"Dos ascensos en Alumni, pero no pude dirigirlo"
Remarcó: “Jugué con todos en Ferro, porque a los 17 subí a Reserva, y bajaban los de Primera. Me acuerdo de Gaitán, que fue ídolo en Rosario Central, Cancelarich, Vázquez, Mancuso, Artime, Miranda. Y entrené con todos los campeones de Primera”.
Recita de memoria aquel equipo que “ganó 2 títulos en Argentina. Le ganó al River de Francescoli. Jugaban Barisio, Gómez, Cúper, Rocchia y Garré; Arregui, Saccardi y Cañete; Crocco, Márcico y Juárez”.
Subrayó: “Entrenar con ellos fue vivir un sueño. Ferro era como Boca o River. Todos los días venían colectivos llenos de pibes, que venían a sacarnos el lugar. Esa competencia existía desde que te levantás hasta que te acostás. Es muy difícil superar esas pruebas, porque no te dan una. Es un ambiente difícil, de competencia permanente hasta con tus amigos”.
Indicó: “Es muy difícil adaptarse. Si sos suplente, sabés que te vas a quedar libre a fin de año. Las prácticas eran a muerte: Si salías sano podías jugar el fin de semana. Ser citados es el objetivo semanal, y jugar ya es como un privilegio”.
“Acá te encontrás con chicos que te dicen: ‘Yo en ese puesto no juego’. Allá te tiran una camiseta, y jugás de lo que sea. Ni mirás el número. Jugar es un privilegio. Fue una experiencia fabulosa”, dijo.
Recalcó: “Aprendí en esos 5 años lo que era el fútbol y la vida. Mi papá había enviudado, Griguol lo sabía, y lo llevaba en el colectivo con la Primera a ver los partidos a todas las canchas. Comía en el club con nosotros, donde no sólo comían los jugadores de fútbol, sino los de todas las disciplinas. Yo comía con Cortijo, Uranga, Maggi”.
“No hay lugar para todos”
Resaltó: “No hay lugar para todos en el fútbol. A la hora de firmar contrato yo había ido a préstamo a Argentino de 25 de Mayo, y fuimos campeones. Volví a Ferro porque no me prestaron, pero después me dejaron libre. En esa época no había tantas transferencias, y las formaciones se recitaban de memoria durante 4 o 5 años en Boca, River, Ferro o Racing”.
Explicó: “Los 30 pibes que llegaban a la edad límite de contrato son buenos, pero sólo 2 o 3 firman. Te ubicaban en otros equipos, pero mi ilusión era jugar en Primera en Ferro. Me dolió mucho”.
“Los mismos jugadores de Ferro me ubicaron en Nueva Chicago. Yo estaba acostumbrado a que en utilería te hacían firmar una planilla y te daban un canasto con la ropa y botines. Terminaba la práctica, el utilero revisaba, y te hacía firmar la planilla con la toalla, jabón y ojotas para bañarte. En una semana en Chicago, me encontré con que el utilero no quería entregar la ropa porque no le pagaban, el DT no podía empezar la práctica. No tenía donde parar. Volví”, señaló.
Insistió: “Sin representante, sin celular, no era fácil aguantar. Yo le escribía cartas a mi viejo. Hoy sólo te preocupás por jugar”.
“Volver a adaptarme a mi mundo”
“Regresé a Villa María, donde estudiaba en el Trinitarios. Fui electo mejor compañero y tenía mi vida y mis amigos a los 14. Pero en Buenos Aires yo terminé la secundaria con tipos de 30 años en un nocturno. No tuve viaje de estudios”.
Destacó: “Cuando volví sufrí. A los 20, tenía incorporado aquel mundo de Ferro y debí adaptarme de nuevo al mundo de donde salí”.
Subrayó: “En Argentino jugaba a los 14 años con Oscar Catena, ‘Tronco’ Acuña, Perassi, Bonzi. Eran más grandes, pero Calderón era un adelantado, y me ponía porque tenía a los guerreros a mi lado. Volví de Ferro, 5 años después, a Alumni con ‘Nene’ Miranda. Compartí equipo con Rapetti, Molina, Beltramo, Sánchez, Agonil, Bazán, Hiotidis en la ACF. No fue fácil”.
Los ascensos en Alumni
Si bien emigró a un equipo de Central Argentino que “jugó semifinales”, recordó: “Mario Requena me repatrió, y Alumni logró ascender en Córdoba. Armó un equipo propio, con Páez, Surbera, más los de la Liga. Y ascendimos”.
Añadió: “Fui jugador, entrenador de la local, ayudante de campo cuando ascendió al Argentino A en 2006 con Arzubialde, pero me faltó poder dirigirlo en otro nivel a Alumni. No me dieron esa chance, pero aún puedo tenerla”.