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"La frutilla del postre"

Ezequiel Carassai dejó una huella en Alumni. "Me hice hincha de niño, cuando vi al equipo de los 80. Debuté recién a los 21 y por porfiado no paré de pelear un lugar hasta conseguir el ascenso en 2006. Antes integré grandes equipos"

Ezequiel Carassai resalta que una gloria del fútbol local, José Omar Reinaldi, cuando lo dirigió en Mandiyú de Corrientes, le dijo: “Aprovechen cada partido, cada práctica, como si fuera la última. Porque la vida de un futbolista es efímera y cuando te das cuenta ya se terminó. Y es cierto”.

Fue en el final de su carrera, cuando se logra disfrutar cada momento porque se edificó una vida de futbolista que es difícil de olvidar. Hoy es tiempo de recorrerla, porque el menor de los tres hermanos futbolistas, hijo de un crack como Aldo, fue preciso y certero en cada emocionado relato.

Yo aprendí a pelear siempre por un lugar. Nunca bajé los brazos, aunque todo me costaba el doble. Por porfiado pude jugar

“Tenía razón la ‘Pepona’. De todos los DT pude rescatar algo. De Mario Requena pude aprender mucho. Jorge Peñaloza me hizo debutar y también me dio mucho. Es lógico que Pedro Catalano o Héctor Arzubialde también, pero muchos me enseñaron pequeñas cosas que me sirvieron para siempre, como ‘Nipón’ Bazán o Abel Volta en inferiores, o Jorge Molina y ‘Pepe’ Suárez después”, afirmó.

Esos nombres de entrenadores de diferentes características, pero con enorme trayectoria, hablan de la importante carrera que hizo.

“Yo aprendí a pelear siempre por un lugar. Nunca bajé los brazos, aunque todo me costaba el doble. Por porfiado pude jugar”, asegura.

Destaca: “Muchos de mis compañeros de inferiores debutaron antes y yo tuve la suerte de luchar para lograrlo a los 21 años, ya de grande para un debut. Tuve que dar todos los pasos, hasta que ‘Chacho’ Peñaloza me dijo en cancha de Instituto que debutaría en un partido que empatamos con la Gloria, que fue preliminar del que ellos jugaron con Olimpo por la B Nacional. No me olvido más”.

Insistió en contar: “Mario (Requena) me hizo entender lo que después se confirmó. Yo jugué siempre de delantero en el baby en Barrio Industrial y en las inferiores de Alumni. Pero Requena me dijo que yo sería un gran lateral izquierdo, porque llegaba con más claridad a posiciones ofensivas y tenía buen cambio de ritmo”.

Destacó: “Yo jugaba como delantero y no le hacía goles ni al arcoíris. Un día me llamó José ‘Pepe’ Suárez y me preguntó cuántos goles había hecho. Le dije 4 hinchando el pecho y me dijo que si quería jugar en su equipo me iba a poner como carrilero”.

Aclaró: “‘Carrilero’ no me gusta decir. Yo fui volante izquierdo en su equipo y me afiancé en 1999, en el último año de Alumni en la ACF. Ese año fuimos campeones en Córdoba, pero al año siguiente volvimos a la Liga Villamariense”.

Remarcó: “Con 1,71 y 30 kilos era muy difícil jugar en Córdoba de delantero haciendo 4 o 5 goles por año. Requena me puso de 3 y me decía que no me preocupara por la marca, porque el oficio me lo iba a dar. Pero yo no servía para el roce. Igual, en el puesto estaba Roque Pinto, que era un crack. El único que jugó fue ‘Titina’ Bravín, que era un 3 muy bueno”.

Fue alternando. “Me cansé de esperar, pero nunca bajé los brazos. Seguía como delantero, porque a tozudo nadie me gana. Cuando me dijo Suárez que un delantero no existe cuando hace 4 goles, me cayó la ficha. Ese año salimos campeones con el equipo más contundente: Víctor Rena hizo cerca de 20 goles, pero ‘Negrín’ Casas, ‘Quique’ Sánchez y yo superamos los 10 goles. Fuimos campeones contra todos los pronósticos, ganándole a Racing la final. Inolvidable”.

Encontró la Plaza y su casa

Sonríe cuando dice: “Era un viejo cuando debuté con el ‘Chacho’ a los 21 años, pero me enteré en el vestuario, porque ese día no pudo jugar ‘Negrín’ Casas. Peñaloza dijo que iba a jugar yo y Américo (Agüero) me dio la ropa. Fue un utilero y una persona excepcional, y me dijo: ‘Kelo, esta ropa te la merecés’. Temblaba todo”.

Recordó: “La cancha se fue llenando porque iba a ver a Instituto contra Olimpo y terminamos con la gente cantando. Fue en el ‘95”.

