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"Asumí cuando nadie quería ser presidente"

Deja sentado su parecer así en el fútbol como en la vida. “Brindo un buen servicio en los 4 geriátricos, con mucha calidad y atención personalizada; tengo menos gente de lo que podría atender, pero le doy más calidad, piezas individuales, con médico, nutricionista y especialistas. Seguridad y orden”.

Agregó: “Así dejaré el club. Ordenado. Costó mucho porque no había gente y pocos jugadores. Yo ayudo todos los días a los amigos del barrio que están en una situación complicada. No me interesa crecer y ver a la gente mal. En Alumni había 60 socios y me piden que juguemos torneos nacionales. Primero teníamos que ordenar nuestra casa, pagar las deudas históricas de luz, para luego empezar a crecer”.

Aclaró: “Tengo 4 nietos: Bautista (14), José Adolfo (12), Lola (10) y Amparo (3). No son futboleros, son más estudiosos que yo, pero a todos les dejo mi legado. Ser buena gente, trabajadora y humilde”.

Explicó: “La vida me devolvió todo lo que di, por eso sigo dando para recibir. En Alumni nunca necesité un cargo para ayudar o colaborar. Hablé con jugadores como Jorge Molina o Henry Rapetti, que vinieron de River Plate, pero se pusieron la camiseta y dejaron la piel. Son como mis hermanos. Los primeros que vinieron a darme una mano fueron ellos, pero la dirigencia es jodida”.

Señaló: “No siempre se puede evitar una discusión o cambiar de rumbo cuando la mayoría piensa diferente. Yo llegué en el peor momento, porque la parte económica estaba mal, pero siempre había jugadores. Esta vez no sobraban jugadores, no había buenos resultados y había deudas”.

Agradeció “a esos 8 o 10 tipos que quieren al club y pintan paredes, hacen tribunas, limpian, buscan el combustible para la cortadora de césped. Hay que seducir a la gente para que vaya a disfrutar al predio y en vez de 10 sean 20 o 30. Hay que brindarle más al socio”.

Destacó: “La gente pide que vuelva a ser lo que era Alumni. Yo les digo que lo que era Alumni fue en otra situación. Hoy la sede lleva 8 meses cerrada y sin oferentes”.

Precisó: “Los bufeteros no le encontraron la vuelta y fueron boliches para 10 tipos. El costo de un salón de esa dimensión, no es para eso. Es para 150 personas”.

El último esfuerzo

Remarcó: “No me gusta hablar de vender. Me gustaría comprar más tierra. Los cuatro departamentos que hoy tiene el club en la cancha vieja alcanzan para pagar al canchero, al utilero y la deuda es escasa. Hasta se pagó la asamblea para renovar autoridades. Falta el último esfuerzo”.

Enfatizó: “Voy a estar siempre para lo que haga falta. No voy a estar a la cabeza. Yo no me tiro al mar si no sé dónde voy a caer. No voy a hipotecar el club ni hacer negocios que desconozco con su tierra. Hace falta gente con mirada empresarial como Adrián López”.

Manifestó: “Alumni ya pasó por lo más difícil. Tiene un predio muy lindo. La deuda histórica de luz se pagó. Tuvimos boletas de 80 mil y se la juntó de los bolsillos. Hoy pagamos 22 mil. No hay ingresos, pero el predio está bien mantenido gracias al canchero”.

Recordó: “Asumí cuando nadie quería agarrar. Luis Damiani me lo pidió y estuvimos juntos en esta, como hace 50 años. Somos gente ordenada. Hoy ir jugar en San Francisco nos sale 100 mil pesos. Los campeonatos pasan y después no queda nadie en el club. Las grandes empresas deben vender para crecer, no para achicar”.

Recalcó: “Me iré dejando el club sin deudas y a gente que tiene mi mismo sentimiento. El fútbol es muy lindo, lo he disfrutado, pero cuando se gana o cuando se pierde tenés que estar. En Alumni sólo sirve ganar. Yo jugué con gente que te defendía como Abad o Alaniz, pero te puteaban desde que empezaba hasta que terminaba el partido. No fui un crack como Santoni, Ludueña o ‘Coneja’ Ortega, pero mordía que daba miedo. Jugué de 8 y de 5, pero nunca escatimé esfuerzos. Ni podía ver los partidos últimamente porque estaba en el kiosco. Falta el último esfuerzo de mi gestión, pero Alumni quedará de pie y con una base propia de jugadores y socios”.

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