Un manto de violencia urbana y hasta drogas envuelve por estas horas el brutal homicidio que sacudió a los vecinos de barrio La Floresta, quienes todavía anoche no salían del estupor y hasta con temor preferían no brindar declaraciones, midiéndose en las palabras y cuidando cada detalle por temor a represalias.
Y es que detrás del violento crimen de Núñez, a priori, parece haber una espesa capa definida por vínculos rotos, violencia naturalizada y situaciones poco felices, todo en el marco de lo que aparenta ser un punto de venta de drogas (es lo que advirtieron ante Puntal Villa María los pocos frentistas que se animaron a hablar).
El lamentable episodio que terminó con la vida de Núñez se suscitó en la vía pública, sobre calle San Luis al 200, casi esquina Misiones, a unas dos cuadras del Puente Negro, en la vía principal del barrio La Floresta, donde se ven casas de familia, un quiosco y hasta una verdulería.
En ese contexto, se produjo en horas de la madrugada de este jueves 13 de agosto, una supuesta riña que creció en intensidad y que decantó en las violentas heridas sufridas por Núñez, las que luego la condujeron hacia la muerte.
Una cámara de dicho sector residencial la ubica a Núñez caminando malherida durante la madrugada, por calle San Luis, en dirección al puente que une las dos Villas. Fueron sus últimos instantes con vida antes de ser reportada como fallecida.
Hay dos detenidos
Por el crimen, horas más tarde quedaron detenidos Cristian Oscar Rogero (48) y su hija, Johana Mailén Rogero (22), ambos domiciliados en una humilde vivienda de calle San Luis 252, justo donde se suscitó la supuesta pelea.
La recreación que hizo la Policía en base a testimonios y cámaras de seguridad da cuenta de una violenta muerte causada por las lesiones que le ocasionó Johana Rogero a la víctima, valiéndose de un arma blanca que, al menos oficialmente, todavía no figuraba entre los elementos secuestrados.
Esa mortal agresión le valió a la muchacha de 22 años su detención y posterior imputación por el delito de homicidio simple, a tenor de lo que establece el artículo 79 del Código Penal.
Pero en la trama homicida también aparece implicado su padre, Cristian, conocido como "Gringo", a quien se le endilga de momento el delito de homicidio simple, aunque en calidad de partícipe necesario.
Al analizar el historial delictivo de Rogero padre, surgen numerosos hechos y hasta dos condenas.
La primera sentencia se produjo en 2006, cuando se juzgó un hecho de violencia de género en perjuicio de su expareja, a quien apuñaló en la espalda, delito que le valió una pena de tres años de prisión efectiva.
Una década después, Rogero incurrió en otro hecho violento contra quien en ese entonces era su concubina, a quien no solamente le ocasionó lesiones leves calificadas reiteradas, sino también amenazó y coaccionó. Por todo eso fue nuevamente condenado a tres años de cárcel.
De los testimonios vertidos por algunos vecinos surge también que Rogero usaba su casa como un "aguantadero", recibiendo en ella de manera habitual a un importante grupo de personas, presumiéndose que además ejercía la venta de sustancias ilícitas.
“Conflictos preexistentes”
Una vez consumado el crimen, fuentes judiciales dieron a conocer algunos detalles del hecho.
Por ejemplo, se informó que entre la víctima y los presuntos victimarios existían "conflictos preexistentes", sobre los cuales la Justicia no ahondó demasiado.
Además, se indicó que en el marco de este homicidio no se veían elementos que llevaran a pensar que hubo violencia de género.
Esa misma mirada no era compartida este jueves por representantes del colectivo trans y LGBTIQ+, quienes llamaron a marchar en Tribunales hoy viernes a las 11 horas para pedir Justicia, haciendo ver que se trató de un transfemicidio.
Vale destacar que la causa quedó en poder de la Fiscalía de Instrucción del Segundo Turno, a cargo de Juliana Companys, funcionaria que se encontraba a la espera de más resultados periciales, entre ellos el informe de la autopsia.