Insistió: “Esperé mucho por ese día, pero fue muy lindo. Yo venía los sábados a la noche de Córdoba con las inferiores de Alumni y ‘Nipón’ Bazán me decía que al día siguiente tenía que ir antes del mediodía al club para jugar en Reserva. Jugué mil partidos en la Reserva, hasta que se dio por porfiado”.

Destacó: “Era feliz. Siempre fue un orgullo jugar en Alumni”.

Remarcó que descubrió a Alumni “de casualidad”: “Cuando jugaba en el baby con Barrio Industrial, un día jugamos contra All Boys, y escuchaba los gritos de la gente en Plaza Ocampo. Le pregunté a mi papá si me dejaba ir y me dijo que volviera rápido, porque estaban jugando mis hermanos”.

Aclaró: “Era el Alumni de los 80, con Rapetti, Molina, Beltramo, Sánchez, Agonil, Hiotidis. Me volví loco. Ese día me hice hincha. Le dije a mi papá que quería jugar en Alumni. Cuando terminé el baby fui a la cancha y el DT era Abel Volta. No me olvido de que el primer partido también fue contra Instituto en ‘La Agustina’ y nos hicieron como 14 goles. Pero Alumni fue mi casa para siempre”.

Señaló: “Cuando volvimos a la Liga Villamariense nos comimos un garrón porque perdimos el título en Plaza Ocampo contra Central Argentino. Íbamos punteros con Yrigoyen y ellos ganaron”.

“Estaba muy loco. No pude pasar a mi excompañero René Pegoraro en toda la tarde, Luciano Pereyra atajó todo y Dante Oscare nos vacunó. Por suerte desde el año siguiente ganamos el Provincial y tres campeonatos consecutivos, hasta llegar al Argentino B y empezar otra etapa muy linda”.

El último campeón en la ACF

Carassai sostuvo: “En aquel equipo campeón en Córdoba en 1999 empecé a jugar como volante por izquierda. No la veía ni cuadrada. Le pedía la pelota a Diego Sachetto, que era compañero mío desde inferiores, y me decía: ‘Pero si estás en otro canal’. Estaba perdido”.

Decidió hablar con “Pepe” Suárez. “Le explique que no me encontraba, porque siempre me gustó estar cerca del arco, y ahora me quedaba lejos. Me dijo: ‘Venga, va a patear de afuera del área’. Me tuvo como 4 horas pateándole a Tello (un arquero cordobés). Me tiró centros de todos lados. Eso fue un miércoles, pero ese domingo yo hice 3 goles contra Huracán”.

Precisó: “Ahí arranqué. Le empecé a tomar el gusto al puesto. El día a día es muy importante y Alumni entrenaba todos los días, por eso marcaba mucha diferencia y ganó 3 torneos seguidos en la Liga, porque tenía 7 estímulos semanales. Les ganamos a todos”.

Manifestó: “Después de ser el mejor equipo de Córdoba en 1999 nos queríamos quedar allá, pero la comisión decidió volver. El golpe de no poder ganar hizo que entre 3 jugadores y un par de dirigentes armaran un equipo tremendo”.

Remarcó: “En 2001 fuimos campeones del Interligas”.

Ese equipo no debió desarmarse “Ese equipo no debió desarmarse”

Fue categórico al señalar que “ese equipo de 2001 no debió desarmarse nunca”.

“Jugábamos todos por la camiseta y, excepto Gustavo Basso, éramos todos de Villa María”, dijo.

Destacó: “De mitad del torneo hacia adelante fue impresionante. Santoni estaba iluminado. Fuimos al Provincial y lo ganamos. Fuimos a la Liga ya con Jorge Molina y lo ganamos. Fuimos al Argentino B y clasificamos. Fuimos a un torneo internacional en Uruguay y fuimos terceros”.

Agregó: “Era todo esfuerzo. Los dirigentes hacían malabares. No cobrábamos, pero el plantel era espectacular y jugábamos bien”.

“En Uruguay, con Molina, fuimos terceros. Fue un premio por ganar el Provincial. Me acuerdo que dijimos: ‘Vamos, jugamos dos partidos y nos volvemos para jugar el domingo con Unión San Vicente por el Argentino B’. Cuando ganamos, no queríamos volver más. Era el estadio de Maldonado, donde jugó el seleccionado, y encima llegamos a semifinal. Nos ganaron los paraguayos y nosotros ganamos el partido por el tercer puesto y volvimos”.

“El ascenso soñado”

Describió el ascenso en 2006 como “el ascenso soñado tantas veces”. “Siempre nos faltaba plata y no podíamos lograrlo”.

“Lo importante fue conseguirlo en el final de mi carrera, porque fue la frutilla del postre. Al equipo lo armaron Claudio y Gustavo D’ambrosio, pero con Héctor Arzubialde ascendimos. En cancha de Juniors fue el corolario del esfuerzo que hice para jugar. Ascendí por porfiado, de tanto intentar”.

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