De Oliva al mundo. Nicolás Delmonte tiene 30 años y un largo periplo en el planeta fútbol.
Vive en Bangladesh, donde juega para Bashundhara Kings.
Su recorrido con la pelota lo ha llevado a jugar en España, Albania y Malasia. Varios equipos tuvieron sus servicios y se dio el lujo de compartir plantel con el riocuartense Pablo Aimar, entre otras figuras reconocidas.
A los 13 años dejó Oliva para sumarse al club Renato Cesarini en Rosario. Luego pasó a las divisiones formativas de Independiente de Avellaneda, en el que le tocó debutar como profesional en 2008.
A partir de allí comenzaría a viajar y recorrer kilómetros tras los sueños de futbolista. Dinamo Tirana (Albania), Instituto (2012/13), Johor Darul Takzim FC II (Malasia), Estudiantes de San Luis, Marbella Fútbol Club, Extremadura Unión Deportiva y CE Sabadell ( España).
Trotamundo y con el pasaporte abierto para nuevas experiencias. Nicolás le cuenta a Puntal Villa María cómo se vive la pandemia en el sur de Asia.
“Hay pocos casos con relación a otros países; no hay policías ni el Ejército en la calle, no es tan estricto como en otros lados. Sí estamos en cuarentena; en principio era hasta ayer 10, pero ahora la han extendido hasta el 24. Por el momento, solo salimos al súper y farmacia. Realizamos las compras esenciales”, comenta el volante central o extremo zurdo.
-¿Qué medidas han tomado las autoridades?
En un principio acá se lo tomaron con calma. Los casos no han crecido mucho, hay 40 casos y cinco fallecidos. No sabemos hasta qué punto esa cifra será real o no. Bangladesh es como Córdoba en superficie en kilómetros y hay 170 millones de personas.
-¿Cuál fue la decisión del club apenas empezó la pandemia?
No entrenamos desde el 15 de marzo y hasta nuevo aviso. Tenemos la orden de permanecer en nuestras casas y comprar mucha comida para salir lo menos posible de las mismas.
Muchos deportistas de la región que viven afuera, sobre todo los de Europa, dicen que se subestimó. ¿Cómo fue la situación en Bangladesh?
Comparto, no se tomó dimensión de lo mucho que podía afectar al mundo, aunque hay países que lo hicieron bien y tomaron medidas a tiempo y estrictas.
-¿Pensaste en volverte en algún momento?
Sí y no. Si vuelvo a Argentina mi novia, que es española, no puede entrar y si voy yo a España no podré entrar. Por tal motivo nos vamos a quedar acá.
-¿Cómo explica un futbolista esta situación de estar adentro cuando el hábitat es otro?
Es todo diferente. Para los entrenamientos no todos tienen las mismas comodidades y elementos para entrenarse lo suficientemente bien y en espacios reducidos como un departamento.
Más allá de eso, se extraña competir. Después la vida es normal; desayunamos, almorzamos, siesta, entrenamos y por la noche, cena, Netflix y alguna que otra cosa por internet.
-¿Qué medidas toman con tu pareja en el día a día?
Barbijo, siempre; aunque siempre lo llevo desde que llegué al país porque hay mucha contaminación.
Luego cuando salimos a realizar compras del supermercado y cuando llegamos lavamos los productos antes de ordenarlos.
Las zapatillas, afuera siempre y lavamos la ropa seguido.
-¿Seguís lo que pasa en Argentina respecto de la pandemia?
Siempre, durante el día pongo radios cordobesas, leo diarios de alcance nacional y por YouTube veo los canales argentinos antes de dormir.
-¿Estás al tanto del fútbol de Villa María o la región?
Sigo más el Afuco (liga comercial), que tengo a varios amigos jugando.
-¿Qué anhelás para el futuro cercano?
Que pase cuanto antes esta crisis mundial. Después, a nivel personal ya veremos más adelante qué depara el destino deportivo.
-¿Qué mensaje le dejás a la gente de Villa María, Oliva y la región?
Mucha fuerza para todo mi hermoso país y el resto del mundo.
El mensaje es que hay que ser responsables y obedecer a las autoridades, tomar todas las precauciones que estén al alcance.
Claro, también soy consciente de que hay gente que está al límite y necesitan salir a trabajar para buscar la comida diaria. Es un esfuerzo colectivo. Solo nadie va a poder con el virus. Y algo importante, ser pacientes.
Así pasa los días el chico de Oliva, aquel que salió del pueblo a los 13 años con el bolsito cargado de sueños. Hoy, con 30 y mucho más aplomado y maduro, desea como todos que esta pesadilla termine pronto. “Lo deportivo después se verá”.

