“A este gobierno no le interesa nada que venga de la industria nacional”
Más de 300 trabajadores cortaron la ruta 2 por los despidos que, según trascendió, se producirán de manera inminente el 1 de septiembre. El secretario general de, ATE Fernando Mercado, pidió “dar pelea” tras la asamblea
El humo negro de las gomas se alió con el viento sur y puso un fondo bélico al reclamo; un fotograma de “Apocalipsis Now” en la Fábrica de Pólvora. Y acaso en esta imagen no había ninguna metáfora. Porque para esos trabajadores, efectivamente, el apocalipsis es ahora. No sólo por los nuevos despidos anunciados para septiembre sino por la inminencia del cierre de todas las fábricas militares del país, corriendo el derrotero de la fábrica de Azul.
Y así, con los bombos verdes de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y en aquel decorado de bomba recién caída (la noticia venida de Buenos Aires también lo fue), más de 200 obreros cantaban “Hay un gorila suelto en la Rosada/ que piensa que este pueblo no va a hacer nada”.
Más atrás, la fila de camiones varados se hundía en el horizonte como un reptil de metal cuyas vértebras eran acoplados con verdes escamas de lona.
De este otro lado, inmensos Scanias hacían maniobras para volver a la Ruta 9, por donde habían venido. Y la policía (un móvil de la CAP y una pick up azul) le pidieron al secretario general Fernando Mercado que “al menos dejen pasar de vez en cuando un camión”, que los entendía pero que se pusieran en lugar de los camioneros. Mercado dijo que no había problemas, pero que ejercían el derecho a manifestarse, que después de las dos de la tarde y terminada la asamblea despejarían todo. Que sólo era una concentración pacífica.
En ese contexto arribaron los colectivos de la fábrica transportando los empleados del turno tarde. “Marquen y vengan” era la orden. Y así, los obreros se fueron incorporando hasta pasar largamente los trescientos. Y entonces tuvo lugar la asamblea.
Ágora de trabajadores
Y como en el “ágora” de los griegos, donde los jefes y representantes debatían al aire libre, comenzó la asamblea. Y el primer orador fue Mercado.
“Compañeros, el 15 de diciembre hubo un hecho consumado: ellos venían por todas las fábricas militares del país. Quisieron enfrentarnos entre trabajadores y en algún punto lo lograron. Pero esta pelea que estamos dando no es para ver si hemos perdido otro derecho sino para que no nos cierren la fábrica. Es muy grave...”
Y tras los aplausos y golpes de bombo, el secretario general continuó.
“Por eso es que hoy no puede haber diferencia política entre nosotros, compañeros. Hoy tiene que haber una sola clase y es la clase trabajadora”, dijo.
Y acto seguido recordó la frase de Fernando Esperanza, del área de Recursos Humanos de la intervención, en Buenos Aires.
“Esperanza dijo que ‘les guste o no les guste a los trabajadores, son parte del ajuste’. Y en este momento están echando a suerte lo que nos va a tocar en septiembre. Quien les habla es un contratado como ustedes. Y hoy al puesto no lo tiene garantizado nadie. Por eso mañana (por hoy) haremos bajar al director cuando llegue de Buenos Aires. Para que nos diga cuál es la suerte de los trabajadores. Y haremos una movilización el viernes con los compañeros de la CTA y la CGT”.
Y ante la multitud enardecida agregó: “Hoy los compañeros de la fábrica gastamos 17 millones de pesos acá en Villa María. Porque nosotros no compramos dólares sino que pagamos todo en pesos y en la ciudad. Y encima nos quieren sacar la fuente de trabajo y perjudicar también a Villa María. Hoy más que nunca hay que pelear para que esta fábrica siga en pie. Después vendrá otro gobierno que nos devolverá los sueños y los derechos. Pero tenemos que estar unidos. Hoy no tiene que haber una sola grieta entre nosotros”.
Tras los aplausos fue el turno de Pereyra, uno de los trabajadores con mayor antigüedad.
“A muchos les molesta que hagamos memoria de los años ‘90. Pero sólo es para que los más jóvenes sepan que en ese tiempo también éramos un puñado y salimos adelante. Piensen que la única posibilidad de salvar esta fábrica es peleando. Es lo único que tenemos para decir los más viejos. A lo mejor morimos en la pelea. Pero no es lo mismo morir de pie que de rodillas. Y nosotros no nos arrodillamos ante nadie. Este momento es crucial y hay que pelear. Y cuando tengamos que ir a Buenos Aires, les demostraremos quiénes somos. Como lo hicimos en los ‘90”.
