¿Qué tienen en común Lucas Di Pascuale y Cecilia Mandrile; Celeste Martínez y Laura Benech; Liliana Maresca y Cecilia Orso? No sólo que todas son artistas contemporáneas mujeres, sino que en cada binomio hay una villamariense. Y hay obras de cada una de ellas tanto en la colección del Museo Bonfiglioli como en la del cordobés José Luis Lorenzo, experto en artes visuales del siglo veintiuno.
Pero hay una cosa en común más importante todavía. Y es que todas esas piezas dialogan de sala a sala en “La extrañeza del fragmento”, la muestra que se inauguró la semana pasada en el el museo de la ciudad y que, en celebración del medio siglo del Bonfiglioli, reúne lo más granado de los lenguajes contemporáneos en la provincia.
Sin embargo, estas piezas no se pusieron solas ni vinieron caminando. Por el contrario, hubo un fabuloso trabajo de selección a cargo de Carina Cagnolo, docente de la Facultad de Artes de Córdoba y curadora independiente.
Y de este modo comenta la génesis de un proyecto que llevó varios meses.
“La directora del Museo Bonfiglioli, Analía Godoy, me invitó a principios de enero a curar esta muestra. Ella tenía la idea de hacer dialogar la colección más reciente del museo con la colección privada de José Luis Lorenzo. Y de eso me encargué durante varios meses”.
Lo público, lo privado y lo moderno
-¿Y cuál fue tu punto de partida?
-Decidí hacer una muestra que pusiera en evidencia los lenguajes contemporáneos dentro de la colección. Marcar el principio, esa bisagra en donde los lenguajes empiezan a ser más modernistas en el museo y marcan una ruptura.
-¿Y de cuándo data esa bisagra?
-Arranca a principios de los '90 y se debe al uso de materialidades diversas, fotomontajes, profusión de lenguajes o elementos que provienen de contextos diferentes al arte o uso de elementos cotidianos como una silla distorsionada o unos jabones tallados de la colección Lorenzo.
-Llama la atención la profusión de mujeres dentro de ambas colecciones.
-Ese dato no es casual. Un poco tuvo que ver con tratar de hacer una muestra que tuviera mayoría de mujeres en compensación histórica con la cantidad de muestras y premios que se han dado a hombres. Pero también es cierto que a partir de los años '90, hubo mayoría de mujeres en el arte contemporáneo argentino.
-¿Te sorprendieron las obras que viste en el museo de Villa María?
-La colección del Bonfiglioli es muy buena; es ecléctica y tiene muchas piezas premiadas de artistas que han seguido produciendo y evolucionando muchísimo, como Sol Halabi, Cecilia Mandrile, Julia Romano o Laura Benech. Y la trayectoria de esos artistas enriquecen mucho la colección de Bonfiglioli y la historia de la cultura local.
-En la muestra hay artistas de la ciudad y la provincia.
-Es que tuve en cuenta a esos artistas que, en el contexto de Villa María y la región, es productiva no sólo en obras sino también en la investigación o gestión independiente; como Cecilia Orso en Villa María o Sofía Watson en La Carlota.
Manos que “curan”
-¿Cómo se forma un curador en el país?
-Hasta hace poco, en Argentina no teníamos ni siquiera carrera. Recién ahora hay alguna formación más completa en Buenos Aires. Pero los que hacemos curaduría desde hace mucho en esta región, la hacemos porque tenemos una carrera de Historia del Arte o en Artes Visuales. A lo sumo en Comunicación y luego estudiás el campo. Es indispensable para ser curador manejar historia y teoría del arte. No se trata sólo de elegir obras y colgarlas. Esa es una idea falsa de la curaduría. De hecho es sólo su última parte.
-¿Cómo están las artes visuales en Córdoba en particular y Argentina en general?
-No sólo hay mucha producción sino también de muy buena calidad. Hay artistas buenos tanto a nivel local como a nacional. Villa María me sorprendió al igual que Santa Fe. Lo que suele faltar no es la parte de la producción ni el interés del artista por hacer; sino la infraestructura.
-¿Cómo es esto?
-Necesitamos que funcionen bien los museos y las colecciones privadas, que se vayan construyendo criterios de adquisición de obras de lenguajes contemporáneos y que haya exposiciones itinerantes por todo el país. Para mí, la función de los museos en ese sentido es fundamental. Es a partir de ahí donde empiezan a aperecer más coleccionistas e interesados. Hay muchos artistas que dejan de producir por falta de infraestructura.
-¿Esa razón alcanza?
-Sí. Porque muchos tienen que trabajar y se preguntan qué hacer con esas obras, con ese tiempo y ese dinero invertido. Todo queda en un camino muy corto de producción, exposición y ahí se termina todo. El artista se alimenta cuando accede al mercado con sus obras, a otras exposiciones, a diálogos con otros artistas y en otros contextos, cuando alguien escribe y publica sobre una producción determinada. Si eso no pasa, es muy pequeño el círculo entre producción y exposición.
