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Hilda Moreno de Ferreyra: adiós a la primera dama del deporte de Ballesteros

Nacida en Córdoba en el ‘37, fue campeona con Belgrano y la Yuma. En 1964 se radicó en el pueblo y se destacó como figura del Tiro y Gimnasia subcampeón provincial. Jugó hasta los 45 y fue una incansable formadora de jugadoras
 
Ayer la pelota de básquet estuvo de luto en mi pueblo. Pero también en la provincia y en el país. E incluso, hilando más fino, quizás el luto se trasladó al corazón de todas las mujeres. Porque ayer se fue de este mundo una mujer que, acaso sin quererlo, hizo por la condición femenina mucho más que muchas activistas. Y es que en los años 60, y cuando en los pueblos las mujeres casi no tenían acceso al deporte, ella se radicaba en Ballesteros. Y desde allí empezó a gestar una verdadera revolución. Porque en poco tiempo capitaneó el equipo femenino de la Asociación Biblioteca y Gimnasia. En sólo dos años, la cancha del “Club Tiro” se llenó de gente para verla jugar. Pero no sólo a ella sino a las chicas del pueblo que, de su mano, se fueron ganando un lugar en la consideración de Córdoba. Y entonces, las noches ballesterenses en torno a la pelota naranja empezaron a convocar verdaderas multitudes, muchas más de las que por aquellas tardes seguían el fútbol de Talleres.

Gladiadoras del Pozanjón

Aún quedan fotos de partidos amistosos contra Newells Old Boys de Rosario con aplastante victoria ballesterense. Y luego, la entrada al campeonato provincial en el ´68 y memorables goleadas a equipos de Córdoba y Oliva, hasta la tan ansiada final contra Belgrano un 25 de noviembre de hace 50 años en la Docta. 

Aquel partido, con un arbitraje vergonzoso, quedó finalmente para las cordobesas por 53 a 43. Y los 18 puntos de Hilda, la goleadora del match, no alcanzaron para la tan ansiada victoria. Pero  sobraron para enaltecer como nunca antes la figura de la mujer del interior del país. Porque a partir de aquella gesta, ya nadie pudo decirle a ninguna chica “andá a estudiar corte y confección” o “andá a lavar los platos”. No. Al menos en Ballesteros, era mucho mejor “ir a aprender básquet con la Hilda”, que fue lo que hicieron las chicas cuando en los años´80 Hilda se retiró como jugadora (tenía 45 años) y se consagró en cuerpo y alma a la enseñanza.

Jugadoras como Cristina Gallo y Edith Aghemo; Silvia Zuvich y Alicia Aquiles, “Nina” Rivero y Sandra Ferreyra (su hija), Susana Martínez y Marcela Bértola, pasaron por sus manos.

Sin embargo, acaso el mayor hito de Hilda fue haberse convertido en la primera cordobesa que jugó para la selección argentina. Fue para el campeonato Sudamericano de Asunción, Paraguay, en 1962. Y así lo contó la propia Hilda a este periodista en una nota hecha en el 2001 en su humilde vivienda del Barrio Obrero.

Cordobesa y de selección

“Después de jugar varios campeonatos para la Selección de Córdoba, me llegó una convocatoria para la Selección Argentina. Hasta ese entonces, una sola jugadora del interior había quedado. Eso me acobardó un poco y al principio no quise ir. Pensé que las porteñas serían unas agrandadas que lo único que querían era burlarse; que las chicas del interior fuéramos para gastar plata y rebotarnos después. Pero la presidenta de la Asociación Cordobesa, Blanca Aveldaño, me dijo: “Tenés que ir porque estoy segura que vos vas a quedar. Y yo te voy a acompañar”. Y eso hizo. Sacó los boletos y una vez allá, las chicas de Buenos Aires se portaron tan bien conmigo, que no lo podía creer. Y al final quedé... De las doce jugadoras que fuimos a Paraguay, solamente tres éramos del interior; una de Santa Fe, otra de Entre Ríos y yo, que fui la primera jugadora cordobesa. Me quedé 35 días entrenando en Buenos Aires y después fuimos al Sudamericano. Salimos cuartas, atrás de Brasil, Paraguay y Chile…”

-¿Y cómo era Hilda Moreno como jugadora?

