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Caritas Felices: 15 años sirviendo mucho más que un plato de comida

El proyecto que nació como una copa de leche los sábados, hoy es un comedor que funciona de lunes a viernes. “Mi sueño es que cada niño pueda comer en su casa, con su familia”, relata Marisa Sánchez, la coordinadora del espacio

Anclado en el corazón de barrio La Calera, y desde hace 15 años, funciona el comedor Caritas Felices, espacio que se construyó con cimientos de amor y solidaridad y que hoy resulta un lugar fundamental para decenas de familias.

El 4 de junio de 2011, Marisa Sánchez, Silvia Clot y María Rosa Cabrera (conocida como Luisa) tomaron la firme decisión de abrir una copa de leche los sábados, viendo que la necesidad de acceder a una buena alimentación iba en aumento.

Lamentablemente, la situación se fue poniendo cada vez más dura, y lo que era una copa de leche se transformó en un comedor. Primero empezaron dando comidas un solo día, luego sumaron otra jornada más, y cuando se dieron cuenta, ya estaban asistiendo a niños y niñas todos los días.

“Quien lo diría”

Marisa Sánchez, coordinadora del comedor, mira hacia atrás y no puede creer todo lo cosechado. “Quien lo diría, ya 15 años”, sostiene ante Puntal Villa María.

Y sigue: “Son 15 años de estar, de alegrías, de tristezas, de amor y contención”.

“Siempre decimos que esto es un combo: está la comida, pero eso viene rodeado de amor y contención, de poder entender a los niños, de escucharlos, de ayudarlos en lo que podemos, de estar, eso es lo importante”, sostiene.

En la continuidad de la charla, Sánchez no puede evitar no acordarse de su querida amiga Luisa, también fundadora del espacio. “Sabemos que nos guía desde arriba”, suelta emocionada.

“Seguimos con muchas ganas, sentimos el apoyo de toda la gente, tanto de Villa María como de la región, hemos recibido ayuda siempre de todos lados, sabemos que somos muy queridos, muy escuchados, en cada necesidad. No queda más que agradecerle a todo el mundo por haber sido parte de Caritas Felices”, agrega quien hoy es un bastión fundamental para el andar de barrio La Calera.

“Por acá pasó mucha gente. Nuestros niños son todo para nosotros. Siempre digo que son como mis hijos del corazón, aquellos pequeños que uno va preparando, que luego son adolescentes y más tarde, hombres y mujeres, parte del futuro”, manifestó.

Quince años después, Sánchez no oculta su gran ilusión. “Sueño que algún día esto que estamos viviendo mejore y que cada niño pueda comer en su casa, que Caritas Felices no exista más como comedor, sino que sea un lugar de encuentro, de talleres, de otras actividades”, proyecta la mujer.

Y concluye: “Sueño que un niño de 2 años no tenga que venir a comer a este lugar, que pueda elegir comer en su casa, con sus padres, que esté con su familia, algo que hoy no puede hacer porque la situación no lo permite”.