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Quién fue Jorge Bonino, el artista local que le da nombre al auditorio del Centro Cultural

Este matutino dialogó con Martín Sappia, director y guionista de "Un cuerpo estalló en mil pedazos", película centrada en la vida del enigmático y misterioso actor villamariense. En palabras del realizador audiovisual, Bonino "es un personaje fascinante"

En la sala que lleva su nombre, esta noche se presentará “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, película que repasa la vida de Jorge Bonino, aquel indescifrable actor nacido en esta ciudad que triunfó en el mítico Instituto Di Tella y, más tarde, en un sinfín de escenarios del Viejo Continente.

La presentación del largometraje será hoy a las 21.30 en la sala principal del Centro Cultural. En el marco de dicha actividad, este medio logró conversar con el flamante director y guionista de la obra, Martín Sappia, quien en 2014 se animó a juntar varios pedazos del artista, a quien define como “fascinante”, para armar un producto audiovisual que hoy llega a la pantalla grande del Espacio Incaa.

“Un personaje fascinante”

-Sospecho que en Villa María pocas personas saben quién fue Jorge Bonino, aún cuando su nombre está en una de las salas más concurridas de la ciudad. ¿Por qué pensás que se da ese fenómeno?

-En realidad, creo que Bonino es poco conocido en todos los ámbitos, salvo dentro de un ámbito muy específico, que es el de la cultura de la vanguardia, donde están aquellas personas que han estudiado las vanguardias argentinas que surgieron del Instituto Di Tella. Por otro lado, creo que también existe una cuestión generacional. Bonino triunfó y se hizo conocido hace ya muchísimo tiempo. Una tercera cuestión tiene que ver con que la obra de Bonino no ha dejado rastro. No hay documentos o archivos que respalden todo lo que tiene que ver con su obra. Lo que ha quedado, de alguna manera, es el nombre, la reminiscencias de quién fue y lo que hizo. Todas estas cuestiones confluyen en que cierta generación no lo conozca. La película, en cierta manera, trabaja sobre ese olvido, no solo en Villa María, sino en el arte argentino en general.

-¿Cómo nace tu interés por rodar esta película?

-Cuando empezás a bucear en la vida de Bonino, te encontrás con un personaje fascinante, sobre todo cuando te das cuenta de que no hay nada publicado y que existe muy poca información. Con este personaje tan mítico se plantea un enigma. En la medida que fui hablando con la gente que lo conoció, con sus amigos, ese enigma se convirtió en fascinación. La investigación la disfruté muchísimo, tanto que cada vez quería saber más. El personaje me fue atrapando, el misterio Bonino me atrapó también.

-¿Qué es lo que buscás contar en el relato audiovisual?

-No busqué nada en particular, más bien me interesó la historia de Bonino, me interesó rastrear su vida y lo que ha quedado, que se manifiesta como un espectro, porque no hay nada donde asirse fehacientemente, todos son recuerdos, y sabemos que los recuerdos tienen muchas deconstrucciones personales. Para el documental entrevisté a mucha gente, hice más de 50 entrevistas, en las que surgió información que no siempre coincidía, que muchas veces era contradictoria.

-Entonces, recorriste muchas ciudades.

-Sí, estuve en casi todos los lugares donde él estuvo, en los principales, en busca de gente que había estado con él, en Francia, España, Córdoba, Buenos Aires y también Villa María. La película no busca reconstruir su vida como una biografía, sino más bien, intenta jugar con los elementos, con los rastros, con las huellas que he ido encontrando. La película es un intento de reunir pequeños momentos que no pretenden ser una verdad, sino una posible vida de Bonino.

-En cuanto a esas huellas que Jorge fue dejando, qué pudiste recolectar de su paso por Villa María, ciudad donde incluso nace.

-Precisamente, sus primeras actuaciones se dieron en Villa María. Las hacía con sus amigos del colegio y sus amigos de un grupo Evangelista del cual su familia formaba parte. Los comentarios y los relatos recolectados me cuentan que el Bonino del Di Tella y el de los teatros en Córdoba, de alguna manera, es la continuación del Bonino niño, del Bonino joven. Las primeras imitaciones de Jorge nacen de los pastores que venían de Inglaterra y Estados Unidos, quienes tenían un determinado acento. Con esos elementos, él empieza a crear su propio lenguaje. Lo que encuentro en Villa María es el germen de todo.

-Con el tiempo, sus obras llegan a Europa.

Después de triunfar en el Di Tella, Bonino se va a Europa, donde pasa un par de años viajando y viviendo. Comienza a actuar en París, donde triunfa en un teatro del barrio Latino. Allí transcurre varias temporadas. Con ese producto, empieza a viajar por toda Europa haciendo el espectáculo. Va a Madrid, a Ansterdam, a Munich y Hamburgo, a Bruselas, a Roma. En Europa se encuentra con un personaje que no deja de hacer y producir. Finalmente, tiene problemas de salud mental y decide regresar a Argentina.

-¿Cuándo nace el proyecto audiovisual y quiénes te acompañaron en el camino?

-El proyecto nace en 2014. Trabajé mucho tiempo solo, con amigas que me fueron ayudando, como María Aparisio y Ada Frontini. Después, Twist, una productora de Córdoba, a través de Lorena Quevedo, me apoyó consiguiendo fondos del Incaa y del Polo Audiovisual, y eso me permitió terminar de desarrollar la película. Luego aparecen personas como Eva Cáceres, Ezequiel Salinas, Atilio Sánchez y Rebeco Disandro. También me acompañaron Eugenia Almeida, que hizo la voz en off de la película, y Damián Oroz, que me ayudó mucho con la investigación. La película se termina unos días antes del comienzo de la cuarentena. La pude presentar en el Festival de Cine de Mar del Plata, después también estuvo en un festival de Torino, en Italia, en Toulosse y en MÁlaga. En Argentina, recorrió los festivales de cine de Cosquín y Tucumán.