Finalmente, Oscar “Cacho” Mengarelli de la CTA, pidió que levantara la mano quién estaba de acuerdo con luchar hasta el final. Y todos elevaron el puño al cielo. “Entonces, no hay bandera de rendición ¡La lucha está declarada!”, afirmó.
Breve charla con un militante
Tras la movilización, este periodista registró este diálogo con el secretario general de ATE.
-¿Este es un nuevo 15 de diciembre?
-No, porque esta vez nos avisaron con 20 días de anticipación y pudimos organizarnos y establecer un plan de lucha. Mañana (hoy) lo haremos bajar a nuestro director, Miguel Toselli, para que nos diga que no habrá más despidos. Y si los hay, que nos diga quién confeccionó las listas. Porque en Buenos Aires nos dijeron que los directores de cada fábrica era quienes tomaban las decisiones de los despidos.
-¿Pensás que esto es un plan orquestado?
-Desde que este gobierno asumió tiene tomada la decisión de cerrar todas las fábricas militares del país. No tenemos dudas. Vienen por todo. Empezaron por Azul y la que más resista será la última en caer.
-¿Por qué quieren cerrar las fábricas?
-Porque a este gobierno no le interesa nada que venga de la industria nacional. Dicen que no somos rentables pero en estas condiciones nadie lo puede ser. En 2011 fabricamos un millón trescientos mil kilos de dinamita y en 2017, apenas 135 mil kilos; el diez por ciento. Los chalecos antibalas y los explosivos se compran en Brasil y China en vez de acá. Así no podés ser competitivo. Nunca...
-¿Hablaron con representantes de “Cambiemos”?
-Nunca dieron la cara. Por eso le pedimos que vengan. A Capitani o a Bruno. El intendente, Martín Gill, siempre se solidarizó con nosotros y faltó al homenaje a Larrabure porque entendió que era el momento de estar del lado de los trabajadores.
-¿Cómo está la fábrica hoy?
-Con 422 obreros y haciendo la producción de dos fábricas en una. Todo lo que hacía Azul para la minera de Santa Cruz lo hacemos acá, producto de esos despidos que todavía nos duelen. Como también el de nuestros 30 compañeros. Seguimos reclamando por ellos. Queremos que esta fábrica quede para nuestros hijos, que sea orgullo de lucha y dignidad.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.
Comentá esta nota
Y así, con los bombos verdes de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y en aquel decorado de bomba recién caída (la noticia venida de Buenos Aires también lo fue), más de 200 obreros cantaban “Hay un gorila suelto en la Rosada/ que piensa que este pueblo no va a hacer nada”.
Más atrás, la fila de camiones varados se hundía en el horizonte como un reptil de metal cuyas vértebras eran acoplados con verdes escamas de lona.
De este otro lado, inmensos Scanias hacían maniobras para volver a la Ruta 9, por donde habían venido. Y la policía (un móvil de la CAP y una pick up azul) le pidieron al secretario general Fernando Mercado que “al menos dejen pasar de vez en cuando un camión”, que los entendía pero que se pusieran en lugar de los camioneros. Mercado dijo que no había problemas, pero que ejercían el derecho a manifestarse, que después de las dos de la tarde y terminada la asamblea despejarían todo. Que sólo era una concentración pacífica.
En ese contexto arribaron los colectivos de la fábrica transportando los empleados del turno tarde. “Marquen y vengan” era la orden. Y así, los obreros se fueron incorporando hasta pasar largamente los trescientos. Y entonces tuvo lugar la asamblea.
Ágora de trabajadores
Y como en el “ágora” de los griegos, donde los jefes y representantes debatían al aire libre, comenzó la asamblea. Y el primer orador fue Mercado.
“Compañeros, el 15 de diciembre hubo un hecho consumado: ellos venían por todas las fábricas militares del país. Quisieron enfrentarnos entre trabajadores y en algún punto lo lograron. Pero esta pelea que estamos dando no es para ver si hemos perdido otro derecho sino para que no nos cierren la fábrica. Es muy grave...”
Y tras los aplausos y golpes de bombo, el secretario general continuó.
