Germán Vicario asumió el desafío de conducir tácticamente a Rivadavia de Arroyo Cabral en 2022.
El DT más exitoso de la última década volverá a dirigir y en un equipo de los denominados grandes. Fue el “bombazo” del mercado previo al inicio de la competencia oficial de la Liga Villamariense de Fútbol.
Vicario es profeta en su tierra, ya que logró un histórico bicampeonato con Hipólito Yrigoyen de Tío Pujio en 2015, pero también encontró su lugar en el mundo en Atlético Ticino, al que condujo a tres estrellas inolvidables.
Sin embargo, Vicario apuesta a “no prometer campeonatos, sino proyectos de trabajo. Me preguntaron cuántos refuerzos necesitaría y les pregunté a los dirigentes qué querían. No soy de la idea de llevar 10 refuerzos de primera línea para ser campeón, sino trabajar desde las bases del club para generar jugadores propios, aun cuando no se logren campeonatos”.
Insistió en que “el martes a la noche me volvieron loco cuando se enteraron de que el clásico se jugará en la última fecha. A mí me importa más saber que el 6 de marzo debutamos ante Juventud River Plate y que con mi cuerpo técnico tenemos que preparar a un equipo para que represente a un club grande. Mi promesa no pasa por ganar un título o un clásico, sino para preparar a un equipo para que sea protagonista, y eso lleva tiempo, paciencia, trabajo, esfuerzo y organización”.
El orgullo de Cabral
El torneo llevará el nombre de Juan Alcalino, expresidente de Rivadavia e intendente de Arroyo Cabral. “Es muy merecido que la Liga reconozca a gente que ha trabajado tanto en los clubes. No debe representar una presión extra para nosotros. Nuestro objetivo es tener en claro que apostaremos a crecer para pelear títulos en el futuro”.
Aclaró que “no descarto pelear este campeonato, pero el objetivo no es ese. Hay que clasificar y me gustaría ser protagonista hasta el final, pero a esa carga la tendremos a partir del segundo torneo”.
Aseguró que “la pasión que existe en Arroyo Cabral es única y eso puede ser muy positivo si lo sabemos aprovechar. No hay que pasarse de rosca. Si Colón llevó 8 o 9 refuerzos no es problema de Rivadavia. La comparación debe potenciarnos a los dos clubes, pero no sirve estar mirando todo el tiempo lo que hace el otro, sino mirar hacia adentro y mejorar”.
Explicó que “tener un clásico es una gran ventaja. Pero necesitamos que no haya violencia, que lo podamos disfrutar y, aunque lo vamos a querer ganar, no es vida o muerte. Es un desafío importante poder dirigir a un equipo de Cabral y también dejar mi impronta y aprender de su sentimiento, sin perder la brújula ni el control”.
Por ejemplo: “Es muy necesario el sentido de pertenencia. Siempre está entre mis prioridades. Pero no me sirve que un jugador sea tan hincha del club, que ante la primera adversidad se vaya expulsado o no resuelva bien”.
Destacó que “es un orgullo para mí dirigir a Rivadavia, pero aunque todos quieran un título, en mi paso por Alumni el aprendizaje fue muy alto y no gané un título. Lo mismo en Ausonia o Playosa”.
“La adrenalina del DT”
Germán Vicario confesó que “si volví a hacer un tiempo y me acomodé es porque así lo siento. Ya necesitaba dirigir nuevamente”.
Remarcó que después de ganar el título en 2020 en Atlético Ticino, “necesitaba un descanso. Ocupé otras funciones en Yrigoyen y también en el Federal que jugó Ticino, y esos aportes me enriquecieron, pero la tarea de DT es la que deseo realizar. Extraño esa adrenalina”.
Señaló que “en este ámbito el DT no sólo tiene que pensar en poner los mejores 11 en cancha. Manejar a un grupo es fundamental, personalizar el trabajo para que el jugador sepa en qué situación está y se sienta cómodo, entender los problemas personales del jugador, te lleva a una situación estresante”.
Aclaró que “me sedujo lo de Rivadavia, porque siempre me pasó por la cabeza dirigir a un club de Arroyo Cabral. Como alguna vez me salió la oportunidad en Alumni, hoy siento que debo proyectar en un club grande”.
Insistió en que “estoy muy feliz de dirigir en un club con pretensiones. Lo hablamos en varias ocasiones y durante varios meses. La primera parte del año será de adaptación mutua. Espero que la idiosincrasia del club y del hincha se lleve bien con mi pensamiento”.
Explicó que “clubes como Ticino, Yrigoyen o Alumni me eligieron para desarrollar un trabajo que proyecte jugadores propios. Eso quiere Rivadavia hoy. Impondré mi idea, pero también tendré que adaptarme al mundo Rivadavia”.
El “mundo Rivadavia”
El DT consideró que “en algún momento se iba a dar. Rivadavia me buscó varias veces”.
Aclaró que “el resultado no debe ser un condicionante para un trabajo de proyección de jugadores. Estos clubes poderosos en cuanto a historia, con un gran clásico en su pueblo, suelen equivocar los caminos por la desesperación por obtener un resultado”.
Explicó que “no quiero que se desvirtúe lo pactado. Acordamos que llegaría al club y me encontraría con la base del equipo, y sólo sumar refuerzos donde nos falte”.
Se aferra a “sumar lo necesario y lo que uno quiera a lo que hay. Me interesa que sirva a futuro”.
Ejemplificó que “el club tiene a un enorme arquero como Berardo, pero no tiene sucesor. Tenemos que formar a un sucesor en cada puesto y no pedir 10 refuerzos para salir campeón. Eso sería más fácil, pero gane o no un título, no proyectaría nada a futuro”.
“Los objetivos claros”
Reconoce que “lógicamente que con el profesor Sebastián (Villa) nos proponemos lograr un título como sucedió en Ticino. En el cuerpo técnico siguen Rodrigo Vincenti. que conoce bien al club: Andrés Lazo. que ya trabajó con la reserva, y Leandro Rivera, que es un pibe del club, con buenas ideas y mucha proyección”.
Insistió en que “el club está trabajando muy bien desde las bases con Andrés Agosto y dos profesores reconocidos, como Mercado y Ramadori. La idea es poder aprovechar ese potencial”.
Señaló que “se trata de sembrar para con el tiempo cosechar”.
Consideró que “Argentino lo hace con Christian Romero todo el tiempo. Si no exigen resultados, se proyectan muchos jugadores. Pero con desesperación no se puede”.
Indicó que “ilusión debe existir. Pero los caminos para forjar esa ilusión no pueden desviarse”.
Acotó que “si se respetan los tiempos y objetivos, los procesos pueden ser similares a Yrigoyen o Ticino. Copiar esa misma idea”.