-¿Qué análisis hacés de esta muestra?
-Me parece increíble todo lo que está haciendo Analía Godoy desde un museo chico del interior. El espacio es hermoso y espero que la gente se acerque.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.
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Sin embargo, estas piezas no se pusieron solas ni vinieron caminando. Por el contrario, hubo un fabuloso trabajo de selección a cargo de Carina Cagnolo, docente de la Facultad de Artes de Córdoba y curadora independiente.
Y de este modo comenta la génesis de un proyecto que llevó varios meses.
“La directora del Museo Bonfiglioli, Analía Godoy, me invitó a principios de enero a curar esta muestra. Ella tenía la idea de hacer dialogar la colección más reciente del museo con la colección privada de José Luis Lorenzo. Y de eso me encargué durante varios meses”.
Lo público, lo privado y lo moderno
-¿Y cuál fue tu punto de partida?
-Decidí hacer una muestra que pusiera en evidencia los lenguajes contemporáneos dentro de la colección. Marcar el principio, esa bisagra en donde los lenguajes empiezan a ser más modernistas en el museo y marcan una ruptura.
-¿Y de cuándo data esa bisagra?
-Arranca a principios de los '90 y se debe al uso de materialidades diversas, fotomontajes, profusión de lenguajes o elementos que provienen de contextos diferentes al arte o uso de elementos cotidianos como una silla distorsionada o unos jabones tallados de la colección Lorenzo.
-Llama la atención la profusión de mujeres dentro de ambas colecciones.
-Ese dato no es casual. Un poco tuvo que ver con tratar de hacer una muestra que tuviera mayoría de mujeres en compensación histórica con la cantidad de muestras y premios que se han dado a hombres. Pero también es cierto que a partir de los años '90, hubo mayoría de mujeres en el arte contemporáneo argentino.
-¿Te sorprendieron las obras que viste en el museo de Villa María?
-La colección del Bonfiglioli es muy buena; es ecléctica y tiene muchas piezas premiadas de artistas que han seguido produciendo y evolucionando muchísimo, como Sol Halabi, Cecilia Mandrile, Julia Romano o Laura Benech. Y la trayectoria de esos artistas enriquecen mucho la colección de Bonfiglioli y la historia de la cultura local.
-En la muestra hay artistas de la ciudad y la provincia.
-Es que tuve en cuenta a esos artistas que, en el contexto de Villa María y la región, es productiva no sólo en obras sino también en la investigación o gestión independiente; como Cecilia Orso en Villa María o Sofía Watson en La Carlota.
Manos que “curan”
-¿Cómo se forma un curador en el país?
-Hasta hace poco, en Argentina no teníamos ni siquiera carrera. Recién ahora hay alguna formación más completa en Buenos Aires. Pero los que hacemos curaduría desde hace mucho en esta región, la hacemos porque tenemos una carrera de Historia del Arte o en Artes Visuales. A lo sumo en Comunicación y luego estudiás el campo. Es indispensable para ser curador manejar historia y teoría del arte. No se trata sólo de elegir obras y colgarlas. Esa es una idea falsa de la curaduría. De hecho es sólo su última parte.
-¿Cómo están las artes visuales en Córdoba en particular y Argentina en general?
-No sólo hay mucha producción sino también de muy buena calidad. Hay artistas buenos tanto a nivel local como a nacional. Villa María me sorprendió al igual que Santa Fe. Lo que suele faltar no es la parte de la producción ni el interés del artista por hacer; sino la infraestructura.
-¿Cómo es esto?
-Necesitamos que funcionen bien los museos y las colecciones privadas, que se vayan construyendo criterios de adquisición de obras de lenguajes contemporáneos y que haya exposiciones itinerantes por todo el país. Para mí, la función de los museos en ese sentido es fundamental. Es a partir de ahí donde empiezan a aperecer más coleccionistas e interesados. Hay muchos artistas que dejan de producir por falta de infraestructura.
-¿Esa razón alcanza?
-Sí. Porque muchos tienen que trabajar y se preguntan qué hacer con esas obras, con ese tiempo y ese dinero invertido. Todo queda en un camino muy corto de producción, exposición y ahí se termina todo. El artista se alimenta cuando accede al mercado con sus obras, a otras exposiciones, a diálogos con otros artistas y en otros contextos, cuando alguien escribe y publica sobre una producción determinada. Si eso no pasa, es muy pequeño el círculo entre producción y exposición.
-¿Qué análisis hacés de esta muestra?
-Me parece increíble todo lo que está haciendo Analía Godoy desde un museo chico del interior. El espacio es hermoso y espero que la gente se acerque.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.


