El Banco Mundial destacó la obra del acueducto ganadero del sur cordobés
“El poder del agua: invertir en seguridad hídrica para fortalecer el sistema agroindustrial en Argentina”, fue la consigna
Un reciente artículo del Banco Mundial destacó dos obras de infraestructura hídrica para la producción en Argentina, una de Río Negro y otra de Córdoba, puntualmente el acueducto ganadero del sur provincial. Ambas financiadas por el propio Banco Mundial.
“Dos zonas agropecuarias clave de Argentina están logrando modernizar sistemas de irrigación estratégicos para fomentar el uso eficiente del agua. Invertir en agua para los alimentos es una forma de impulsar una agricultura resiliente, al mismo tiempo que se incrementan los rendimientos de cultivo de manera competitiva y global”, indicó el informe.
Luego detalló: en el sur de la provincia de Córdoba, un nuevo acueducto habilitó el acceso al agua confiable y permitió recuperar 50.000 hectáreas productivas, un paso crítico para consolidar la ganadería sustentable entre los pequeños y medianos productores de la región.
Por otro lado, en el valle de Río Negro, polo exportador de manzanas, peras y frutos secos, nuevas obras de riego permitieron la ampliación de la producción a 4.000 hectáreas.
“Estas inversiones se realizaron como parte del Programa de Gestión Integral de los Riesgos en el Sistema Agroindustrial Rural (GIRSAR), que con apoyo del Grupo Banco Mundial busca gestionar los riesgos de la agroindustria rural en todo el país”, explicó el artículo.
Agua en acción
Según el informe, el desequilibrio en el uso del agua es uno de los mayores desafíos para la seguridad alimentaria global, pero también una de sus mayores oportunidades.
El nuevo informe del Grupo Banco Mundial (Nourish and Flourish: Water Solutions to Feed 10 Billion People on a Livable Planet), revela que el mundo no sufre necesariamente de una escasez de agua, sino de un desbalance agudo: mientras algunas regiones agotan sus acuíferos, otras poseen el recurso, pero requieren decisiones más inteligentes para aprovecharlo. El informe plantea una hoja de ruta audaz: “Si reequilibramos el uso del agua, no solo podremos alimentar a 10.000 millones de personas para 2050, sino que generaremos 245 millones de empleos en el proceso”, propone.
Concretamente, en el sur de Córdoba, el Acueducto Ganadero del Departamento Roque Sáenz Peña se consolidó como una infraestructura crítica para transformar la realidad productiva de miles de hectáreas entre Laboulaye y General Levalle, que sufrían un grave problema de salinidad.
Al garantizar el acceso a un agua de desague acondicionada, esta obra asegura la continuidad de la actividad ganadera de una manera más previsible, permitiendo a 128 productores mejorar la eficiencia de su ganado, reducir la mortandad y hasta duplicar la carga de cabezas por hectárea. En esa zona había aproximadamente 21 mil cabezas de ganado y la cifra podría llevarse al menos a 40 mil. Asimismo, se reducen los riesgos relacionados con la variabilidad climática.
La obra comenzó a mediados de 2022 y fue inaugurado con un acto realizado en la localidad de Riobamba a mediados de 2024. La obra demandó una inversión cercana a los 10 millones de dólares, alcanzando unas 50.000 hectáreas.
El Acueducto Ganadero beneficia en su mayoría a productores familiares, quienes enfrentaban importantes restricciones de desarrollo debido a la ausencia de agua de calidad para el ganado; significando un limitante productivo.
A partir de esta obra fue posible duplicar la carga animal e incrementar la eficiencia metabólica, disminuir la mortandad del ganado y fomentar el arraigo de los jóvenes en el interior productivo; convirtiendo hectáreas que prácticamente estaban abandonadas o subutilizadas, en productivas.
La nueva infraestructura vino a dar respuesta a una histórica demanda del sector ganadero de las localidades de La Providencia, La Ramada y Santa Ana.
Los trabajos incluyeron 100 kilómetros de cañería. La obra se realizó entre Laboulaye y General Levalle, con la toma de agua en el ingreso a Riobamba, sobre el canal Levalle o Santa Catalina.
La relevancia de esa infraestructura la expresaron los propios productores de la zona cuando reiteraron que desde hace dos generaciones que se venían planteando la necesidad de poner en marcha la obra para potenciar la región que carecía de agua dulce y era dominada por una fuerte presencia de sal que en muchas partes se hace visible en la superficie.
Sin embargo, el déficit productivo de la zona venía dado porque el agua que se extraía de la napa contaba con hasta 17 gramos de sal por litro lo que la hacía imposible de tomar por parte de los animales, que en ocasiones llegaban a morir por no consumirla. Ese cuadro de situación se agravaba en épocas de sequía.
En detalle
Lo cierto es que el caño tiene su punto de partida en el canal Levalle, que se complementa en un predio de 25 hectáreas con piletas de sedimentación y almacenamiento en un tanque elevado para su posterior distribución a través de una red de acueductos con tres ramales para uso ganadero a lo largo de 100 kilómetros.
El desarrollo de las obras se realizó sobre las propiedades de los frentistas y paralelo a caminos vecinales.
Los beneficiarios directos del proyecto son 128 productores frentistas a la traza del acueducto, de los cuales el 89% son productores familiares. La gran mayoría, entre pequeños y medianos.
El proyecto, que fue desarrollado por la Unidad Ejecutora Provincial del Programa dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería, apoyado por la (Diprose) y aprobado finalmente para su financiamiento por el Banco Mundial, delimita la zona de influencia de agua servida con la que se calculó el área de influencia corresponde a 59.000 hectáreas.
Las cuentas catastrales frentistas beneficiarias ascienden a una superficie de 46.000 hectáreas, con un promedio de 382 hectáreas por establecimiento.
En cuanto a las unidades ganaderas, en la zona se contabilizó un número de 21.800 cabezas. Es decir, cada unidad productiva posee en promedio unos 232 vacunos.
La carga animal que se manejaba en la zona estaba en el orden de las 0,4 a 0,5 cabezas por hectárea.
Como objetivo secundario, la intención también fue frenar el cambio del uso de la tierra por el avance de la agricultura