeno climático, cuyo pico de intensidad se registró entre el miércoles y el jueves, provocó graves daños en la infraestructura de distintas provincias y dejó a cientos de familias sin hogar, en medio de temperaturas extremas propias del invierno afgano.
Según el balance oficial, el temporal destruyó 458 viviendas, de manera total o parcial, debido al peso de la nieve, los derrumbes y las inundaciones. Además, se reportó la muerte de miles de cabezas de ganado, un recurso fundamental para la subsistencia de las comunidades rurales.
En el distrito de Paghman, en la provincia de Kabul, las nevadas bloquearon rutas y caminos, lo que dificulta el acceso de los equipos de rescate y el envío de ayuda humanitaria. La situación es especialmente crítica en las zonas montañosas, donde varias localidades permanecen incomunicadas.
La NDMA advirtió que el número de víctimas podría aumentar a medida que se logre llegar a regiones aisladas por aludes de nieve. En paralelo, organismos internacionales expresaron su preocupación por el agravamiento de la crisis humanitaria, ya que miles de desplazados carecen de refugio, alimentos y calefacción en una de las regiones más hostiles del mundo durante el invierno.