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Vignolo: "La mató un conocido que improvisó con lo que tuvo a mano"

El forense que supervisó el trabajo de los médicos que hicieron la autopsia, volvió a declarar en el juicio a Macarrón y ratificó que las evidencias en la escena del crimen indican que hubo sexo consentido y quien mató a Nora era alguien que ella conocía

La hipótesis de que hubo un sicario que tomó por sorpresa a Nora Dalmasso y la asesinó con el lazo de su bata se lleva a las patadas con aquella otra que sostiene que la víctima tuvo sexo consentido.

Hasta ahora, el fiscal de Cámara Julio Rivero venía sosteniendo a capa y espada que Nora había sido abusada y luego asesinada por alguien a quien no esperaba.

¿Seguirá pensando lo mismo después de la segunda visita a Tribunales del forense Mario Vignolo?

El profesional de San Francisco que preside la asociación nacional que nuclea a los forenses judiciales volvió a ser citado ayer, a instancias del fiscal, y dejó suficientemente claro que, de las huellas del cuerpo de Nora Dalmasso, no se desprende que hubiera sido forzada a tener sexo, sino lo contrario: que mantuvo relaciones “violentas” o “bruscas” pero consentidas.

Para Vignolo, uno de los dos peritos “foráneos” que supervisaron la autopsia que practicaron Subirachs, Mazzuchelli y Ferreyra en la escena del crimen, no hubo violación ni tampoco un sicario.

Es la misma conclusión a la que llegó Martín Subirachs el 10 de mayo, cuando declaró frente a los jueces.

¿Por qué el fiscal decidió llamar nuevamente a Vignolo?

“Esto es muy dinámico” suele ser el latiguillo de Rivero y, en un juicio donde las certezas están ausentes, lo que hasta ayer era la hipótesis excluyente puede quedar en el camino.

Vignolo no dijo nada distinto a lo que afirmó en su primera visita a los Tribunales riocuartenses.

“Del informe de la autopsia y de las fotografías del cuerpo que pude observar, no se desprende que la mujer hubiera sido forzada a tener sexo; desde mi punto de vista esto fue sexo consentido”, afirmó.

Vignolo dijo que el cuerpo de Nora estaba desnudo, sobre la cama de una plaza y contra la pared de la habitación de su hija.

-¿Y si yo le dijera que el vecino que la encontró vio que tenía tapada la zona genital con una sábana, qué me dice? -lo interpeló el fiscal.

-Bueno, eso modifica un poco la situación. Habla de una persona conocida o con algún grado de compromiso afectivo, que después de matarla tuvo un sentimiento de respeto o de pudor; parece algo utópico lo que estoy diciendo, pero se trata de un gesto instintivo, -explicó el médico con formación en psiquiatría forense.

Rivero pidió que le leyeran al testigo un tramo de la autopsia psicológica, la pericia que analiza la escena del crimen.

En una de sus conclusiones sobre la conducta del asesino dice que la acción “post mortem” de cubrir el cuerpo de la mujer con una sábana hasta la altura del abdomen “obedece a una necesidad subjetiva de reparación hacia la víctima”.

Vignolo estuvo plenamente de acuerdo con esa interpretación. “No sabía que había una autopsia psicológica. Es una técnica muy útil y la conclusión a la que llega es similar: ahí hablan de reparación y yo dije respeto, pero estamos hablando de lo mismo, esto refuerza la idea de que quien actuó conocía a la víctima”, recalcó Vignolo.

El defensor Marcelo Brito le pidió que se explayara sobre la utilidad de la autopsia psicológica. “Mire, yo soy de los pioneros en aplicarla en el país, me formé en México y en Cuba. Es una técnica que da muy buenos resultados en investigaciones de suicidios y femicidios”.

Acto seguido el fiscal que ayer estuvo más pendiente de las palabras de Vignolo que la primera vez que declaró, le hizo una pregunta directa.

-Se lo pregunto sin vueltas, ¿para usted da lo mismo que mate a una persona y luego la cubra, o que luego de matarla la mutile, o le arroje ácido?

-Claro que no, cubrirla implica un acto de reparación. “La maté pero la tapo”. Las mutilaciones, en cambio, hablan de una venganza por algo que motivó el homicidio. Pueden cortarle la lengua a alguien en venganza por hablar de más; o los genitales a alguien que cometió una infidelidad.

Las últimas preguntas que le hicieron al testigo estuvieron orientadas al supuesto sicario, una figura que a lo largo del juicio se fue debilitando.

-¿Le tocó actuar en crímenes por encargo? -le preguntó Brito.

-No son muy comunes en Argentina. En toda mi trayectoria habré visto 5 o 6 casos y siempre el instrumento homicida es un arma de fuego. Acá, la persona que mató improvisó con algo que estaba a su alcance, el lazo de la bata.

La pregunta final la formuló Rivero:

-¿Cree usted que en la modalidad del crimen hubo algo que indique que quien actuó es un asesino habitual?

-No -fue la respuesta breve y contundente de Vignolo.

Antes de irse de la sala, el testigo descomprimió el clima con un aviso, a mitad de camino entre la advertencia y el ruego:

-Si me llaman a declarar otra vez me van a tener que traer con la Policía. ¡Entre los pozos y los camiones, a la ruta de San Franscisco para acá no la hago nunca más!

Alejandro Fara.