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Buscan crear un banco de semillas para proteger las especies nativas

Además prevén capacitaciones sobre la importancia de sostener este tipo de especies. En la provincia son muy pocos los viveros de nativas. En laboratorio, analizarán y calificarán las semillas para luego reforzar la producción

Un proyecto de investigación que cuenta con financiamiento del Estado nacional busca incentivar la producción de árboles nativos, con una mirada ambiental y forestal, a través de la creación de un banco de semillas que permita no sólo aumentar la cantidad de especies actuales, sino reemplazar de una manera más rápida y eficaz a aquellas que se pierden.

La iniciativa ya está en marcha y fue la estudiante de Agronomía Eve Salvetti la elegida por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) para recibir la beca estímulo a la vocación científica. A un año de efectuada la presentación del proyecto, lograron el respaldo económico para cristalizarlo. “La idea es tener en el vivero un banco de semillas de árboles nativos. Además de tenerlas, la intención es hacer la recolección y reconocimiento de las mismas para luego ver la calidad de esas semillas y cómo germinan, que es la parte más de laboratorio”, explicó Salvetti abordada por este medio.

La intención, tras el estudio de rigor, es que esos árboles lleguen a campo. Sobre cómo surgió la investigación orientada inicialmente a la protección desde la semilla misma, la entrevistada precisó: “Hubo múltiples factores; entre ellos, el interés que tienen los árboles nativos, pero también porque en la ciudad estamos en la zona de El Algarrobal, donde encontramos especies nativas como espinillo y algarrobo, cuya intención es protegerlas porque queda muy poco de ese monte. Incluso, algunas recolecciones se pueden hacer dentro del mismo monte”.

Semilla que es vida

Para Salvetti, la semilla tiene un significado especial y el proyecto apunta también a un perfil mucho más social que intenta lograr que la gente se involucre, porque “la semilla es todo, de allí nace la vida y está todo”. En la iniciativa que logró el reconocimiento del CIN, Salvetti trabaja junto con Aldo Rangone (director) y Rocío Madrid (co-directora).

La propuesta fue adosada a una línea de investigación que la propia Madrid lleva adelante y se denomina Ecología de Aprendizaje. El amplio grupo de trabajo reúne desde ingenieros agrónomos hasta estudiantes de Biología. Sobre el destino de los fondos recibidos, insistió en que apuntarán al banco de semillas del vivero, “que es un bien común porque hay muy pocos viveros de especies nativas en la provincia. Con esto se refuerza en cierto modo la Ley Agroforestal, que apunta que productores rurales tengan cierto porcentaje de sus tierras con árboles nativos”.

Con la propuesta se busca generar interés “en toda la sociedad, no sólo en los productores”, ya que también tienen planeadas charlas en escuelas primarias y secundarias como para ir tomando conciencia. Esa necesidad de hacerlo visible surge “porque se desconoce mucho lo nativo, quizás porque no es un árbol tan vistoso, bonito o con colores. Incluso en las propias veredas la gente opta por especies que son invasivas por el propio desconocimiento”.

“No es un árbol solamente. Son tiempos en los que avanza la agricultura, pero también padecemos situaciones como los incendios, que llevan a tener cada vez menos bosques nativos que hace muchos años que están. Lo que sucede en las sierras es terrible por la cantidad de hectáreas que se pierden”, dijo.

Justamente la idea de plantear un vivero forestal apunta a recuperar las especies en el menor plazo posible. “Si uno dejara la regeneración natural seguramente algún que otro bosque se logrará, pero pasarán muchos años. Con el vivero se busca tener la semilla, hacerla germinar y hacer crecer ese árbol para luego ir inmediatamente al campo. Es apresurar un poco el principio”, remarcó.

Consultada sobre el tiempo que lleva desde la germinación misma de la semilla hasta llevar la especie a campo, Salvetti especificó: “Depende un poco del tipo de especie, aunque en términos generales tenemos al menos 8 a 12 meses para lograr tener una planta con una altura promedio de 1,20 metros. Y a esa altura ya puede ser trasladado a campo, obviamente que en una época determinada. Es casi un año de trabajo y cuidado”.

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