Jorge Molina es el “gran capitán” de tantas memorables batallas que animó Alumni desde la década del 70 hasta la del 90 y obtuvo los títulos provinciales de 1977 y 1991.
Pero, además, se dio el lujo como DT de dirigir al campeón del Interligas 2001 en la gira por Uruguay. Antes formó parte de las 2 giras internacionales por Chile y Uruguay.
“Tuve la suerte de vivir épocas doradas del club, en que por atrevidos, aventureros o apasionados un grupo de dirigentes como Daniel Esper, Moro Hidalgo, Lalo Rodríguez y tantos más como los Daher, Miranda, Valdemarín, Fonseca o Yuón se animaron a llevar a Alumni a niveles insospechados con o sin dinero, pero con astucia e ingenio, más la ayuda del jugador, que aceptó todos los desafíos”.
Estimó con respecto a los títulos provinciales: “En 1977 ganar el campeonato era un honor, pero no otorgaba plaza para torneos superiores. Le ganamos la final a Independiente de Quilino. Hacía un calor impresionante, fuimos temprano y después de comer nos acostamos a la sombra de unos carros que habían puesto como tribuna en la cancha. El viaje había sido demoledor y había que ganar para ser campeones provinciales”.
Al finalizar el partido comimos una ‘cabeza al barro’ en la casa de Juan Domingo Montoya (capitán del equipo). Hubo un compañero que dijo que él no iba a comer eso, pero después se prendió y terminó preguntando si los ojitos también se comían (sonríe)”.
Resalta: “Eran tiempos de Hernán Ríos, que fue muy especial porque nos mostró algunas cosas que en Villa María no se utilizaban, tanto para entrenar, jugar o avivadas que acá desconocíamos. Era muy puro todo en nuestro fútbol”.
Con respecto al equipo que venció en la final a Estudiantes y obtuvo el Provincial en 1991, dijo: “Era de lo más completo. Había calidad y una mezcla de jugadores con mucha experiencia y otros jóvenes que la rompían. Ese equipo tenía todo para jugar una B Nacional, pero faltó plata al final. Cuando nos medimos con otros equipos le podíamos ganar a todos, pero se complicó cuando se acabó la plata. Los viajes eran largos y los jueces, muy caros. Faltó el plus”, precisó.
Su arribo al Fortinero
Molina recordó: “Mis inicios fueron en River Plate. Yo jugaba en el equipo del barrio San Martín y fuimos a jugar un partido contra All Boys en la cancha que estaba al costado de la de River Plate. Abel Volta estaba mirando y nos invitó a jugar en River Plate. En el baby eran torneos relámpago interbarriales que duraban uno o dos fines de semana. Conmigo jugaban ‘Coco’ Fuente y ‘Bocha’ Mazini, entre otros”.
“Siempre recuerdo cuando falleció ‘Chichín’ Ortiz. Tiraron un tiro de esquina y él la sacó con el pecho al córner. Cuando tiraron el centro, se cayó. Nadie sabe si fue por el pelotazo o por problemas cardíacos previos”, se lamentó.
“Era el DT de inferiores en River Plate, como un padre. Las relaciones eran distintas antes. Ahora andá a decirles a los pibes que prendan la caldera o que marquen la cancha y pongan las redes. Aun en Alumni nos llevábamos la ropa a lavar a nuestras casas. Los jugadores hacíamos de todo por el club”.
En el Millonario jugó con “Henry Rapetti, Sergio Ponce, Eduardo Giovanardi, ‘Taza’ Balario, ‘Pipi’ Zapata, Gallo, Maceda” y llegó a jugar con “Pollo” Núñez.
“Debuté a los 16 años. Luego a Henry (Rapetti) lo compró Alumni. Y yo fui de caradura... Es que vivía a 5 cuadras de la cancha de Alumni y, como ellos habían salido campeones, se preparaban para el Provincial. Fui a ver una práctica, porque en los otros clubes quedábamos 6 meses sin jugar. En un entrenamiento se acercó Ríos y me gritó con su carácter: ‘¿Usted quiere jugar un rato?’. Así empezó. Un domingo a la mañana fueron con Hidalgo a mi casa, medio trasnochados, y me dijeron: ‘Usted dónde quiere jugar, ¿en Alumni o River?’. Les dije en River y se enojaron: ‘Vivís a 5 cuadras de la cancha de Alumni’. Arreglaron con River Plate por ladrillos y botines”.