Técnicamente, mi principal virtud era amagar y entrar en bandeja. También tenía buen tiro de media y larga distancia; pero creo que lo principal era mi tremendo amor propio. Yo jamás daba nada por perdido. Me acuerdo que una vez estábamos jugando en Oliva y perdíamos 16 a 0. Y cada vez que la sacábamos de abajo, Alicia Aquiles me decía “¡Ay, Hilda, ¿cuántos nos van a hacer hoy?” Y yo le dije: “No te hagás problemas, Alicia, vas a ver que lo vamos a ganar”. Y cuando terminó el partido y efectivamente lo ganamos, Alicia me decía emocionada: “¡No lo puedo creer, Hilda! ¡Yo creía que vos estabas loca”…

-¿Cómo recordás aquel equipo que llegó a la final contra Belgrano?

-Era un equipo extraordinario. Siempre digo que las chicas de Ballesteros fueron unas privilegiadas; porque sin ver básquet como yo, que me tocó jugar y vivir en Córdoba, estaban a la altura de cualquier equipo de la capital. Cuando llegué, me preguntaba cómo habrían aprendido… Siempre tuvieron una fuerza increíble… Y en el equipo la teníamos a Nelly Páez, que metía todo desde las puntas. Era como un Marcelo Farías en versión mujer. Y también estaba “Nellito” Bertrello, que era una jugadora inteligentísima. Ana Fistanic era una rebotera como pocas vi en Córdoba; y además tenía una garra impresionante. Abajo jugaban las hermanas Gómez, que eran refuerzo de San Vicente de Bell Ville para el Preparatorio… Y estaba yo, que tenía experiencia y me sabía todas las mañas de Córdoba (risas).

-¿Y cómo te acordás de esa final?

-¿Sabés cómo fue? Nosotras llegamos a Córdoba y el quipo se dividió en dos taxis. Yo me subí a uno con las suplentes y en el otro venía el resto de las titulares. Como nosotras llegamos primero y el partido empezaba enseguida, tuvimos que entrar las que estábamos. Y empezamos ganando igual. ¿Te imaginás cuando vinieron las titulares? Fue baile... Pero cuando los de Belgrano vieron que ya no podían ganarnos por derecha, los árbitros empezaron a cobrarles a favor. Cómo será que no sólo la hinchada de Ballesteros empezó a silbarlo, sino también mucha gente de Córdoba. En el segundo tiempo, un dirigente invadió la cancha y el partido se paró veinte minutos y nos enfriamos. Después lo perdimos”…

Doña Hilda, de Barrio Obrero

Mientras transcribo este viejo reportaje, vuelvo a escuchar la voz de Hilda que me habla con la tranquilidad de una señora de pueblo, despojada de toda adrenalina del pasado. Como si nunca hubiera sabido lo que es jugar bajo presión en un estadio repleto y defender la camiseta argentina. Y sin embargo ella había estado ahí. Ella, esa señora que vivía en un barrio humilde de Ballesteros.

Por eso es que cuando termino esta nota y mientras a Hilda la traen desde el geriátrico de Villa María a la sala velatoria del pueblo, copio lo que escribí el final de aquella entrevista. Dice así.

“La noche cae sobre las casitas blancas cerca de la ruta 9 y “doña Hilda”, como le dicen en el barrio- se apresta a cenar junto a Mario, su esposo. Más tarde mirará el partido de Atenas, único club del que se declara hincha incondicional. Quizás por no haber cobrado jamás un peso para jugar al básquet es que dio tanta entrega en cada partido; llevando al deporte femenino de Ballesteros a lo más alto de su historia. Ella, esa misma señora que por las tardes va a comprar el pan en la bicicleta de siempre, por las calles de tierra de mi pueblo”.

Hoy la pelota de básquet está de luto y también las chicas de Ballesteros. Las que te vieron jugar y las que no; y que acaso por eso mismo piensen que llegar tan alto es imposible. Para esas chicas queda tu leyenda, Hilda; esa que siempre les dirá lo mismo que aquel día le dijiste a Alicia Aquiles: “vas a ver que lo vamos a ganar”. 

Que así sea, Hilda querida. Gracias por tanto.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

 

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