Una agenda alienada
Mientras las cámaras se concentraban ayer en los incidentes frente al departamento de Cristina Fernández en Recoleta, las agencias de noticias enviaban tres informes sobre la situación económica nacional. Los títulos son una descripción del descalabro: “Otro fabricante de neumáticos debió frenar su producción y hay desabastecimiento”, “Se frena la industria molinera por falta de granos: fuerte caída en la producción de aceites”, “Con importaciones frenadas, se proyectan fuertes aumentos en indumentaria”.
Ese mapa de la economía argentina contiene una certeza: habrá más inflación, pero ya no por un proceso de intensificación de la demanda, sino principalmente por restricción de la oferta.
Pero ese escenario que predice más penurias para los argentinos ha quedado opacado, casi obturado, por la situación judicial de Cristina Fernández.
Argentina tiene una agenda alienada.
La vicepresidenta, ante la posibilidad de enfrentar una condena de 12 años de prisión, inició un movimiento básico, elemental, pero a todas luces efectivo: sus problemas judiciales son de todo el peronismo, no sólo de ella y, por extensión, la causa Vialidad es un ataque a cada peronista. Así, de forma básica, consiguió un proceso de identificación. El peronismo parece no haber necesitado ninguna configuración política compleja, sólo le hacía falta un slogan. Cristina nunca se abrazó demasiado a la herencia de Perón y Evita, salvo ahora que era funcional para reinstalar el recuerdo de un peronismo proscripto y perseguido.
A Fernández de Kirchner le sirvió para reconstruir una mística y un relato, aunque de nuevo cuño: ya imposibilitada por las circunstancias de apelar a un discurso de clásico corte kirchnerista, basado en la distribución económica, configuró otro que también se asienta en la distribución, pero de las consecuencias judiciales: “Si la tocan a Cristina, nos tocan a todos. Vienen por nuestros derechos”, rezan los militantes.
Es un procedimiento que persuade a los convencidos, pero que a la exjefa de Estado le es suficiente para encolumnar al peronismo nacional y ejercer el liderazgo. Ella tiene lo que no tiene nadie más en el Frente de Todos.
Para la vicepresidenta, es una oportunidad política. Lo expresó claramente un personaje de La Cámpora despojado de toda sutileza: Andrés “Cuervo” Larroque. "Tenemos que aprovechar este momento, que es refundacional en términos de volver a calibrar el liderazgo de Cristina, pero también el protagonismo popular", dijo el segundo de Máximo.
El único que se contrapuso a esa lógica de construcción, tal vez porque no la comprendió o porque se negó a hacerlo, fue Alberto Fernández. El Presidente, quien fue llamado al silencio por Hebe de Bonafini, se despachó en TN con una frase desafortunada que tuvo como efecto la victimización de quien es uno de los nuevos enemigos del kirchnerismo: el fiscal Diego Luciani, a quien Cristina señala como el instrumento de la proscripción y la persecución.
La causa Vialidad y la cruzada por la vicepresidenta reconfiguraron el escenario político. Volvió a establecerse la división tajante entre quienes están a favor y quienes están en contra de Cristina y puede haber contribuido a cerrar las opciones.
El cristinismo está haciendo además un esfuerzo por recomponer una escena preexistente en la que el otro protagonista es Mauricio Macri: en sus expresiones públicas, la vice no se refiere a Juntos por el Cambio, sino a un genérico más efectivo para su tropa: el macrismo. ¿Queda lugar en este contexto para una tercera alternativa electoral?
Uno de los dirigentes que está buscando crear una nueva fuerza es Juan Schiaretti, quien piensa como aliados a dirigentes nacionales del radicalismo. Su estrategia se basa en una lectura y un dato: las encuestas de Hacemos por Córdoba señalan que el 61% de los argentinos quieren algo nuevo, una fuerza política que genere una expectativa de solución para los problemas económicos.
Sin embargo, ¿cuánto sobrevive de ese 61% en un escenario como el actual? En el schiarettismo analizaban anoche cómo posicionarse ante los pedidos de juicio político que viene haciendo Juntos por el Cambio y ante los incidentes frente al domicilio de Cristina.
Cerca del gobernador, sigue imperando la interpretación de que la actual composición política permite la irrupción de una nueva fuerza. “No hablamos de una tercera vía ni de una avenida del medio, sino de algo distinto a lo actual. La gente está cansada, harta, del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio que sólo exacerban la grieta”, indicaron en el Panal.
Una foto y una nota de los últimos días no pasaron desapercibidas. El jefe del bloque de diputados del schiarettismo, Carlos Gutiérrez, y el diputado radical Marcos Carasso, presidente de la UCR a nivel provincial, le dieron una entrevista en conjunto a Puntal en la que anunciaron la presentación de un proyecto entre los dos para reclamar por la construcción de la autovía de la 158. Más allá de que el planteo unifica a la región, la imagen fue una señal de lo que pretende construir el peronismo cordobés.
Carasso, un dirigente alineado con Mario Negri, viene de ser muy crítico en las últimas semanas con la reunión de Martín Lousteau con el gobernador. Su foto junto a Gutiérrez abrió interrogantes sobre su postura actual y sobre la del propio Negri. El coqueteo con el PJ fue una señal de que al menos un sector del radicalismo puede estar pensando en un armado distinto para las elecciones.
El schiarettismo vivió una semana intensa, tironeado entre la preparación del lanzamiento del gobernador como figura nacional y la crisis política provocada por las muertes de los bebés en el Hospital Neonatal.
El gobernador, en contra de su método histórico de actuación, esta vez decidió desprenderse del ministro cuestionado, Diego Cardozo, para cortar ahí la cadena de responsabilidades.
El caso del Neonatal expuso también los problemas que padece Juntos por el Cambio. A sus líderes cordobeses les costó horrores unificar una postura y salir hacia afuera con un planteo uniforme.
La presencia de Mauricio Macri tampoco ayudó. El expresidente se paseó por Córdoba con aires de propietario, pero ya no genera a su alrededor el abroquelamiento del que supo disfrutar. De la mano de Rodrigo de Loredo, pidió internas para dirimir la candidatura a gobernador.
Cerca de Luis Juez señalaron que están dispuestos a ir a una competencia, que vienen de ganar por 25 puntos en la interna anterior, pero que esta vez el líder del Frente Cívico pone otras condiciones: si gana la elección se queda con todo; el que se impone establece las candidaturas y los que pierden acompañan. “Está cansado de buscar los votos y que las bancas queden para los radicales”, señalan cerca del senador.
Otro punto de desacuerdo es con el propio De Loredo: en el juecismo le reprochan al radical que pretenda forzar la interna no con la mirada puesta en la elección a gobernador, sino en la interna de la UCR. “Rodrigo quiere jubilar a un montón de radicales. Y Luis busca otra cosa: que todos queden adentro porque necesitamos hasta el último voto. No va a ser fácil ganarle al peronismo”, evaluaron desde el Frente Cívico.
En realidad, Juez ansía evitar la interna y erigirse como candidato sin pasar por la instancia de la confrontación. “La gente nos va a querer matar. Imaginate salir nosotros con una interna ahora”, indicaron cerca del senador.
Para el radicalismo, una interna es la única posibilidad de hacer expresar su poder territorial y de no quedar desdibujado en el reparto de lo que vendrá.