De los títulos con Alumni dijo: “Peleábamos con Alem para ir a los regionales. Estaba la motivación de jugar esos torneos, que eran lo máximo. No habíamos salido de Villa María y recorrer la provincia y otras provincias en fases más avanzadas era lindo”.
“Nos motivaba mucho más tener camisetas nuevas, o diferentes modelos, que la plata. Nos gustaba ser campeones por la gente, por el barrio y para poder jugar estos torneos. No nos dábamos cuenta de la importancia y la plata iba para los botines y la ropa. Queríamos ganar para conocer. Después fuimos queriendo más. Pasábamos Río Tercero, Bell Ville y siempre costaba mucho pasar a Río Cuarto”.
Nacen los clásicos
Manifestó: “Con Alem la rivalidad era para ganar los títulos acá y jugar los regionales. Se jugaba fuerte, pero sin mala intención, y en la calle nos saludábamos y hablábamos sin problemas. Contra Estudiantes de Río Cuarto fue otro tipo de rivalidad, porque ya se trataba de ganar como sea. Los dos clásicos eran a cancha llena”.
El tricampeonato de 1977, 1978 y 1979 lo marcó a fuego. Recordó que “con el paso del tiempo se fue confirmando esa rivalidad, que nació antes. Eran duelos inolvidables”.
También Molina estimó: “Se armaban selecciones para los regionales. Hay buenos jugadores en el fútbol local, pero hay que darles tiempo, tener paciencia y esperarlos para que adquieran la experiencia suficiente para esos torneos”.
Recalcó: “Muchas veces no nos gustaba que vinieran jugadores de afuera, pero la gente lo pedía. Nunca hubo problemas y siempre los integramos al grupo de la mejor manera, pero muchas veces eran igual que muchachos de la ciudad”.
Sin embargo, rescató algo que “ahora parece difícil de conseguir y Alumni tendrá que recuperar”: “Para nosotros siempre primero estaba el club. Yo tenía que hacer marca hombre a hombre para dársela a Salinas, Hiotidis, Sánchez o Santoni y no dudé nunca en hacerlo. No había individualismo”.
“No había problemas de ego ni adentro ni afuera de la cancha. Con los dirigentes pasaba lo mismo. No todos pensaban igual, pero primero estaba Alumni”, dijo.
Remarcó: “Vinieron muchos jugadores muy buenos y otros no tanto. Algunos de esos muchachos formaron familia y viven en la ciudad. Siempre los integramos. Éramos un grupo que se juntaba en familia y eso hacía que muchos formaran pareja y optaran por quedarse en la ciudad, como Hiotidis, Agonil, Mondadori y tantos otros que ya son villamarienses”.
Apuntó: “Hay un tiempo de conocimiento entre el jugador y el público. Los defendíamos. Con muchos hablábamos fuerte y de frente y hoy somos amigos. No me olvido del ‘Gaucho’ Beltramo, que estaba para otro nivel. Vos le dabas la pelota y él te daba satisfacciones. Era un caradura y siempre me dice que lo hice renegar mucho”.
Indicó: “Los compañeros eran como hermanos. Algunos eran muy buenos, pero había otros que eran muy rendidores sin tener tanto brillo. Uno que no tenía cartel pero era un gran jugador era Edgardo Páez. Era espectacular, pero era de Ticino, de perfil bajo. En el ‘91 Luis Pentrelli trajo su tropa y ya no tuvo continuidad”.
“Alguna alegría le he dado a Alumni y me dio muchísimo. Me marcó el gol a Estudiantes, el triunfo contra Belgrano, los títulos, pero lo más valioso fue hacer amigos y tener a mi familia siempre a mi lado. Jugar y verlos en la cancha era único. Me hacía muy feliz”.