“Por eso es que hoy no puede haber diferencia política entre nosotros, compañeros. Hoy tiene que haber una sola clase y es la clase trabajadora”, dijo.
Y acto seguido recordó la frase de Fernando Esperanza, del área de Recursos Humanos de la intervención, en Buenos Aires.
“Esperanza dijo que ‘les guste o no les guste a los trabajadores, son parte del ajuste’. Y en este momento están echando a suerte lo que nos va a tocar en septiembre. Quien les habla es un contratado como ustedes. Y hoy al puesto no lo tiene garantizado nadie. Por eso mañana (por hoy) haremos bajar al director cuando llegue de Buenos Aires. Para que nos diga cuál es la suerte de los trabajadores. Y haremos una movilización el viernes con los compañeros de la CTA y la CGT”.
Y ante la multitud enardecida agregó: “Hoy los compañeros de la fábrica gastamos 17 millones de pesos acá en Villa María. Porque nosotros no compramos dólares sino que pagamos todo en pesos y en la ciudad. Y encima nos quieren sacar la fuente de trabajo y perjudicar también a Villa María. Hoy más que nunca hay que pelear para que esta fábrica siga en pie. Después vendrá otro gobierno que nos devolverá los sueños y los derechos. Pero tenemos que estar unidos. Hoy no tiene que haber una sola grieta entre nosotros”.
Tras los aplausos fue el turno de Pereyra, uno de los trabajadores con mayor antigüedad.
“A muchos les molesta que hagamos memoria de los años ‘90. Pero sólo es para que los más jóvenes sepan que en ese tiempo también éramos un puñado y salimos adelante. Piensen que la única posibilidad de salvar esta fábrica es peleando. Es lo único que tenemos para decir los más viejos. A lo mejor morimos en la pelea. Pero no es lo mismo morir de pie que de rodillas. Y nosotros no nos arrodillamos ante nadie. Este momento es crucial y hay que pelear. Y cuando tengamos que ir a Buenos Aires, les demostraremos quiénes somos. Como lo hicimos en los ‘90”.
Finalmente, Oscar “Cacho” Mengarelli de la CTA, pidió que levantara la mano quién estaba de acuerdo con luchar hasta el final. Y todos elevaron el puño al cielo. “Entonces, no hay bandera de rendición ¡La lucha está declarada!”, afirmó.
Breve charla con un militante
Tras la movilización, este periodista registró este diálogo con el secretario general de ATE.
-¿Este es un nuevo 15 de diciembre?
-No, porque esta vez nos avisaron con 20 días de anticipación y pudimos organizarnos y establecer un plan de lucha. Mañana (hoy) lo haremos bajar a nuestro director, Miguel Toselli, para que nos diga que no habrá más despidos. Y si los hay, que nos diga quién confeccionó las listas. Porque en Buenos Aires nos dijeron que los directores de cada fábrica era quienes tomaban las decisiones de los despidos.
-¿Pensás que esto es un plan orquestado?
-Desde que este gobierno asumió tiene tomada la decisión de cerrar todas las fábricas militares del país. No tenemos dudas. Vienen por todo. Empezaron por Azul y la que más resista será la última en caer.
-¿Por qué quieren cerrar las fábricas?
-Porque a este gobierno no le interesa nada que venga de la industria nacional. Dicen que no somos rentables pero en estas condiciones nadie lo puede ser. En 2011 fabricamos un millón trescientos mil kilos de dinamita y en 2017, apenas 135 mil kilos; el diez por ciento. Los chalecos antibalas y los explosivos se compran en Brasil y China en vez de acá. Así no podés ser competitivo. Nunca...
-¿Hablaron con representantes de “Cambiemos”?
-Nunca dieron la cara. Por eso le pedimos que vengan. A Capitani o a Bruno. El intendente, Martín Gill, siempre se solidarizó con nosotros y faltó al homenaje a Larrabure porque entendió que era el momento de estar del lado de los trabajadores.
-¿Cómo está la fábrica hoy?
-Con 422 obreros y haciendo la producción de dos fábricas en una. Todo lo que hacía Azul para la minera de Santa Cruz lo hacemos acá, producto de esos despidos que todavía nos duelen. Como también el de nuestros 30 compañeros. Seguimos reclamando por ellos. Queremos que esta fábrica quede para nuestros hijos, que sea orgullo de lucha y dignidad.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.
Previous Next